
Resulta un poco contradictorio que una exposición en la que los colores y los fuertes contrastes constituyen la esencia expresiva y el hilo argumental del artista pueda titularse Sombras lejanas, una llamada que en el caso de Antonio Escusol (La Almunia de Doña Godina, 1966) no está tan conectada con lo visual, con lo que se percibe a simple vista, sino con lo que el pintor siente en su interior.
Escusol se define como un creador reflexivo y metódico, a la vez que intuitivo e imaginativo, características que en apariencia resultan opuestas e incluso antagónicas, pero que mezclan bien en el universo estético del artista. “Mis obras son producto de un proceso reflexivo, pienso mucho antes de hacer un cuadro, pero luego me dejo llevar por la intuición”, explica el creador almuniense, estrechamente influenciado por la pintura rupestre.