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Eutanasia

“Suponemos que este es el objetivo de la ley al contemplar la posibilidad de firmar, en plenitud de facultades y según las prescripciones fijadas, un modelo de testamento vital o voluntades anticipadas donde quedará perfectamente reflejado nuestro deseo de que se nos aplique la prestación de ayuda para morir cuando sea necesaria”

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En el diccionario de la RAE eutanasia tiene dos acepciones: 1. Intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura. 2. Muerte sin sufrimiento físico.

En la Ley Orgánica 3/2021 se dice textualmente: “Se introduce en nuestro ordenamiento jurídico un nuevo derecho individual como es la eutanasia. Se entiende por eutanasia la actuación que produce la muerte de una persona de forma directa e intencionada, mediante la relación causa-efecto única e inmediata, a petición informada, expresa y reiterada en el tiempo por dicha persona, y que se lleva a cabo en un contexto de sufrimiento debido a una enfermedad o padecimiento incurable que la persona experimenta como inaceptable y que no ha podido ser mitigado por otros medios”.

Además de esta aproximación lingüística o legal, pensamos que también podemos reflexionar sobre las posturas enfrentadas con que suele abordarse este tema y que creemos necesario comprender para poder afrontarlo.

La posición de quienes creen que la eutanasia no debe regularse legalmente puede tener su fundamento en la idea de que la vida que disfrutamos no nos pertenece. Por eso, hasta donde nosotros sabemos, el poder de dar muerte a alguien ha correspondido, a lo largo del tiempo, solo a dos instituciones: al Estado, que tiene la facultad de decidir la participación en la guerra y, en ocasiones, de aplicar la pena de muerte, y a determinadas confesiones religiosas que han ejercido y ejercen una potestad muy similar. Nunca se ha reconocido, sin embargo, este poder a los individuos a quienes se les ha negado siempre la legitimidad para quitar tanto la vida de otros como la suya propia. Por otra parte, los que niegan el derecho a practicar la eutanasia aducen también que la decisión de optar por esta puede ser solo aparente y haberse realizado bajo fuertes presiones.

Quienes, en contraposición, defienden la necesidad de una ley de eutanasia, parten del supuesto de que cada persona es responsable de su propia vida y tiene, consecuentemente, la facultad de determinar, cuándo la misma es, para ella, valiosa y cuándo no. Esta opción explicita el rechazo de una existencia meramente vegetativa o profundamente mermada por una grave demencia y demanda la capacidad de decidir el cómo, el cuándo, el dónde y con quién hacer la despedida definitiva. Implica también una resignificación del término eutanasia quitándole cualquier tipo de connotación peyorativa y entendiéndola como la ayuda para un final digno (nuestros antepasados griegos o hebreos la consideraban como la ‘muerte buena’, la muerte rápida, sencilla, indolora e incluso honrosa), con respeto absoluto a una vida en plenitud hasta los últimos instantes.

Nosotros consideramos que para que este derecho pueda ejercerse con garantías se necesita una ley que lo regule, que quizás pueda tener deficiencias, pero cuyo mayor defecto sería su no existencia.Creemos, asimismo, que, si nos planteamos hacer uso de dicha opción, es esencial que nuestra dignidad y privacidad sean respetadas, así como que dispongamos de la información médica, el apoyo psicológico y el control necesarios. Suponemos que este es el objetivo de la ley al contemplar la posibilidad de firmar, en plenitud de facultades y según las prescripciones fijadas, un modelo de testamento vital o voluntades anticipadas donde quedará perfectamente reflejado nuestro deseo de que se nos aplique la prestación de ayuda para morir cuando sea necesaria.

Entendemos también que las creencias de quienes, como hemos visto más arriba, discuten el punto de partida, no tienen por qué entrar en conflicto con este derecho ya que no es obligatorio acogerse a la ley, ni como paciente ni como sanitario, y que quienes no lo hagan deberán también ser plenamente acompañados y cuidados en sus últimos días.

Firmado: COLECTIVO PENSAMOS (pensamos6@gmail.com)
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