«Aunque todavía estamos en las primeras etapas de esta gran revolución médica, es evidente que su impacto en los próximos años será de una gran magnitud, y aunque existen desafíos como la privacidad o la seguridad de los datos, el potencial para brindar una atención médica más precisa, eficiente y personalizada, es sencillamente inmenso»

Por ahora, el aspecto de los bots médicos no es el que solemos imaginar.
En un artículo anterior, veíamos cómo las aplicaciones que llevamos instaladas en nuestro teléfono monitorizan nuestros hábitos de vida y nuestra actividad física. Datos que generamos nosotros mismos a través de nuestra experiencia de usuario, y que tienen un gran valor, médico y económico.
La IA, como cualquier otra tecnología no es ni buena ni mala, somos las personas las que hacemos un uso correcto o incorrecto de la misma. Esa información médica que generamos a través de nuestra experiencia de usuario puede usarse para predecir patologías antes de que aparezcan, o para cancelar un seguro médico.
Uno de los sectores que más se está beneficiando de esta gran revolución tecnológica es el de la medicina, un campo donde la IA está demostrando un enorme potencial para cambiar radicalmente la forma en que se brinda la atención sanitaria.
Con la ayuda de algoritmos, los profesionales de la salud pueden mejorar los resultados de los pacientes
Uno de los pilares de la medicina que está naciendo es el diagnóstico temprano de enfermedades, un campo donde la IA es muy buena. En el sistema tradicional, este proceso suele dilatarse en el tiempo, y además está sujeto a errores humanos, sin embargo, la IA es capaz de ofrecer diagnósticos mucho más precoces y precisos.
Además de ofrecer mejores diagnósticos, la IA, a través del análisis de datos genéticos, biológicos y clínicos, en lugar de prescribir la misma solución para todos los pacientes, puede ofrecer tratamientos completamente personalizados para cada uno de ellos. Junto a esto, la IA empieza a desarrollar un papel vital en la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos y tratamientos. También puede acelerar ensayos clínicos, y cómo no, reducir los costes de producción.
Del mismo modo, puede facilitar consultas virtuales más eficientes, permitiendo monitoreos remotos, lo que ha de reducir las visitas presenciales, algo que permite maximizar el tiempo de los profesionales, sin duda, lo más valioso que tiene cualquier organización, también la Seguridad Social, aunque no lo parezca.
Veamos un ejemplo. Imaginemos una persona con hipertensión. Lo habitual en la “medicina tradicional” es que esa persona se tome la tensión una vez al día, a la semana o incluso una vez al mes. Gracias a la IA, una pulsera puede tomar 10, 15 o 20 muestras diarias en distintos escenarios y situaciones, sin que esa persona tenga que desplazarse a un centro médico. Además de ofrecer un muestreo mucho más preciso, en el momento que haya una alteración avisará a nuestro médico, quien decidirá el siguiente paso a tomar.
Aunque todavía estamos en las primeras etapas de esta gran revolución médica, es evidente que su impacto en los próximos años será de una gran magnitud, y aunque existen desafíos como la privacidad o la seguridad de los datos, el potencial para brindar una atención médica más precisa, eficiente y personalizada, es sencillamente inmenso.
