«Muchas de las críticas que recibe la IA (inteligencia artificial) tienen que ver con la frustración que genera una mala experiencia por no saber usar una determinada aplicación»

El temor a que las máquinas puedan rebelarse contra los humanos no es posible con la tecnología actual.
En el artículo anterior, vimos que muchas de las críticas que recibe la IA (inteligencia artificial) tienen que ver con la frustración que genera una mala experiencia por no saber usar una determinada aplicación. Ese mismo desconocimiento provoca también miedo, algo que lleva a malas interpretaciones sobre la IA.
Percibimos a la IA como una entidad autónoma y consciente, capaz de tomar decisiones y acciones independientes. En realidad, hablamos de un conjunto de algoritmos y modelos matemáticos diseñados para procesar grandes cantidades de datos, los cuales, tras ser analizados, permiten a la IA tomar decisiones.
Uno de los miedos habituales es perder el empleo por la automatización de procesos. El miedo a que un trabajo sea reemplazado por una máquina más eficiente y rentable. Un miedo más que fundado, ya que es evidente que hay trabajos que van a desaparecer, pero como vimos en un artículo anterior, la IA va a suponer también la posibilidad de liberar tiempo para que esas personas puedan realizar otro tipo de tareas.
Otro miedo es la pérdida de privacidad. No es nuevo, ya ocurre con las redes, sin embargo, la combinación entre IA y Big Data, hace que la cantidad de datos que los algoritmos pueden recopilar, analizar y gestionar sea brutal. Mientras esto se quede en el ámbito comercial, por mi parte no hay problema, no deja de ser una manera de transformar la publicidad en información, pero… ¿qué pasa con los datos médicos? ¿Qué pasa con los datos que genero con las APP que monitorizan mi ejercicio físico? ¿Qué valor tienen esos datos para una aseguradora?
Por otro lado, el miedo a que la IA incremente la brecha digital es algo que también genera inquietud. Precisamente uno de los retos de la digitalización es ofrecer productos y servicios cada vez más fáciles de usar.
Otro temor es la falta de ética y responsabilidad de los algoritmos, cuyas decisiones afectan a las personas, siendo en ocasiones, injustas con las mismas. Un temor que enlaza con el miedo a que la IA se rebele contra los humanos, algo imposible hoy en día.
Es importante tener en cuenta que la IA está creada y programada por humanos, por lo que sus capacidades y límites son determinados por las decisiones y habilidades de sus creadores.
Personalmente, lo que más me inquieta es la pérdida de humanidad. Que las interacciones humanas se vean alteradas debido a la dependencia de la IA, lo que puede llevar a una desconexión emocional entre las personas. El riesgo de que los niños tengan más amigos de IA que humanos es real, tal y como ha reconocido Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI.
De la misma manera que las redes sociales ofrecen contenido adecuado a nuestros gustos para mantener nuestra atención, la IA puede realizar preguntas, mantener conversaciones o proponer propuestas que capten y mantengan el interés del usuario.
Desde luego, el vínculo generado puede ser mucho más placentero y adictivo que el que podamos experimentar con muchas de las personas que nos rodean.