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125 AÑOS

Enero 1997

Portada del primer número de El Pirineo Aragonés publicado el 3 de enero de 1897. EL PIRINEO ARAGONÉS

Hemos entrado en el año decimo sexto de nuestra publicación, y eso por sí solo constituye para nosotros motivo de júbilo y grande alegría. Estamos satisfechos de haber llegado a este punto, pues cuando un periódico vive desahogadamente ese tiempo demuestra que cumple a conciencia sus deberes y que satisface cumplidamente las aspiraciones y deseos de sus abonados. Con el auxilio de éstos, con su constancia, con sus alientos hemos caminado a veces por largo y áspero desierto, otras por más fáciles caminos.

No creemos haber interpretado siempre con el debido acierto lo que a los intereses generales conviniere, pero sí lo hemos hecho con voluntad y decidido propósito de que nuestros trabajos correspondiesen al favor dispensado por nuestros suscriptores y de que se obtuviese el provecho correspondiente, de modo que al no suceder así dependió siempre más de la resistencia ajena que de la voluntad nuestra.

No necesitamos hoy exponer programas ni hacer ofrecimientos nuevos, pues con continuar lo que desde un principio nos propusimos pensamos que estamos dentro de nuestro puesto y en disposición de servir las aspiraciones de esta montaña y los deseos de la mayoría de sus habitantes.

Apartados de todas las agrupaciones políticas, llámense como se llamen, y tomen la denominación que quieran, aplaudiremos incondicionalmente lo que de bueno practiquen en la oposición como en el gobierno, pero también habremos de censurar la manera que merezca la conducta de los partidos cuando, atentos más a los intereses privados que a los generales, se desvíen del camino que deben seguir.

Las circunstancias son las que determinan la conducta que se debe seguir en cada caso, y por esto omitimos el señalar conducta determinada porque esto habría de alterarse en cualquier tiempo.

Además los tiempos son difíciles y pueden serlo mucho más en adelante, si algo más cabe, y todo hay que acomodarlo al resultado de los sucesos que se aproximan, pero aun así, a nosotros solo nos toca desear sinceramente que las dos guerras insulares que consumen la sangre y el dinero de nuestra nación, tengan pronto y honroso término; que regresen pronto al seno de sus familias los militares que en Cuba luchan, más que contra los insurrectos, contra las inclemencias de un clima mortífero; que nuestros gobernantes actuales y los que les sucedan se inspiren siempre en el bien general; que piensen detenida y concienzudamente que desde altas esferas del gobierno pueden practicarse muchos beneficios al país, y también muchos perjuicios de no administrar en la debida forma; que de ellos depende el bien y el mal en esta nación, ya que toda ella se presta más que obediente y pasa por todo con la paciencia de un santo.

Todo esto lo pedimos y lo deseamos en los comienzos del año 1897; y lo pedimos de tal modo, que, si nuestra voz hubiera de ser oída en las más altas esferas, hasta ellas habríamos de elevarla, pues nuestra calidad de españoles a ello nos obliga con imperioso deber.

Que desde hoy se abra un gran periodo de ventanas que hagan olvidar las desdichas pasadas; que una larga paz asegure nuestra prosperidad restañando y curando las profundas heridas recibidas; que todos, y cada uno por su parte, pongan algo, y lo que hasta ahora ha sido una nación a merced de unos cuantos, que sea en adelante patrimonio de todos.

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