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“En el origen de esta falta de respeto por lo público puede rastrearse un problema cultural que viene de lejos y tiene profundas raíces históricas de carácter político y social”

MONICA ROBAK

“Cuida el tren como si fuera tuyo, porque es tuyo” fue el lema de una campaña de Renfe hace unos años y nos parece que sintetiza lo que hoy queremos expresar: la necesidad de respetar los bienes comunes.

Reconocemos que somos resultado de una cultura muy individualista y hedonista, pero, aun así, nos damos cuenta de que no podemos vivir aislados, porque somos ecodependientes e interdependientes. No solo necesitamos bienes privados (casa, alimentos, coche, móvil, etcétera) que tenemos que cuidar para poder disfrutarlos individualmente o en muy pequeños grupos. También precisamos recursos comunes, ya sean naturales (suelo, aire, agua, etcétera) o artificiales (alumbrado público, carreteras, parques, hospitales, escuelas) que, asimismo, es preciso producir y/o cuidar para sobrevivir nosotros y nuestros descendientes.

Constatamos, como ya indicamos en nuestro artículo del 3 de diciembre de 2021, que nuestro planeta se deteriora y agota y que es preciso cambiar nuestros hábitos a fin de preservar la Tierra. Otro tanto sucede con los bienes públicos, que pueden ser compartidos por la comunidad, sin exclusiones, y de cuya producción y mantenimiento se ocupa la Administración en la búsqueda del bien común. El hecho de que la propiedad de ese patrimonio sea compartida no debe limitar nuestra responsabilidad personal respecto a su conservación. Si los estropeamos, su arreglo se pagará con el dinero público y, en consecuencia, quedará menos para otras necesidades.

Cuántas veces nos sentimos mal al ver paredes pintadas, farolas rotas, montones de pañuelos de papel por las sendas, vegetales maltratados y excrementos de perros por las aceras y caminos. Todos sabemos que estos deterioros son consecuencia de comportamientos indeseables, pero, a pesar de ello, no modificamos nuestros hábitos. ¿Por qué tratamos tan mal los bienes comunes? Quizás no acabamos de creernos que son de todos y para todos y que, por tanto, somos responsables de su cuidado.

En el origen de esta falta de respeto por lo público puede rastrearse un problema cultural que viene de lejos y tiene profundas raíces históricas de carácter político y social. Los países más avanzados de Europa, los que antes alcanzaron la democracia, los derechos civiles, la libertad de expresión y el estado del bienestar son los que tienen mayor cuidado de los bienes públicos (basta darse un paseo por un parque francés para comprobarlo). Esas sociedades muestran, en general, una mayor conciencia de lo público, porque entienden que la convivencia se articula en buena medida en torno a unos bienes compartidos.

Con la reciente incorporación a la Unión Europea de los países del este, los que estuvieron en la órbita soviética durante la segunda mitad del siglo XX, hemos podido comprobar los déficits que en materia medioambiental y de cuidado de cuanto es común tienen esos Estados. Unas sociedades en las que estaba muy limitada la propiedad privada no se caracterizaron, sin embargo, por el respeto de lo público. Algo parecido ocurría en la España predemocrática, cuando el ciudadano tenía un acceso desigual a los bienes públicos. Recuérdese, por ejemplo, aquel celebrado chiste de El Perich: “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema… señor conde”. La sociedad española ha cambiado mucho desde que se popularizara esa viñeta que parafraseaba una campaña oficial del Gobierno franquista. Los montes, aunque algunos tengan titularidad privada, son vistos hoy como un bien de todos.

¿Qué podemos hacer? Los padres y los profesores hablan con frecuencia de solidaridad, respeto, tolerancia, empatía, etcétera. Pero todo esto no suele ir más allá de las palabras. No se logra el profundo cambio cultural que la sociedad precisa. Parece que solo respondemos cuando se aplican medidas coercitivas, mientras que lo que necesitamos de verdad son ejemplos. Es esencial que mostremos, en la calle, en el trabajo y en todas partes nuestro compromiso y que empecemos a respetarlo todo como si fuera nuestro, porque lo es.

Firmado:  COLECTIVO PENSAMOS (pensamos6@gmail.com)
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