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El teléfono del viento (Kaze no denwa, 2020)

Duración: 139 min. País: Japón. Dirección: Nobuhiro Suwa. Guion: Kyôko Inukai, Nobuhiro Suwa. Música:Hiroko Sebu. Fotografía: Takahiro Haibara. Reparto:Shoko Ikezu, Serena Motola, Toshiyuki Nishida, Hidetoshi Nishijima, Tomokazu Miura. Productora:Broadmedia Studios.

Haru, de 17 años, emprende un largo viaje a través de Japón para buscar respuestas en una ciudad donde, en 2011, el devastador tsunami se llevó a su hermano y sus padres. Este viaje conduce a la joven, todavía atormentada por la pérdida, desde Hiroshima a Tokio, Fukushima y Ōtsuchi, donde una vez estuvo su hogar. A lo largo del camino, se encuentra con otras personas y con las historias de sus tragedias personales.

En 2010, el paisajista Itaru Sasaki no conseguía superar el duelo ante la muerte prematura de su primo. Para sentir que de alguna forma seguía conectado con él, restauró una vieja cabina telefónica y la instaló en el jardín de su casa, en Ōtsuchi. Así, tenía la sensación de que en cualquier momento podía hablar con su pariente fallecido, como si el aparato obsoleto mantuviera una conexión con el más allá.

Después del terrible tsunami, muchas personas comenzaron a utilizar esta particular cabina pintada de blanco, e incluso los japoneses peregrinaban para utilizarla, para poder dar el último adiós a sus seres queridos, como forma de sobrellevar mejor sus pérdidas. El director de este film contempló un documental en televisión sobre esta cabina tan especial, para adaptar la novela de Toshikazu Kawaguchi, publicada en 2018, Before teh coffee gets cold, con guion escrito por el propio director Nobuhiro Suwa, (El león duerme esta noche). Una película cargada de sensibilidad, narrada con pocos diálogos, y dotada de largas secuencias para ahondar en el sufrimiento de la protagonista, que siente y padece una creciente angustia vital, entrando en catarsis continua durante su viaje por Japón. Pero, esa peregrinación por el país, y el hecho de llegar a lugares como Hiroshima y Otsuchi, no es casual. Suwa, quiere conectar dos lugares y dos fechas, 1945 y 2011, momentos críticos en la historia del país del sol naciente, dos dolorosos traumas nacionales. La protagonista visita las ruinas de aquellos devastadores momentos, donde las huellas de la pérdida hacen que la protagonista estalle en un llanto desconsolado. Este director japonés, tiene una forma peculiar de rodar sus films, con cierta improvisación en las escenas, tomadas en localizaciones reales, y muchas veces, nutriéndose de personajes auténticos que incorpora al relato. La luz del sol, en numerosas ocasiones, quema la imagen para cobijar a la protagonista, dejando el trauma detrás, fuera del encuadre.

Un film que destila sensibilidad en cada secuencia, dejando muy patente el dolor, destacándolo lo mismo en la soledad individual, que desde la conciencia de las penas compartidas.

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