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«Al tratar de defendernos violentamente de quienes creemos que nos agreden, nos convertimos en sus enemigos e iniciamos un círculo de violencia del cual será difícil salir»

Guerra de Ucrania. DEPOSITPHOTOS

No es fácil vivir sin enemigos porque tanto las personas como los grupos son diferentes y los conflictos son inevitables. La cuestión que aquí nos planteamos es cómo defender nuestros criterios y oponernos a nuestros adversarios sin convertirlos en enemigos a los que eliminar.

En las relaciones internacionales, los enemigos proporcionan unas cuantas ventajas. Los internos se diluyen frente a uno exterior. Contra quien no se porta bien es justo defenderse (guerra justa) y ello genera puestos de trabajo. Los enemigos suscitan la solidaridad entre los pueblos y, consecuentemente, se incrementa la venta de armas y, con las mismas, se puede establecer un escudo pacífico.

En las tareas de defensa se desarrollan actitudes como el coraje, la disciplina y el apoyo mutuo y se activan políticas de disuasión. Además, aunque la guerra sea, en principio, mala, puede resultar, en ocasiones, un mal menor. Por otro lado, como los dictadores nunca aceptan las protestas pacíficas, la violencia es el único modo de librarse de ellos. Algunos defienden, finalmente, que un Estado que renunciara a su defensa podría ser destruido por otro que no lo hiciera.

Todos estos argumentos se consideran de sentido común. El mismo que se manifiesta cuando le decimos a un niño que se haga respetar y se defienda de sus posibles agresores. La justificación de la violencia es antigua (duelos de honor, patricios sobre esclavos, varones sobre mujeres, adultos sobre menores, etcétera) y hoy es muy amplio el número de personas cuyo sentido común rechaza las violencias del pasado, pero no discute las del presente, porque, dicen, se ejercen solo para defenderse.

En nuestra sociedad hay enemigos de muchos tipos. Frente a ellos se originan guerras económicas, tecnológicas, políticas, culturales y armadas. El objetivo en todos los casos es eliminarlos como medio para defender la propia identidad, sea esta individual o colectiva.

Sobre estos argumentos se puede decir que:

  1. Tienen algo de verdad, pero también muchos inconvenientes y el más importante es que, en las guerras, mueren amigos y enemigos que, a pesar de sus diversas identidades, también son personas.
  2. Debemos reconocer, asimismo, que las armas nucleares podrían destruir la humanidad y no podemos olvidar que el riesgo de esta amenaza es, ahora mismo, alto.
  3. En un enfrentamiento bélico surgen impulsos de odio, violencia y crueldad que hacen sufrir no tanto a quien lo declara como a los inocentes que lo sufren.
  4. Las grandes cantidades de dinero que se destinan a la defensa no se invierten en mejorar los servicios públicos.
  5. Las batallas nunca resuelven los conflictos. Acaban, tras muchos muertos y países destruidos, sentándose a hablar y con la firma de un tratado impuesto.
  6. Aquellos que respaldan la guerra defensiva no se dan cuenta de que no es lo mismo ‘comprender’ a quien ejerce violencia que ‘justificar’ la misma.
  7. El primer paso para prevenir la violencia implica fomentar vías pacíficas que lleven a pensar por uno mismo y a escuchar no solo a quienes tienen las mismas ideas que nosotros sino también a quienes discrepan.

Podemos, por tanto, concluir que el sentido común mencionado no es sino ideología y su error estriba en creer que el único modo de resolver algunos antagonismos es la violencia. Sin embargo, aun siendo inevitables los conflictos entre distintos adversarios, entendemos que deberíamos afrontarlos de un modo pacífico y valiente.

De hecho, al tratar de defendernos violentamente de quienes creemos que nos agreden, nos convertimos en sus enemigos e iniciamos un círculo de violencia del cual será difícil salir. Probablemente, la escucha y comprensiones mutuas, más allá de los prejuicios, nos permitirían entablar un diálogo sincero para resolver nuestras disputas.

Reconociendo que tanto la Paz como la Justicia son importantes y que ambas se exigen mutuamente, consideramos imprescindible desarrollar una cultura que permita resolver los antagonismos para evitarconvertir a los adversarios en enemigos. A nuestro entender, cada uno de nosotros puede y debe contribuir a ese cambio en el sentido común de nuestra cultura a fin de lograr organismos internacionales que medien de manera eficaz en las disputas.

Firmado: COLECTIVO PENSAMOS
pensamos6@gmail.com
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