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“La complejidad de la libertad, al suponer admisión y traspaso de límites, ha hecho que, a lo largo de la historia, haya sido alabada y denigrada a la vez”

Entendemos la libertad como nuestro uso del tiempo de ocio sin límites, y la identificamos con el neoliberalismo ignorando las estrategias de control que utiliza dicho sistema. STOCKSNAP PIXABAY

El artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) reconoció en 1948 que “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Pero hoy, cuando hablamos de libertad, utilizamos este término con distintos significados y, si no somos cuidadosos, podemos confundirnos. Entendemos la libertad como nuestro uso del tiempo de ocio (cerveza en terraza, experiencia en un espá, conciertos al aire libre…) sin límites, y la identificamos con el neoliberalismoignorando las estrategias de control que utiliza dicho sistema. Aunque sean comprensibles, conviene revisar las acepciones que damos comúnmente a este término.

En lo que se refiere a los límites, todos sabemos que la libertad de cada individuo o de cada pequeño grupo es un asunto social que siempre tiene que ver con la del resto y que, por lo tanto, debe tener limitaciones. No se trata de satisfacer todos los deseos de cada uno, ya que la sociedad debe preservar, por encima de las individuales, las libertades fundamentales para todos los ciudadanos y esto implica que, cuando hay desigualdades, ha de intentar que los derechos básicos que algunos exigimos disfrutar puedan ser conseguidos por todos.

Desde pequeños, el proceso de socialización conlleva la aceptación de ciertas normas: debemos estar sentados, callar, cantar o hablar cuando se nos pide, no cuando nos apetece. Pero estas barreras son las que, a la vez que limitan nuestra libertad, la hacen posible en tanto que podemos traspasarlas y contribuir así a la conformación de nuestro grupo. Normalmente nos cuesta reconocer que nuestra personalidad empieza a configurarse a la vez que afronta límites. No hay que olvidar que necesitamos a otros con los que contrastar nuestras opciones y en quienes apoyarnos o servir de apoyo, para llevarlas a cabo.

La complejidad de la libertad, al suponer admisión y traspaso de límites, ha hecho que, a lo largo de la historia, haya sido alabada y denigrada a la vez. Muchos sabios, artistas o religiosos nos la han presentado como algo sublime, tan magnífica que podían declararla preferible a la vida. Pero nuestros mitos fundacionales se encargaron, por otro lado, de mostrarnos sus graves peligros. Desde Pandora, en la cultura griega, Eva en la judía o Rosa Parks y muchos otros en la más reciente, es el ejercicio de la libertad el que rompe la armonía del ser humano con la naturaleza o con las leyes socialmente impuestas. Sin embargo, es esa relativa ruptura la que, justamente, nos hace humanos, aunque pueda ser considerada, por algunos, pecado o merecedora de condena.

Estos límites afectan también al derecho a la libertad de opinión y expresión (recogidos en el artículo 19 de la DUDH) que ha de ser compatible con otras libertades. Es necesario, por tanto, verificar la información que se difunde y evitar su tergiversación porque esa adulteración constituye uno de los principales peligros que acechan a nuestra democracia.

Por otra parte, las nuevas tecnologías han aumentado hoy nuestra ya antigua dificultad para distinguir el pensamiento y la acción libre de los mismos cuando son determinados por otros. Los mensajes subliminales manejan nuestras emociones de tal modo que frecuentemente estamos obedeciendo sumisamente mientras creemos pensar y actuar como rebeldes. Pero el problema no está tanto en este hecho, sino en el modo en que nosotros vivimos esa experiencia, puesto que, en lugar de intentar contrastar la información que recibimos (casi siempre sesgada y conforme a nuestros criterios previos), nos sentimos reconfortados por ella y de ningún modo, a no ser que la vida nos dé algún varapalo, aceptamos ponerla en cuestión.

No es ficción el hecho de que constantemente surgen nuevos proyectos de inteligencia artificial cuyo objetivo es descifrar cómo funciona el cerebro, cómo se conforman los pensamientos y emociones, y cómo se formalizan en la expresión oral y escrita con la intención de controlarnos sin que ni siquiera sepamos quien está detrás.

Constatamos que no es fácil ejercer la libertad, y saber qué queremos hacer con ella es aún más difícil, pero, a fin de no afrontar los riesgos de satisfacer los propósitos de otros, quizás deberíamos empezar a poner en cuestión lo que cada uno creemos saber y querer.

Firmado: COLECTIVO PENSAMOS
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