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125 AÑOS

Abril 1897

Regresando de la batalla. Cuadro de Juan Bautista Topete que preside el vestíbulo del Salón de Ciento del Ayuntamiento de Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS

El próximo día 7, Primer Viernes de Mayo, se celebrará como en años anteriores la tradicional fiesta cívico-religiosa en conmemoración de la batalla ganada por los cristianos a los moros, hace ya mil ciento treinta y nueve años, de cuya fecha en la mañana, según versión de varios historiadores, desde las atalayas del castillo de Agib(hoy Catedral), los centinelas dieran la voz de alerta, por divisar se hallaba acampado numeroso ejército sarraceno en la llanura que se extiende entre los ríos Aragón y Gas, cerca del punto de su confluencia.

Extendida velozmente la noticia por la ciudad, aprestáronse todos los jacetanos para la lucha, decidiendo resistir hasta morir.

Puesto a la cabeza su valeroso caudillo el conde Don Aznar, y con todas las armas útiles que en la ciudad había, salieron al campo y cayeron de improviso sobre las huestes moriscas, sembrando en ellas verdadero espanto y confusión; pues no podían figurarse serían acometidos. La carnicería que los cristianos hicieron fue muy grande, pero luego, acosados por el número de los enemigos, calculados en noventa mil, se vieron envueltos, teniendo que luchar cuerpo a cuerpo como fieras acorraladas. Ya se sentían desfallecer, cuando a la caída de la tarde vieron, no sin grande sorpresa, que huían los moros a la desbandada.

Y entretanto que esto sucedía en el campo, en la ciudad no era menos la inquietud y la zozobra de que se hallaban poseídos sus moradores, creyendo, y no sin razón, cuando por la tarde no volvía nadie a darles noticias de la situación en la que se encontraban los suyos, que los moros habían dado buena cuenta de ellos; así es que, reunidos todos los que en la ciudad quedaron, mujeres, ancianos y niños, y con las armas inservibles que habían dejado, después de encomendarse a la Santísima Virgen, salieron en confuso tropel, con verdadera resolución de que les cupiera la misma suerte que a sus esposos, hijos y hermanos.

La tradición nos dice que la gloria de la batalla la tuvieron las mujeres, que con sus ruecas salieron a defender a sus parientes, y es muy verosímil que esta fuera la causa de la victoria; pues a la caída de la tarde de tan memorable día, y cuando más en el ardor de la pelea se encontraban, teniendo ya los moros por seguro el triunfo, vieron que se les acercaba aquel tropel imponente por la algarabía y polvo que levantaban, y creyeron que un numeroso ejército venía en socorro de los cristianos, por cuya razón no pensaron más que en la huida, encontrando la mayor parte la muerte al vadear los ríos Aragón y Gas, que a causa de una tormenta del día anterior se hallaban intransitables.

Infinidad de cadáveres se encontraron esparcidos en el campo, que aún hoy conserva el nombre de Las Tiendas, y entre ellos estaban los cuatro régulos cuyas cabezas cortaron, siendo traídas triunfalmente a la ciudad en la punta de otras tantas lanzas.

Viendo deshecho y derrotado tan gran número de enemigos, no dudaron un momento de que la causa de la victoria era la divina Providencia, y en recuerdo de este día, erigieron una capilla que, aunque reformada, existe, dedicada a Nuestra Señora de la Victoria, en el mismo punto en que divisaron a los que salían en su auxilio.

¡Loor a la memoria de aquellos antepasados, que sin titubear un momento supieron sacrificarse en aras de su fe cristiana! Y era natural, ya que por sus venas corría la valerosa sangre española, que tantas pruebas de vitalidad ha dado siempre, y está hoy dando ante el mundo entero con las guerras que sostenemos en Cuba y Filipinas.

Antiguamente debía resultar esta fiesta conmemorativa de mayor efecto que al presente, por las numerosas comparsas de mozos y casados que en ella tomaban parte, vistosamente ataviados todos en sus trajes, y con los rudos mosquetes, que, recogidos, hace ya algunos años por el ramo de guerra, han sido impropiamente sustituidos por las modernas escopetas, tan mal avenidas con los pocos trofeos que todavía se conservan y representan algún mérito histórico.

Pero de todos modos la repetición del espectáculo es siempre agradable y animada, y lo sería mucho más si no por la circunstancia de celebrarse la fiesta tan cerca del cementerio, lugar que por fuerza ha de inspirar tristes recuerdos; pues sin este inconveniente bien podría diferirse hasta las cinco de la tarde el retorno de la alegre procesión triunfal, y entonces las familias disfrutarían de las delicias, que en esta época ofrece el campo, durante el único día de asueto del que por entero podrían disfrutar en el año los comerciantes e industriales; porque después de todo, con esto no se haría más que imitar a otros pueblos en la conmemoración de sus hechos gloriosos, ya que el recordado con nuestro Viernes de Mayo no debe juzgarse de menos importancia que la fecha del 5 de marzo en Zaragoza, el 2 de mayo en Madrid y Bilbao, y el día de San Jorge en la capital de nuestra provincia. A.

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