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Elena Martín Otín ha regresado a la mística con un libro que se proyecta hacia lo divino, pero que conecta con lo humano

Angelita de Lerés recitando uno de sus poemas junto a sus hijas Elena y Anucha, en la presentación de Ventanas a la luz. EL PIRINEO ARAGONÉS

“La poesía mística no es comercial, pero es gratificante”. La frase es de Anucha Martín Otín, que este último domingo se sumó a la fiesta de la poesía en la presentación del libro Ventanas a la luz, escrito por su hermana Elena, Elena Ventaje, mujer que ha heredado la sensibilidad y el alma poética de su madre Angelita, Angelita de Lerés, una de las voces más representativas de este género literario en la Jacetania y el Alto Gállego.

La presentación tuvo lugar en el Hostal de Ipiés ante un reducido grupo de familiares y amigos que desde el primer momento se dejaron llevar por la emoción y los sentimientos profundos que afloran de los poemas de Elena.

Ventanas a la luz “es un viaje interior del alma enamorada de Jesucristo en busca de la luz”, aunque “sus poemas llegan a cualquier parte, a cualquier lector, porque no quieren prescindir de la sencillez que caracteriza a la genuina mística”, explica la autora. Y esa es precisamente la fortaleza del libro, su capacidad para conectar con lo superior, pero también con lo humano.

San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús son nuestros principales poetas místicos. Su poesía, lejos de quedar reducida a un ámbito muy concreto, se ha elevado a lo universal y ha influido en numerosos autores de distintas generaciones, estilos y condiciones, fueran creyentes o no, por lo que el misticismo, más allá de ser un camino hacia lo divino, sirve también de guía para manejarse en el proceloso mar de lo terrenal.

Ventanas a la luz (Editorial Autografía, 2021) es el cuarto libro de Elena Ventaje, después de Voces Nuevas (2013), La palabra encontrada (2017) y En la ciudad dormida (2019), todos ellos publicados por Ediciones Torremozas.

La palabra encontrada, que fue finalista del Premio Fernando Rielo de poesía mística en 2016, fue su primera obra dedicada íntegramente a este género. “Recuerdo el proceso de escribir aquel libro como uno de los más felices de mi vida, y lo mismo podría decir ahora de este nuevo trabajo”, asegura Elena Ventaje, que afirma que “escribir poesía mística es muy gratificante, tanto como leerla”. Para ella, es un proceso “bastante fácil y sencillo”, que fluye de manera natural, pero que requiere trabajo, elaboración y esfuerzo, ya que no basta solo con la inspiración. “Como decía Picasso, hay que creer en las musas, pero cuando vienen te tienen que encontrar trabajando”.

Ventanas a la luz “me ha producido muchas satisfacciones”, porque supone un regreso a la mística, una poesía que “atrapa” hasta el punto de “quien la prueba alguna vez, no puede evitar volver a ella en algún momento”.

Son sesenta y cinco poemas, casi todos cortos, ninguno de más de cuatro estrofas, distribuidos en dos partes: una primera de búsqueda que se inspira en “una experiencia de dolor recurrente, que se traduce en la decisión de vivir en Dios desde el seguimiento a Cristo, para desembocar en un fuerte deseo de unión con Él”, y una segunda, Unidos en tu esencia, en la que se produce ese encuentro, “la unión del alma enamorada”.

Ventanas a la luz es un título que describe perfectamente el contenido del libro, si bien no es el original, ya que en un principio se pensó en otro que hablaba también de la luz, pero que partía de otra idea. “Un día conversando con mi madre, me dijo que por qué no lo llamaba Ventanas a la luz, y me encantó, porque las ventanas dejan pasar la luz, el aire, el olor de las flores y te hacen sentir la lluvia cuando golpea los cristales, sensaciones que conectan con lo más profundo del ser humano”, reflexiona.

Elena Ventaje destaca el trabajo de la Editorial Autografía, por la maquetación y la cuidada edición que ha realizado. “Este libro lo tenía un poco olvidado, como en un cajón, y pensaba que ya no lo iba a publicar, pero un día conocí a esta editorial y se interesaron por él”. Si bien la mayor parte de los poemas se escribieron antes de la pandemia, no fue hasta después del confinamiento del pasado año cuando se dio por terminado. “Lo tenía escrito, pero creí oportuno añadir algunos poemas más en los que se reflejara la situación que estamos viviendo en este tiempo, una experiencia vista desde el dolor, pero también desde la esperanza”, señala la autora, que ya está pensando en su próxima obra, relacionada igualmente con la mística, pero concebida desde otra perspectiva. “Será un libro que transitará por un camino distinto, que tendrá un enfoque nuevo”, más “original y experimental”, avanza, al tiempo que recuerda que también está inmersa e interesada en otros trabajos que no tienen nada que ver con la mística.

Como muy bien señaló su hermana Anucha al comienzo de la presentación, Ventanas a la luz “es un libro para tener cerca, para poder agarrarte a él, para ir a buscar esas verdades que te conducen a lo divino cuando lo necesitas”. Es, además, una obra, en la que están presentes “las influencias de su madre, con esos toques de naturaleza, tierra y aire” que caracterizan a los poemas de Angelita de Lerés, autora de siete libros que beben del amor a estas montañas y de sus raíces familiares, siempre presentes en su vida.

Ángelita de Lerés, emocionada por acompañar a Elena en la presentación de su libro, y por el reencuentro con familiares y amigos en unos momentos de aislamiento como los actuales, cerró el acto recitando dos poemas suyos de reciente creación, uno dedicado a su hermana Josefina (Josefina querida), fallecida en 2020, y que fue publicado en estas páginas de El Pirineo Aragonés, y otro más reciente, titulado Lo tengo todo, en el que, una vez más da muestra de la frescura de su poesía, de su vitalidad desbordante y de su alegría de vivir y sentir la vida.

Huyo de los escollos que amenazan

Huyo de los escollos que amenazan

mi permanencia en ti

como en el mar las rocas

que a la nave violentan y derriban.

Todo lo que me ata se convierte en lastre

decidido a impedirme alzar el vuelo,

ese vuelo sin tiempo y sin espacio

para mis libres alas desasidas.

Atrápame en el aire cuando abandono el suelo

y navega mi espíritu en tu busca,

como halcón a la presa

porque presa de ti me sé desde mi centro.

Elena Ventaje. Ventanas a la luz, 2021

 

Déjame

Déjame que te bese

como se besa

el pan que Dios bendice

sobre mi mesa.

Luego, con las manos unidas

cabalgaremos juntos

sanando heridas.

 

Déjame que te quiera

como se quiere

la fe de mis mayores

que me sostiene.

Y así, con la sonrisa puesta

haremos que la vida

sea una fiesta.

Angelita de Lerés. La Ventaja, 19 de julio de 2021
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