Desde 2019, las calles del casco histórico de Jaca se han mantenido en completo silencio en la madrugada de Jueves Santo; un vacío total, provocado por la ausencia del sonido de bombos y tambores, que se ha dejado sentir sobre todo durante los dos años de pandemia. En la última Semana Santa, se recuperaron prácticamente la totalidad de los actos procesionales, salvo la Rompida de la Hora, medida que se adoptó por prevención, ante los contagios que aún se estaban produciendo.
Este Miércoles Santo se ha recuperado una tradición que, si bien en Jaca es reciente, hunde sus raíces en la Rompida de la Hora del Bajo Aragón que se celebra en Jueves Santo, salvo en Calanda, cuyo toque inicial se hace coincidir con el mediodía de viernes. Las bandas de las cofradías y hermandades se reúnen en torno a una gran plaza, en este caso la de San Pedro, para acompasar al unísono un toque que conmemora el fallecimiento de Jesucristo. Se rompe la hora para recordar el estruendo que se escuchó en la Tierra tras la muerte del Mesías.
La Rompida de la Hora tiene un significado especial para los cofrades que durante meses han estado ensayando y preparando la Semana Santa. Es el momento de liberar toda la carga emocional que sienten al tocar el bombo y el tambor, de expresar su genio y talento, o mostrar su afición a través de los redobles y repiques que van encadenando sin apenas descanso. El toque del bombo y del tambor es a la vez un arte individual y colectivo, donde el ritmo tiene que ser acompasado, tanto cuando el toque es suave o, por el contrario, enérgico y estruendoso.
Jaca ha retomado la Rompida de la Hora en una noche algo fresca, pero en la que se ha podido disfrutar de esa atmósfera tan especial que se crea al escuchar a las bandas. Como decía el pasado viernes José Ramón Salvador, uno de los tres pregoneros de la banda de bombos y tambores de la Hermandad de la Soledad de Nuestra Señora, “hay que meterse dentro de esta celebración, coger el tambor y sumarse a cualquier cofradía; es la mejor forma de entender la Semana Santa”. Pero si no se está dispuesto a dar este paso, siempre quedará “el placer de contemplar desde fuera un momento único y unos sonidos tan penetrantes como inolvidables”, aseguraba.
Y eso es lo que hemos hecho una gran mayoría durante esta noche de rompida, ir de una plaza a otra para escuchar los toques de las bandas y embriagarnos de nocturnidad y toques de bombo y tambor.
Cada banda ha completado su itinerario habitual, partiendo de la plaza Marqués de Lacadena, la calle Echegaray-plaza de la Catedral, el Pasaje Unión Jaquesa y la calle Mayor (junto a la casa consistorial), para confluir todos juntos, poco antes de las doce en la plaza San Pedro, a la espera de la señal lanzada por José Ramón Salvador y Nacho de Marcos para romper la hora.
Última cena y oración en el huerto de los Olivos
A la Rompida de la Hora le ha precedido la procesión de las cofradías de la Santa Cena y la Hermandad de la Oración de Jesús en el Huerto, que ha partido de la iglesia de Santiago para continuar por las calles del Coso, Ramiro I, Carmen y Obispo, y finalizar en la catedral.
Los dos pasos que procesionan son obra del maestro imaginero valenciano Modesto Quilis Cortell (Penáguila, Alicante, 1870 – Valencia, 4 de febrero de 1928), cuyos descendientes se encuentran en Jaca visitando la Semana Santa, donde este viernes, a las 12:00 horas, recibirán un detalle de la Junta de Cofradías como recuerdo de su estancia en la localidad, y por el interés mostrado en conocer la obra de su abuelo, de cuyo taller salieron también los pasos de La Burreta, El Descendimiento y La Verónica.
El paso de La última cena, como relataba María Luisa Cajal en un artículo publicado en El Pirineo Aragonés coincidiendo con la Semana Santa de 2021, “llegó a Jaca en 1909, regalado por doña Teodora Pozo Ferrández y sus hijos Carmen Diz Pozo y Olegario Ferrer Pérez”. Va en una plataforma sobre ruedas, que puede guiarse en las vías estrechas, siendo realizada la peana por el artesano jaqués Ángel Catalinete.
En 2015 fue restaurado por Inmaculada Piedrafita, recobrando la prestancia que el momento representado merece, “una hermosa labor”, como la definía Cajal en su artículo, en el que, en la parte final, narraba una curiosa anécdota que contaba Luis Catalinete, hijo de Ángel. “Ambos, padre e hijo, fueron a la estación de ferrocarril a recoger las figuras, y se encontraron con la sorpresa de que estas no venían en el vagón de carga, sino en el de pasajeros. Los apóstoles iban de pie y Jesús sentado. El escultor los había enviado desde Valencia pagando el billete de cada figura”, relataba.



En las fotografías superiores, La Cofradía de la Santa Cena, esperando al comienzo de la procesión. ANA LÓPEZ ARTILLO. Abajo, el paso de La Última Cena a su paso por la calle del Carmen. EL PIRINEO ARAGONÉS
Junto a la Cofradía de la Santa Cena, la Hermandad de la Oración de Jesús en el Huerto, ha procesionado con el paso que recrea el momento en el que Jesucristo se encuentra arrodillado, orando y recibiendo el consuelo de un ángel. Le acompañan dormidos los apóstoles Pedro, Juan y Santiago, apostados bajo una olivera en la que está sujeto un cáliz, como figura representativa de la Pasión.


El paso de Jesús Orando en el Huerto de los Olivos con Oroel al fondo. ANA LÓPEZ ARTILLO. Abajo, durante la procesión. EL PIRINEO ARAGONÉS
Vía Crucis, las catorce paradas que relatan la Pasión de Jesús
Las procesiones previas al Viernes Santo se completarán este jueves por la noche con el Vía Crucis, que organiza la Cofradía de la Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo, portando los pasos de Jesús atado a la columna y La coronación de espinas. Una curiosidad de esta procesión es que los hermanos que conforman las filas van cubiertos con capirote, mientras que los que tocan en la banda llevan tercerol, una cubierta de tela en forma de rizo, típica de las bandas de la Semana Santa del Bajo Aragón. Este hecho no es casual, ni responde a una cuestión estética, sino que es funcional, para que el mazo del bombo no impacte con la caperuza al realizar el movimiento ascendente previo al golpeo.
El Vía Crucis va avanzando por las catorce estaciones, que se corresponden a otras tantas escenas del camino que recorrió Jesús hasta el monte Calvario desde que es condenado a muerte (primera estación) hasta que es colocado en el sepulcro (decimocuarta). Cada uno de estos episodios está marcado con una tablilla de madera que figura en los puntos de lectura de los pasajes, en las calles Ferrenal, Ramón y Cajal, Zocotín y Bellido, la plaza de la Catedral y las calles Obispo, Carmen, Ramiro I y Coso, donde finaliza la procesión, completando de esta forma un recorrido circular con salida y llegada en la iglesia de Santiago.

