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“No sería descabellado afirmar que nos acercamos más a una partitocracia que a una auténtica democracia”

Urna electoral. ART-ROSE/PIXABAY

En las siguientes líneas se tratan dos asuntos: el primero una reflexión sobre el origen y significado de la palabra democracia, y el segundo sobre la representación política; cuestiones independientes, aunque ambas forman parte de nuestro actual sistema político, y que en mi opinión han contribuido, junto a ciertos comportamientos personales, a su degradación, de ahí el título, lógicamente usado en el segundo sentido que aparece en la D.R.A.E., es decir, deshonrar o degradar algo.

La democracia surge en Atenas en el siglo VI a.C., y viene de demos, pueblo, y kratos, gobierno o poder. Los atenienses la entendían a su modo, por eso sólo concedían el derecho a votar a los varones que hubieran terminado su entrenamiento militar y no tuviesen deudas con la ciudad; ni las mujeres ni los esclavos gozaban de ese derecho, es decir, se consideraba que sólo aquéllos que estaban dispuestos a morir en defensa de su ciudad-estado tenían derecho a decidir sobre los asuntos de gobierno. Más adelante, ya el siglo XVI, en la Europa de las monarquías vuelve a tomarse en consideración la opinión del demos, pero ahora ampliado ya que se consideraban tres estamentos en la sociedad: la nobleza, el clero y el pueblo llano, cada uno con su propia parcela de participación en los asuntos de Estado. Continúa la evolución del sistema y se extiende ese derecho, ahora mediante el voto censitario, concedido a todo hombre con formación acreditada o bienes suficientes, la mujer todavía no es aceptada. Nótese que todavía se considera necesario demostrar un cierto interés en los asuntos públicos, bien demostrando cierto grado de instrucción, bien demostrando tener patrimonio, de este modo se considera que habrá racionalidad en el acto de emitir el voto. Más adelante el derecho se hace universal, se extiende a todos los ciudadanos, hombres y mujeres mayores de edad, constituyendo quizá este requisito la última concesión a la racionalidad necesaria para discutir sobre los asuntos que afectan al Estado. Pero la evolución ha llegado más lejos, pues en la actualidad se concede el voto, incluso la participación en gobiernos, a elementos cuyo objetivo es la destrucción del sistema, y probablemente de la propia democracia, son los antisistema. Los habitantes de la Atenas clásica se estarán revolviendo en sus tumbas.

En todo caso, los europeos admitimos que democracia significa el gobierno de la mayoría, pero con ciertas cautelas para respetar a las minorías. El recurso más extendido es la proporcionalidad a tenor del resultado de la votación, transformando el resultado del escrutinio en número de diputados con arreglo a ciertas leyes, siendo la más usada la D’Hont. Esa proporcionalidad conduce en ocasiones a una gran fragmentación de las cámaras de representación, por eso algunos países, como la actual Grecia, otorgan un plus al ganador para facilitar la formación de gobiernos, otros, como España, dejan fuera a los partidos que no alcanzan el 3% de los votos emitidos en su circunscripción. Y siempre queda la posibilidad de que se recurra a los pactos de gobierno, aunque cuantos más partidos concurren en el pacto más difícil es la tarea del gobierno, pues hay que satisfacer a todos los socios, a veces con pretensiones contradictorias.

Veamos la situación actual en España:

Resultado de las elecciones generales de 2019

Partido PSOE PP Vox UP Cs ERC JxCat CUP PNV
% votos 28,3 21,0 15,2 13 6,9
Escaños 120 89 52 35 10 13* 8* 2* 2*

Los partidos en los que no hay datos de % obtuvieron peores cifras que los que si figuran en la tabla, por eso se han omitido. La participación fue del 66,23% del censo. Datos extraídos de El País.

Si nos fijamos en la tabla observamos que los partidos que forman el gobierno, PSOE y UP, obtuvieron el 41,3% de los votos, sumando entre ambos 155 escaños, lejos de los 176 necesarios para ser mayoría en el Congreso, de ahí su debilidad, lo que les obliga a recabar los apoyos de ERC (13), del PNV (2), de JxCat (2), de CUP (2), que suman 174, teniendo que recurrir a otro partido más, EH Bildu, con 5.

En la tabla muestro los porcentajes correspondientes a todo el territorio nacional, no los de cada circunscripción. A título comparativo, en todo el territorio Cs obtuvo un 6,9%, 1,6 millones de votos, mientras que el más votado en Cataluña obtuvo 0,7 millones de votantes, sin embargo, el primero se quedó en 10 escaños en el Congreso mientras que el segundo consiguió 13. A la simple vista del resultado de la tabla parece que tendría más sentido un gobierno formado por los dos partidos más votados, que sumarían el 49,3% y 209 escaños. Por ello afirmo que nos hallamos ante un gobierno de minorías, contra el espíritu generalmente admitido de que un gobierno surgido de la democracia representa a la mayoría.

El otro asunto anunciado es el de la representación. En España, como en el resto del mundo, sólo se reconoce el mandato representativo, en oposición al imperativo. Esto quiere decir que los elegidos como representantes políticos actúan según su propio criterio, no van a las cámaras de representación con una orden previa de sus representados, por eso se admite que los diputados son representantes del pueblo en su conjunto, de todos, y no sólo de los que los han elegido. Sin embargo, las listas electorales las confeccionan los partidos políticos, en consecuencia, éstos exigen a sus diputados obediencia en las votaciones del Congreso, con lo que se da la paradoja de que gozan formalmente de mandato representativo por lo que respecta a los ciudadanos, pero tienen mandato imperativo respecto al partido que los coloca en sus listas. De ahí que se afirme el gran poder del que gozan los partidos políticos en España, por lo que no sería descabellado afirmar que nos acercamos más a una partitocracia que a una auténtica democracia.

Conclusión. He expuesto dos aspectos de nuestra democracia que ponen en duda la idoneidad del modo con que se aplica, y que dejan indefenso al Estado ante los ataques de quienes quieren cambiar nuestro sistema.

Firmado: LUCIANO IBÁÑEZ DOBON
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