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«Es urgente poner freno a esta burbuja especulativa, estableciendo una moratoria a nivel nacional que paralice este tipo de grandes proyectos, para poder evaluar el impacto real y regular su implantación de forma que sean compatibles con la vida en el medio rural»

Tractorada que se organizó en Jaca el pasado mes de octubre para manifestar el rechazo a los macroparques fotovoltaicos en el Pirineo aragonés. EL PIRINEO ARAGONÉS

El cambio climático es una realidad, y los que vivimos del sector primario lidiamos todos los días con sus consecuencias, ya sea en forma de sequías, inundaciones, heladas tardías… este tipo de fenómenos son cada vez más habituales y hacen que la agricultura y la ganadería sea más incierta.

De modo que el sector primario está plenamente concienciado de la importancia de revertir el mismo, y una de las formas de mitigarlo es sin duda el desarrollo de energías renovables, como la energía fotovoltaica.

La implantación de estas tecnologías es interesante para el sector, ya que dispone de mucho espacio libre para la instalación de paneles solares, como son los tejados de las naves, las balsas de riego, pequeñas parcelas poco productivas… con las que se podrían cubrir las necesidades energéticas de la actividad agraria e incluso podría generar ingresos extra mediante la venta de energía.

Estas pequeñas instalaciones podrían ayudar a mejorar la rentabilidad del sector primario, generando un mínimo impacto visual y ambiental, y además podrían conectarse directamente a la red de baja tensión, aprovechando la infraestructura eléctrica ya existente.

Lamentablemente, este no es el modelo que se está imponiendo. Vemos como en los últimos años se ha generado una burbuja especulativa de creación de grandes instalaciones solares y eólicas, las cuales ofrecen alquileres desorbitadamente elevados, llegando a ser el valor del contrato de arrendamiento diez veces superior al valor de compra del terreno, lo cual genera no pocas dudas en cuanto al futuro cumplimento de estos contratos.

Imaginen cómo puede afectar esto a un agricultor o ganadero que tiene terreno arrendado para su actividad. Ya no solo se tiene que preocupar de mantener la rentabilidad de su explotación pagando esos arriendos, una tarea ya de por sí complicada, sino que ahora tiene que competir por el terreno con unas ofertas totalmente fuera de mercado. Muchos de estos agricultores y ganaderos no podrán afrontar la pérdida de terreno productivo, de la cual depende su rentabilidad, y se verán abocados al cierre.

Ante lo que parecía como una gran oportunidad de fortalecer el sector primario y mejorar las condiciones de vida en el medio rural, se ha convertido en una burbuja especulativa que no solo pone en peligro la viabilidad de numerosas explotaciones agropecuarias, sino que además está generando un deliberado conflicto social entre defensores y detractores de estas grandes instalaciones.

En este sentido, hay numerosos agricultores y ganaderos que ya han firmado contratos de alquiler para la implantación de grandes instalaciones fotovoltaicas, aun sabiendo que ello supondrá el fin de su actividad agraria. Es doloroso ver como personas que han estado comprometidas con el sector agrario se han visto manipuladas para contribuir a liquidar el sector agrario en su zona, tal vez sin ser del todo conscientes de las verdaderas consecuencias, desalentadas por la falta de apoyo real a las economías del medio rural que les genera una sensación de ausencia de expectativas de futuro. Para ello, las empresas promotoras han realizado ofertas desorbitadamente elevadas y han presionado a los propietarios diciendo que su vecino había firmado ya, y que si él no firma se quedaba fuera. Se trata de una estrategia perniciosa y tramposa que desgraciadamente conocemos bien en estas montañas, que genera en nuestros pueblos un falso conflicto de intereses entre iguales y una fractura social que no deberíamos consentir. Algo que ya resultó muy útil para los intereses especulativos en los tiempos de la construcción de los pantanos en el siglo XX y de la burbuja inmobiliaria que nos estalló en 2008 generando una tremenda crisis social y económica. En ambos casos todavía seguimos sufriendo las consecuencias e intentando resistir generando alternativas de futuro con mucho esfuerzo y compromiso colectivo.

El entorno en el que vivimos es fruto del duro trabajo de incontables generaciones, que han logrado crear un territorio que no solo produce alimentos de calidad, sino que tiene un incalculable valor paisajístico. Los grandes proyectos fotovoltaicos y eólicos no solo ponen en peligro la viabilidad de un sector estratégico como es la agroalimentación, sino que además favorece la despoblación en el medio rural, nadie va a querer vivir en un pueblo rodeado de placas solares.

Es urgente poner freno a esta burbuja especulativa, estableciendo una moratoria a nivel nacional que paralice este tipo de grandes proyectos, para poder evaluar el impacto real y regular su implantación de forma que sean compatibles con la vida en el medio rural.

Está en juego el futuro del medio rural, si no ponemos freno a esta burbuja, se perderá para siempre el paisaje que con enorme esfuerzo moldearon nuestros antepasados, y en el que hemos invertido innumerables recursos para mantenerlo y cuidarlo.

Firmado: Patricia Borderas Pérez, 30 años, Senegüé. Daniel Lacasa Viscasillas, 28 años, Barós. Miguel Ara Ramón, 26 años, Espuéndolas. Adrián Jarne Casasús, 28 años, Larrés. Alfredo Beltrán Belío, 54 años, Ascara. Rosa Avellanet Torres, 45 años, Orós Bajo. Andrés Esclarín Íñiguez, 27 años, Berdún. Raúl Acín Cazcarro, 23 años, Orós Alto. José Ignacio Biota Pérez, 45 años, Navasa. Maximino Portaña Ramón, 64 años, Baraguás. Toño Galindo Martínez, 47 años, Senegüé. Jose Mª Aso Aso, 40 años, Martillué. Pedro Manuel Betrán Pérez, 33 años, Barós. Francisco Aísa Otín, 38 años, Ascara. Rosa Mª Cazcarro Ipiens, 53 años, Orós Alto. Daniel Pérez Lanaspa, 38 años, Orna de Gállego. Diego Aso Sese, 37 años Abena. Jorge NavarroBetrán, 41 años, Barós. Fernando Alastuey Elpuente, 34 años, Navasa. José Manuel Gairín Biota, 38 años, Lerés de Jaca. Fidel Villacampa García, 35 años, Osán. Gonzalo Jaca Bergua, 27 años, Berdún. David Pérez Lanasapa, 42 años, Orna de Gállego. Miguel Ascaso Pérez, 27 años, Santa Cruz de la Serós. Enrique J. Borderas Lardiés, 61 años, Senegüé. Carlos Javier Jal López, 55 años, Aurín. Gonzalo Pérez Lanaspa, 32 años, Orna de Gállego. Javier Orós Rey, 59 años, Orós Bajo. Sergio Bara Tolosana, 42 años, Navasilla.

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