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Ambiente en la calle Mayor a la entrada del cortejo histórico. EL PIRINEO ARAGONÉS

Ha sido un Primer Viernes de Mayo, perfecto. “Impresionante”, ha asegurado Miguel Carasol, el conde Aznar, nada más finalizar el canto del himno ante la casa consistorial y fundirse en un abrazo con el presidente de la Hermandad y capitán de la escuadra de Artesanos, Carlos García.

Había muchas ganas de celebrar la Fiesta después de dos años de silenciosa travesía, sin los sonidos, colores y el olor a pólvora que siempre impregnan a esta jornada jaquesa. El buen tiempo ha acompañado con un amanecer nublado y fresco a primera hora de la mañana que, conforme han pasado las horas, se ha transformado en un día soleado, radiante, tanto en lo meteorológico como en lo emocional.

Escuadristas, autoridades y vecinos han compartido una jornada de euforia, cargada de sonrisas y alegría, con ganas de disfrutar y compartir el momento. Todo ello se ha dejado sentir en las calles, que han estado muy concurridas desde primera hora. El desfile de la mañana ha sido el mejor presagio de lo que estaba por venir. Tras las salvas en la calle del Coso, el lugar que antiguamente limitaba con las murallas de Jaca, y posteriormente en la residencia Santa Orosia, ha tenido lugar la romería a la ermita de Nuestra Señora de la Victoria, donde el ambiente ha sido también espléndido, con multitud de grupos de amigos y familias divirtiéndose y compartiendo el almuerzo del Primer Viernes de Mayo.

Durante la ceremonia religiosa, en agradecimiento de la victoria, el obispo de Jaca, Julián Ruiz, ha recordado ante las autoridades y asistentes, la ilusión con la que los vecinos han acogido la celebración de este año. “El pueblo de Jaca vibra en unión porque tiene ganas de fiesta”, ha señalado. “La victoria se consigue cuando se aúnan las voluntades, cuando existen espacios de convivencia y de fraternidad. Y eso esto es algo que tenemos que tener como lema, respetando la libertad individual, pero unidos en proyectos comunes”, ha añadido, al tiempo que ha tenido un recuerdo para las personas que han fallecido durante la pandemia y para el pueblo ucraniano que está sufriendo las consecuencias de la guerra.

Con la bendición de términos y el responso en el cementerio en memoria de los seres queridos, ha concluido la primera parte de la jornada.

El desfile triunfal del conde Aznar se ha demorado unos veinte minutos, aunque esta vez tampoco ha habido prisa por comenzar porque todo el mundo ha querido vivir la Fiesta con intensidad. Como siempre, la entrada del cortejo por la calle Mayor ha sido sobrecogedora, por la algarabía y la gran multitud que se agolpaba a ambos lados de la calzada. Lo mismo ha ocurrido en la plaza de la Catedral, donde muchas personas han esperado pacientemente durante horas para ver de cerca una de las estampas más icónicas del festejo, el saludo de banderas y las descargas frente a la catedral, una imagen que, aunque se repite cada Primer Viernes de Mayo, nunca deja de impresionar.

Y quedaba el final, la llegada de las escuadras a la casa consistorial, donde han vuelto a saludarse las banderas, con una síndico, Olvido Moratinos, emocionada, consciente del momento que estaba viviendo y que se ha manejado son soltura, al igual que los abanderados de las escuadras: Lázaro García, Clara y Agustín Pueyo, Sheila Cantón y Sergio Lope.

Las dos últimas descargas, dirigidas por los capitanes, Carlos Rabal y Carlos García, han dado paso al canto del himno, el momento más esperado de la Fiesta, el colofón perfecto a una jornada inolvidable. Los acordes de la Banda Municipal de Música Santa Orosia se han unido a las miles de voces que han sonado a lo largo de toda la calle Mayor. Con cada estrofa se ha ido ganado en intensidad y exaltación, hasta que el último Jaca libre sabe vivir a la sombra del monte Oroel ha salido de los labios para alojarse en los corazones. Eran las dos y media de la tarde, y la sensación de todo el mundo es que había asistido a un día grande, quizás uno de los mejores Primer Viernes de Mayo que recordaremos en nuestras vidas.

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