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“Las redes sociales han significado una nueva transformación de las Fake News. Están mejor que nunca, porque las redes las han democratizado”

La atomización de la comunicación ha democratizado las Fake News.

La desinformación es algo que ha existido a lo largo de toda nuestra existencia, sin embargo, las Fake Newscomo las conocemos hoy son un invento anglosajón. Concretamente fueron puritanos ingleses y holandeses quienes las inventaron en el siglo XVI para atacar a las muy católicas monarquías hispánicas. Contaron con la imprenta como gran aliada.

A finales del siglo XIX, las Fake News experimentaron su primera gran revolución. Fue cuando los magnates William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, dueños de los dos diarios más influyentes de Nueva York, entraron en una guerra de egos que desembocó en la invención de un nuevo género periodístico: la prensa amarillista. Un nuevo formato centrado en la difamación y caracterizado por el más absoluto desprecio hacia la ética periodística.

El hecho de que el premio periodístico más prestigioso del mundo lleve el nombre de semejante filibustero, es muy significativo a la hora de entender la relación entre la prensa y la propia sociedad estadounidense.

La creación a gran escala de todo tipo de Fake News, fue esencial para que la industria periodística estadounidense convenciera por primera vez a sus conciudadanos, de que tenían la misión de liberar a un pueblo oprimido.

Concretamente debían salvar al pueblo cubano de la tiranía española, como no podía ser de otra forma, en nombre de la democracia. El resultado es de sobra conocido para nosotros, el desastre del 98 y la consecuente depresión nacional.

La aparición de las redes sociales ha significado una nueva transformación de las Fake News. Están mejor que nunca, porque las redes las han democratizado.

Cualquiera puede crear un blog o grabar un vídeo y decir lo que quiera. Después podrá distribuir ese contenido en redes. Si además cuenta con los medios y conocimientos necesarios, lo hará llegar a la audiencia adecuada.

Sin las Fake News no podríamos entender el ascenso de infinidad de grupos, algunos con los más bizarros planteamientos, pero que sin embargo han alcanzado cotas de poder inimaginables. Desde antivacunas a terraplanistas.

Muchas veces bajo el amparo de una causa justa extienden sus doctrinas entre su comunidad. Su superioridad moral les hace adoptar posturas maximalistas, donde cualquier cosa que no sea lo que ellos piensan, no sirve para nada. En realidad, son contrarios al progreso, porque el progreso se basa en la negociación, y dada su superioridad moral, son contrarios a la misma.

Gracias a la democratización de las Fake News, desde sus publicaciones se apropian de conceptos, tergiversan la historia o cuestionan datos científicos. De esta manera hemos llegado a la era de la Post Verdad, donde nadie sabe que es real y que es inventado. Todo se cuestiona y todo se pone en duda.

Mientras, desde sus redes moralizan a la masa de fundamentalistas que no dudará en atacar cualquier resquicio de disidencia con la corrección política imperante en la comunidad.

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