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Es la primera vez que el paso del Nazareno se ha incorporado a la procesión saliendo de la catedral

El Nazareno saliendo de la catedral. MIGUEL RAMÓN HENARES

La procesión del Santo Entierro resulta vistosa y solemne en cualquier punto de su recorrido, más en una tarde como la de hoy, espléndida en cuanto a temperatura y animación. Podría decirse que no había un hueco vacío en las calles del casco histórico, menos aún en el entorno de la plaza de San Pedro, el lugar en el que era preciso estar para presenciar la salida a hombros del Nazareno desde el atrio de la catedral. Es la primera vez que esto ocurre, después de que el cabildo permitiera a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno dejar el paso en exposición en el interior del templo, al igual que se hace con el Cristo y la Soledad. “Es un momento único, no ha habido otro como el de hoy, aunque a partir del año que viene será ya algo habitual”, comentaba uno de los hermanos en los momentos previos a levantar el paso.

En la última edición de El Pirineo Aragonés, se publicó un pequeño suelto de la Semana Santa de Jaca de hace 125 años, en el que se reconocía que la procesión del Santo Entierro había resultado “ordenada y brillante”, calificativos que sirven perfectamente para definir la de este año. En aquel abril de 1897, los jaqueses se congratulaban de que la sociedad de alumbrado eléctrico sustituyera “las lámparas ordinarias por otras de gran intensidad en las calles de la carrera, lo cual hizo doblemente lucida la ceremonia”.

Volviendo al presente, es necesario destacar la alegría y el buen ánimo que ha habido entre los hermanos de las cofradías antes de comenzar la procesión, durante esos instantes previos en los que se ultiman los detalles y se comprueba que todo está en orden. Algunos de ellos han aprovechado esos minutos de cierta distensión para hacerse fotografías junto a los pasos que ya estaban colocados para la procesión; otros han pedido ayuda para ajustarse la túnica o abrocharse un botón, y la mayoría conversaban amigablemente.

El paso de La Burreta, portado por la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, ha sido el primero en aparecer. El sol estaba ya a punto de perderse por el horizonte, pero la luz aún era intensa y las túnicas blancas y el azul de los capirotes y terceroles destacaban con intensidad. Las niñas más pequeñas, vestidas de hebreas, llamaban la atención de los fotógrafos y del público que había acudido a ver la procesión. Después de La Burreta, hacían su entrada los pasos de La Cena, portado por la Cofradía de la Santa Cena; La oración de Jesús en el Huerto de los olivos, de la Hermandad de la Oración en el Huerto, y los tres que custodia la Cofradía de la Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo: Jesús atado a la columna, La coronación de espinas y Ecce Homo, popularmente conocido como El Balcón de Pilatos. Durante su discurrir, en el interior del atrio catedralicio todo estaba preparado para la salida del Nazareno. Se palpaban los nervios y había algo de tensión. “Cuando llegue La Verónica, vamos nosotros”, ha indicado de forma imperiosa el responsable de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. La Verónica es el nombre popular con el que se conoce al paso de Jesús con la cruz a cuestas, realizado por el valenciano Modesto Quilis en 1930, un conjunto formado por seis figuras y que recoge tres momentos de la Vía Dolorosa. El Nazareno es anterior, de 1903, y procede del taller del barcelonés Luis Salvat, autor también de La coronación de espinas y de Jesús atado a la columna. La incorporación del Nazareno a la procesión ha sido impecable y ha dejado estampas preciosas del Cristo portando la cruz con el pórtico y el crismón de la catedral al fondo.

La escena volvería a repetirse, poco después, con el Cristo de Biscós, conocido también como Cristo de la Salud o Cristo de la Catedral, llevado a hombros por los hermanos de la Real Cofradía de la Sangre de Cristo, nueve en los brazos delanteros y otros nueve en la parte de atrás. Acompañando al Cristo vestían de blanco Las Siete Palabras, portando sus voluminosos faroles con las últimas palabras que Jesús dijo antes de morir en la cruz; y detrás del paso se ha incorporado el piquete de la Guarnición Militar de Jaca, que es Hermano Mayor Honorario de la cofradía desde el año 1968. Cuando se ha hecho el silencio, ha irrumpido una voz cantando unos versos de La Saeta de Machado: ¡Cantar del pueblo andaluz, / que todas las primaveras / anda pidiendo escaleras / para subir a la cruz.

Reanudada la marcha, la Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad y el Descendimiento de la Cruz ha cruzado por la gran verja de la catedral con sus dos pasos, El Descendimiento, obra también del valenciano Modesto Quilis, y La Piedad, de autor anónimo, pero de singular belleza y expresividad. Posteriormente se ha sumado el Santo Sepulcro, conocido popularmente como La Cama y que ha estado custodiado por la Guardia Romana, un elemento “colorista”, como señala María Luisa Cajal en su libro Semana Santa Jaca (1995), que se creó el 7 de marzo de 1886 por iniciativa de la Real Hermandad de la Sangre de Cristo. Inicialmente, la guardia pretoriana la formaban doce soldados, sargento, cabo y corneta que debían ser de “estatura alta, buena conducta, sanos y sin ningún defecto físico que pudiese causar mofa o escarnio”, según se recoge en el texto de Cajal. Recordar que el Cristo de la Cama, que fue sometido a una profunda restauración hace unos años, es articulado, está construido de un material muy ligero – caña de maíz– y fue enviado en el siglo XVII desde tierras mexicanas.

La procesión se ha cerrado con La Soledad, portada a hombros por los hermanos de la Soledad de Nuestra Señora. La Virgen lacrimosa ha sido el centro de atención de todas las miradas cuando ha salido de la catedral y mientras los hermanos hacían la primera parada antes de encarar la calle del Obispo. Era el principio del largo recorrido que aún tenían por delante y que durante una hora y media los ha llevado por las calles del Carmen, Campoy Irigoyen, Ferrenal, Ramón y Cajal y Mayor, hasta el Monasterio de las Madres Benedictinas, donde ha finalizado la “ordenada y brillante” procesión, igual que hace 125 años.

Próxima procesión

Domingo de Resurrección. Procesión de Cristo Resucitado, 10:30 horas. Con la participación de la Cofradía de Cristo Resucitado, comenzando en la parroquia del Inmaculado Corazón de María para finalizar en la catedral. Recorrerá las avenidas Juan XXIII, Zaragoza, Escuela Militar de Montaña y Jacetania y la calle y la plaza de San Pedro. El recorrido de la Virgen de la Alegría será el mismo hasta la avenida Jacetania, para continuar por la plaza Biscós, Zocotín, Bellido y las plazas Catedral y San Pedro.

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