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«En el año 2019, la UE destinó 333 millones de euros de presupuesto a su guardia de fronteras y sólo unos 17 a mejorar la situación de los refugiados o solicitantes de asilo»

Dibujo alegórico al coste en vidas humanas que provoca la inmigración. SE

Las personas refugiadas sufren persecución o violencia en su país de origen por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas…También existen migrantes que huyen de la miseria o de condiciones precarias de vida debidas a conflictos armados, desastres naturales, etc.  Ante las solicitudes de asilo y/o residencia que unas y otras presentan, en España tenemos una tasa de aceptación de sólo un 5% mientras que la media en la UE es del 33%. Sin embargo, según el derecho internacional, todas ellas deben ser acogidas de forma obligatoria porque así lo indica el art. 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ratificado expresamente por la Constitución Española vigente, que dice:

“Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado…”.

Observamos que, en nuestro entorno, existe esa libertad de viaje y estancia para gente acomodada. España concede permiso de residencia y trabajo a quienes tienen capacidad de adquirir bienes por valor igual o superior a 500.000 €. También lo pueden obtener, con el tiempo, quienes, de manera sumisa y barata, van a desarrollar tareas necesarias que los habitantes del país de acogida no están interesados en realizar (servicio doméstico, cuidado de ancianos, trabajos con duro esfuerzo físico, etc.).

Fuera de esos supuestos, los países receptores, lógicamente los que son más ricos, deniegan visados, levantan vallas y muros, expulsan, crean centros de internamiento, militarizan sus fronteras y/o financian a los países de tránsito para que hagan el trabajo sucio. Además, mientras se obstaculizan los esfuerzos de acogida de las ONGs, asistimos al crecimiento desmesurado del negocio de la seguridad (en el año 2019, la UE destinó 333 millones de euros de presupuesto a su guardia de fronteras y sólo unos 17 a mejorar la situación de los refugiados o solicitantes de asilo).

En definitiva, la Unión Europea y España, combaten el efecto llamada invocando varias falacias:

  • La del sufrimiento de los migrantes… porque, si logran entrar, lo pasarán mal, y desearán no haber venido.
  • La de la necesidad de firmeza y seguridad frente al ‘temible’ extranjero que, solapadamente, viene a apoderarse de lo nuestro.
  • La de que los europeos hacemos lo posible para ser solidarios, aunque no queramos ver cómo priorizamos siempre nuestro sistema económico y nuestra identidad cultural.
  • La del dilema de los botes del Titanic (como se hundirían si subieran todos los náufragos, golpeo con el remo a quien quiere subirse) o, lo que es lo mismo, puesto que no puede venir toda África a España, echo a quienes lo intentan. Prefiero su muerte a mi pérdida de bienestar.

Ante esta situación, tanto a los ciudadanos de la Unión, como a los del Estado español y del municipio de Jaca, nos toca ahora mirarnos al espejo. Y si no nos gusta lo que vemos, que no nos gusta, pasar a la acción. Lo primero que podemos hacer es exigir a nuestros representantes que dejen de darnos gato por liebre.

Debemos, en segundo lugar, cuestionarnos si es aceptable cerrar las fronteras. Nosotros pensamos que éstas nos pertenecen solo por nuestra fuerza de ‘primo de zumo-sol’ y, como creemos que entre las personas no debe haber diferencias, nos preguntamos quiénes somos para permitirnos cerrar puertas.

En tercer lugar y dejando de lado los discursos falaces, entendemos que es necesario exigirnos un debate razonado sobre qué sociedad queremos ser y cómo nos posicionamos ante el reto de la migración. Consecuentemente se nos ocurre que, en concreto, podemos:

  • Reaccionar pública y activamente contra los discursos de odio y exclusión (debatir en el bar, en el futbol, en la AMYPA, en la Asociación de vecinos…)
  • Exigir a nuestros gobernantes un cambio de política de migración que, además de ofrecernos datos ciertos sobre lo que realmente nos cuesta y nos aporta, se base en la justicia y la protección de los débiles. No se trata de dar papeles a todos sino de crear las estructuras que les permitan construir su vida.
  • Mezclarnos en el día a día con quienes vienen y tratar de comprenderlos, para ser un nosotros más amplio y diverso, porque, insistimos, las puertas no son nuestras.
Firmado: COLECTIVO PENSAMOS
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