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Rebaño de ovejas pastando en el Pirineo. JORGE RUIZ DEL OLMO

Expoforga, la feria de la Comarca de la Jacetania, abre sus puertas de nuevo en el recinto ferial de Puente la Reina de Jaca, tras dos años de pandemia en los que ha sido necesario adaptar el certamen a las circunstancias marcadas por la crisis sanitaria. De nuevo, vuelven las actividades presenciales con la participación de 25 ganaderías y 65 expositores, una cifra menor que en otras ocasiones, así como el presupuesto, que ha pasado de los 110.000 euros de los años previos a 2020 a los 80.000 actuales, debido a los recortes que ha tenido que realizar la institución comarcal para hacer frente a necesidades en el ámbito social que están requiriendo una mayor atención. “Hemos intentando que el presupuesto no afectara a los aspectos básicos y a la calidad de la feria”, explica la directora del certamen, María Brun, que reconoce que la organización de este año “no ha sido fácil porque hay expositores que venían habitualmente y que se han jubilado o han tenido que reconvertirse [por la pandemia], pero contamos igualmente con un buen número de participantes, y con subastas ganaderas presenciales”. Además, las jornadas técnicas Los Jueves de Expoforga han abordado temas de gran actualidad que han suscitado el interés de los ganaderos y agricultores del territorio (soluciones para la despoblación, herramientas para la mejora en la gestión de los rebaños, el uso de drones en la ganadería extensiva y la agricultura de precisión), así como la VIII Semana Agraria de la Jacetania, organizada por UAGA-COAG, que ha hablado esta semana de transformación y resiliencia, de las técnicas de reconocimiento de ataques de grandes carnívoros y de los eco-regímenes y la digitalización del cuaderno de campo.

Vuelve la Exporoga de siempre, pero lo hace también en un contexto diferente al de hace tres años, con una crisis que afecta de lleno al sector ganadero por el incremento del coste de las materias primas, al que se añade una sequía pertinaz que supone también un gasto adicional para los productores. “El mercado está estancado”, señalan al unísono Joaquín Jiménez, vicepresidente y consejero comarcal de Ferias, y Daniel Lacasa, ganadero de vacuno y responsable comarcal de UAGA, que recuerdan que “no hay mucho movimiento debido a la incertidumbre en la que estamos”, por lo que los ganaderos “tienen miedo a comprar”.

“Los costes de producción se encuentran en máximos históricos, sobre todo, por el alto precio de los piensos”, relata Lacasa, que recuerda que “hace un año, 15.000 kilos de pienso costaban entre 4.400 y 4.500 euros, y ahora está en 7.800 euros”.

El problema de la sequía se traduce en una falta de pastos en los terrenos próximos a las explotaciones ganaderas, pero también en la alta montaña. Es un contratiempo que “nos está afectando a todos”, apunta Lacasa, y que está obligando a muchos ganaderos a suplir el pasto por pienso, en un contexto inflacionario de los costes.

“Ante esta situación, no sabemos qué puede ocurrir en las subastas de este año”, reconocen tanto él como Jiménez y Brun. El ganadero que no tiene una necesidad imperiosa de comprar, “posiblemente no acuda a la subasta”, señalan. Pero un caso distinto es el de los productores que quieran mejorar o reponer sus explotaciones. “Para ellos, una feria como Expoforga es siempre una oportunidad porque son animales selectos que están subvencionados y que pueden adquirirse a un precio menor que si tuvieran que hacerlo sin ayuda”, indican.

En las subastas nacional y autonómica que tendrán lugar el domingo, se pondrán a la venta 10 novillas de la raza Pirenaica y 9 terneras y un toro de Parda de Montaña, en vacuno, y 6 machos de la raza Ansotana y 30 machos y corderas de Churra Tensina, en ovino. Todos ellos son ejemplares selectos incluidos en planes de mejora genética.

Una fotografía de Arancha Anaya ilustra el cartel de Expoforga de este año. Es una imagen cargada de simbolismo en la que tres generaciones de pastores de Binacua: un tío, un sobrino y un sobrino nieto juntan sus manos en torno a un garrón, un palo cuya punta está rematada por el gancho que utilizan los pastores para prender a las ovejas. Con la peña Oroel como referencia, las arrugas de sus manos evidencian el paso del tiempo y el relevo del testigo en una actividad que tiene mucho de vocación y que afronta unos tiempos difíciles.

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