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La revista que edita la Asociación Sancho Ramírez llega a su número 50 y lo celebra con una edición especial de más de 170 páginas

Cabecera y fotografía del número 50 de la revista La Estela, imagen que hace referencia a los gancheros y navatas que descendieron las aguas del río Aragón.

Los jacetanos, y las personas sensibles con la cultura en todas sus manifestaciones, estamos de enhorabuena con la publicación del número 50 de la revista La Estela, que edita la Asociación Sancho Ramírez desde 1999. Son cerca de cincuenta artículos –172 páginas–, de colaboradores y firmas habituales de la revista, a los que se han sumado otros invitados para esta ocasión tan especial.

No es fácil, y cuesta mucho tiempo, trabajo y dedicación, editar una revista de las condiciones de La Estela, y más con la calidad, rigurosidad e interés que siempre han caracterizado al equipo redactor, actualmente encabezado por Sara Fanlo, que ha estado vinculada a la publicación desde el primer número. Ella es, precisamente, la protagonista de la entrevista de contraportada que publicamos esta semana en El Pirineo Aragonés y también en la sección Muy Personal de la edición digital (www.elpirineoaragones.com).

La historia de la revista está perfectamente explicada en el prólogo de dos páginas que se incluye en este número 50, un ejemplar que mira hacia el pasado, rememorando el camino recorrido en estos últimos 24 años, a razón de dos publicaciones anuales, pero que también afronta el futuro con las ganas e ilusiones intactas.

La Asociación Sancho Ramírez destaca en múltiples y diversas facetas, que le han hecho crecer y ganarse un merecido prestigio, un logro en el que La Estela ha jugado un papel fundamental, ya que ha sabido conjugar los temas candentes y aparentemente más vistosos con otros más menudos que, con independencia de su carácter secundario, no dejan de ser menos importantes. En todos los casos lo ha hecho con tacto y delicadeza, pero sin eludir aquellos contenidos que pudieran resultar peliagudos y controvertidos, demostrando, al mismo tiempo, que la cultura nunca es homogénea, sino que forma parte de un universo plural, rico y variado, donde cabe lo grande y lo pequeño.

Casi todo, por no decir todo, es cultura, y así hay que entenderlo, a la vez que nuestro deber como socios, ciudadanos y dirigentes institucionales es continuar apoyando a este tipo de publicaciones que nos ayudan a comprender mejor nuestro presente y nuestro legado local: el contexto del que procedemos y el que habitamos y forjamos día a día con nuestros actos y decisiones.

Por eso, creo que cada uno de nosotros debe intentar cultivar la parte poética de la vida porque eso es realmente vivir. Lo otro es supervivencia”, como dice acertadamente el filólogo francés Edgar Morin. Por esta razón, y por muchas más, La Estela tiene que ser para nosotros esa parte poética que nos ayude a sobrevivir, a socializar y crecer como comunidad y a disfrutar de la vida.

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