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“Volveremos a amanecer con el sonido de timbales, bombos, tambores, y cascos de los caballos”

Los tambores del Cortejo Histórico entrando en la calle Mayor antes de cantarse el himno, en la Fiesta de 2019. EL PIRINEO ARAGONÉS

Cuando estaba repasando los escritos de los dos últimos viernes de mayo para preparar este, me he dado cuenta de que bien podríamos considerar todo lo que nos ha pasado como el guion de una macabra trilogía.

El 9 de marzo de 2020 se declaró nuestra fiesta como de interés turístico nacional y a partir de ahí todo fueron contrariedades y malas noticias que nos hicieron priorizar nuestras vidas en ese año 2020 haciéndonos valorar lo verdaderamente importante que tenemos que no es otra cosa que la salud, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a la economía que nos permitiera poder salir de esa pesadilla que acababa de aterrizar en nuestras vidas.

Fue un viernes de mayo diferente, al que llegamos todavía sin poder movernos más de un kilómetro de nuestras casas y en que todos los que pudimos intentamos celebrar de alguna manera nuestra fiesta de forma responsable en nuestras casas, sin “dar que hablar” y cantando el himno desde los balcones de forma exitosa y emocionante con la esperanza de retomar la normalidad al año siguiente. En un año todo se habría arreglado. O eso pensamos.

Pero la pandemia no había hecho más que empezar, y después de pasar un verano en el que nos las prometimos muy felices y pensamos que ya estaba todo superado, el puente del Pilar nos puso otra vez en nuestro sitio y ya con el colofón de la Navidad, vimos que lo peor estaba por llegar azotando Jaca de manera muy cruel y dejando bastante gente por el camino. Pasamos todos un invierno realmente difícil en el que los miedos de marzo de 2020 volvieron a hacerse realidad y esta vez todavía con peores consecuencias. Se volvieron a suspender las actividades de Semana Santa y la cercanía del viernes de mayo a tales fechas lo pusieron de nuevo en peligro como así sucedería finalmente. SE SUSPENDE EL DESFILE.

Otro año sin Viernes de Mayo, aunque esta vez teníamos la posibilidad de juntarnos con los amigos, almorzar, pasar un día diferente, ya que las restricciones eran otras… hasta que dejaron de serlo. De repente, el repunte de casos en Jaca nos colocan en el centro de la diana y el Gobierno de Aragón nos pone en el punto de mira, al ser la población de más de 10.000 habitantes con peor tasa de incidencia y, después de haber sido durante todo ese invierno la que mejor estaba, pero con las mismas restricciones que las que peor datos tenían, ahora que se acercaba nuestra fiesta nos vuelven a confinar solo a nosotros. No vaya a ser que…

¿Y cómo reaccionamos los jacetanos? Pues con una responsabilidad ejemplar. Suspendiendo almuerzos de cuadrillas, cerrando bares y restaurantes para evitar aglomeraciones, quedándonos en casa mientras los helicópteros de la policía sobrevolaban la ciudad para evitar que se produjeran reuniones clandestinas en huertas y demás lugares de la redolada. ¿Dónde estaban esos helicópteros cuando llevábamos meses viendo imágenes en televisión de aglomeraciones y reuniones en diferentes puntos de la región sin cumplir las normas? No se sabe.

El canto en los balcones de 2021 fue descafeinado y triste. “Veremos el año que viene”, pensamos resignados.

Y el “año que viene” ha llegado. Y va a haber fiesta. Completa. Como la de siempre.

Volveremos a amanecer con el sonido de timbales, bombos, tambores, y cascos de los caballos.

Volveremos a bajar a almorzar al llano de la Victoria junto con las cuadrillas de amigos.

Volveremos a regresar andando a coger sitio para el desfile de las huestes cristianas para conmemorar el triunfo.

Volveremos a agolparnos para cantar nuestro himno reuniendo a toda Jaca en la calle Mayor.

Volveremos a emocionarnos cuando termine y vuelen los claveles.

Volveremos a abrazarnos para continuar celebrando nuestro día glorioso.

¿Y sabéis una cosa? NOS LO MERECEMOS

Firmado: MIGUEL EGAÑA
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