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«Aquí, en esta ciudad, al contemplar el firmamento nocturno resulta imposible no abstraerse y reflexionar sobre la existencia del ser humano»

Cielo nocturno en la Peña Oroel surcado por una estrella fugaz, en 2016. MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

Jaca es una ciudad que se encuentra en el Pirineo aragonés. Curiosamente se caracteriza por su luminosidad, ya que debido a su configuración geográfica es una de las ciudades de España en la que más luce el sol a lo largo del año.

Resulta difícil, no imposible, que haya un día que no se vea este astro. Además, goza de una climatología excelente y se ve, se siente el tránsito de las estaciones, cada una con sus características. Cierto es que el invierno es duro y crudo, y en esta estación del año su entorno está impregnado de ese olor agradable a humo que arrojan las chimeneas de los hogares. Este año, a causa de las restricciones, seguramente lo notaremos mucho más.

El azul del cielo es rutilante, intenso. Es como una piedra preciosa engarzada al vacío, que se pierde en la lejanía, de norte a sur y de este a oeste.

A veces, desfilan nubes con formas variopintas y puedes jugar con ellas, dar rienda suelta a la imaginación, hay arco iris, nieblas en contadas ocasiones y se producen muchos efectos ópticos. Pero el firmamento nocturno resulta celestial. Está más saturado que el terrenal, cuajado de estrellas, miles, millones, las puedes tocar con la mano, te llegan como auténticas chorradas que caen en cascada y te envuelven. Entiendo que Fray Luis de León escribiese: “Cuando contemplo el cielo/ de innumerables luces adornado/ y miro hacia el suelo/ de noche rodeado/ en sueño y en olvido sepultado/…

Aquí, en esta ciudad, al contemplar el firmamento nocturno resulta imposible no abstraerse y reflexionar sobre la existencia del ser humano, envuelta en sus problemas, en buenas y malas obras. Muchas veces no pensamos de dónde venimos, dónde estamos. Nos miramos el ombligo, sin ir más allá. Este firmamento jacetano es terapéutico, experimentas admiración ante una creación tan asombrosa. Dejas volar la mente ante semejante inmensidad de una noche despejada. Somos granos de arena en el desierto y nuestro paso por la vida es fugaz, microscópico. Me siento minúsculo y esta sensación hace que, a veces, me sienta grande por dentro, también más humilde, me siento mariposa, pero no olvido que he sido gusano.

Lucio Anneo Séneca decía: “Si solo existiese un lugar para contemplar el firmamento, la gente peregrinaría a ese lugar”. Nos mandaría a Jaca.

Firmado: MARIANO AGUAS JÁUREGUI
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