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“Parece imprescindible que los municipios, la mancomunidad, la comarca y la provincia desarrollen con urgencia un plan de choque para mejorar la movilidad limpia dentro y fuera de los núcleos urbanos”

Autobús de la Mancomunidad del Alto Valle del Aragón que cubre la línea entre Jaca y la estación de Astún. ARCHIVO

Vivimos otra vez olas de calor sin precedentes en estas fechas. Desgraciadamente sabemos que el cambio climático hará cada vez más frecuente estos episodios extremos y que necesitamos urgentemente reducir nuestras emisiones de gases a efecto invernadero si queremos mantener un mundo habitable.

La descarbonización de nuestra economía y nuestra sociedad exige, entre otras acciones, fomentar el uso del transporte público, en lugar del coche privado, permitiendo también reducir nuestra dependencia a las energías fósiles, importadas de países conflictivos, así como mejorar la vertebración territorial y la inclusión social.

Podríamos pensar entonces que nuestras administraciones, locales, comarcales o regionales tienen esta agenda climática como máxima prioridad política, multiplicando los esfuerzos para reducir el consumo energético, fomentar las energías renovables o priorizar la movilidad compartida. Desgraciadamente, la realidad de los y las que vivimos en la Jacetania y su alrededor demuestra lo contrario. Algunos ejemplos, elegidos entre muchos, dejan en evidencia la falta de compromiso y de acciones en estos ámbitos, sin planes de mejoras a corto o medio plazo.

En el ámbito de la movilidad intra-comarcal, existe un único servicio regular de autobús en el valle de Aragón con 5 escasos viajes al día, para una población que alcanza más de 50.000 habitantes en invierno o verano. En los valles de Aísa y Borau, los residentes tienen que esperar los viernes para poder coger uno de los dos servicios semanales… Los otros valles o pueblos, sencillamente, no están conectados, sin que exista ningún proyecto para luchar contra esta exclusión social y territorial. En Jaca mismo, tener un autobús cada hora difícilmente puede responder a las necesidades de sus 13.000 residentes habituales y el triple en épocas turísticas.

En el ámbito de la movilidad transfronteriza, todos los esfuerzos parecen enfocarse a reivindicar la conexión ferroviaria entre Canfranc y Bedous. No obstante, este proyecto no se hará realidad antes de 10 o 15 años, en el mejor de los casos. La otra opción, que podría implementarse de un día para otro, sin ningún gasto adicional, sería asegurar la sincronización de los horarios entre el bus Jaca-Canfranc y su homólogo Canfranc-Bedous, que enlaza con el tren Bedous-Pau, y después Burdeos o París. Esta falta de coordinación entre las administraciones obliga a esperar hasta tres horas en Canfranc, lo que obviamente desincentiva el uso del transporte público y fomenta el coche privado, además de reducir la atractividad turística e inclusión socio-económica de los Valles pirenaicos.

En cuanto al transporte hacia Sabiñánigo, Huesca o Zaragoza, la poca frecuencia y el alto coste del autobús obliga a los usuarios a buscar sus propias alternativas vía aplicaciones privadas de viajes compartidos, solamente accesibles a las personas mayores con habilidades digitales, excluyendo de facto los ancianos o los jóvenes.

Teniendo en cuenta que el transporte representa más de 30% de las emisiones de CO2 en España, parece imprescindible que los municipios, la mancomunidad, la comarca y la provincia desarrollen con urgencia un plan de choque para mejorar la movilidad limpia dentro y fuera de los núcleos urbanos. Se trata de una emergencia climática, sanitaria, social y económica que exige el máximo compromiso y esfuerzo de los agentes públicos. Contamos con vosotros.

Firmado: JÉRÉMIE FOSSE
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