Para ver este sitio web deber tener activado JavaScript en tu navegador. Haz click aqui para ver como activar Javascript

Agentes del sector agroganadero ofrecen sus testimonios sobre el impacto del Covid-19 en los últimos 15 meses

Cosechando en la Jacetania. COOPERATIVA SANTA OROSIA

Los sectores de la agricultura y la ganadería no solo han aguantado el tipo durante la pandemia del Covid-19, sino que se han mostrado fuertes y han llegado a crecer un 4,7% en 2020, alcanzando sus mejores niveles en los últimos 17 años, mientras la actividad del comercio y la hostelería llegaba a sufrir un descenso del 24%, según cifras del Instituto Nacional de Estadística.

En el presente artículo se realiza una radiografía del sector primario de ámbito comarcal a través de la mirada de agricultores, ganaderos o distribuidores, que han sufrido la incidencia de la pandemia de una forma muy diversa, teniendo en todos los casos que redoblar sus esfuerzos para adaptarse a una realidad cambiante y atender las necesidades de la población.

Cristina Jarne, Cooperativa Santa Orosia

Uno de los grandes símbolos del sector agrario de nuestra zona es la Cooperativa Santa Orosia, cuyas instalaciones de Puente la Reina de Jaca suelen convertirse en punto de encuentro para los propios trabajadores del campo y los turistas que visitan la Feria Expoforga. Hoy en día, engloba a 206 socios repartidos principalmente por Jaca, Berdún, Santa Cilia, Santa Engracia, Sabiñánigo, Caldearenas, Yebra de Basa y Javierrelatre.

“En este sector, la pandemia no nos ha afectado. Los meses que hubo que quedarse en casa (del 14 de marzo al 21 de junio de 2020), la gente siguió trabajando igual. Si el campo para, no comemos; entonces, no podemos parar”, reflexionó la gerente de la cooperativa, Cristina Jarne, agregando que “la gente está muy concienciada y se ha adaptado bien a las medidas sanitarias”.

Durante lo que se lleva del año, “el precio del cereal está bastante alto, habiendo stock, y se cree que bajará poco”. La situación “es buena para el agricultor y mala para el ganadero, que tiene que pagar más por las materias primas” a la hora de dar de comer a sus animales. Por lo demás, en general, “el transporte no ha subido los precios” y esta cuestión “apenas se ha notado”.

Con respecto a la cosecha, asegura que “pinta bien” y que “puede ser normal, tirando a buena”, a la espera de posibles fenómenos meteorológicos como heladas o granizadas, que “suelen afectar más a la Hoya de Huesca” y no tanto a las comarcas del Pirineo oscense.

Antonio Aparicio, cooperativa Oviaragón Grupo Pastores

Antonio Aparicio es el director de Recursos Humanos (RRHH) y Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la cooperativa Oviaragón Grupo Pastores, que reúne a 800 pastores que dan vida a 400 pueblos y un millón de hectáreas. Del mismo modo, es la persona que ha ayudado a implantar todos los protocolos en la empresa y las explotaciones ganaderas.

“Con la pandemia, ha cobrado valor el hecho de formar parte de una cooperativa, porque hemos podido ayudar a nuestros socios”, comentó el zaragozano, agregando que los pastores aragoneses “han pasado meses tensos y trágicos” durante la peor fase del Covid-19, “cuando estaba la hostelería cerrada y las exportaciones paradas”. Además, el Grupo Pastores pudo capear mejor el impacto de la crisis al haber llevado a cabo “una diversificación” que a la postre ayudó a los socios a “mover el producto y aumentar el consumo”.

Uno de los problemas que se encontró la cooperativa fue “la escasez de equipos de protección individual” o EPIS, lo que obligó a redoblar los esfuerzos “para dar unos servicios mínimos y atender las urgencias” en la fase más crítica de la pandemia, en la primavera de 2020. Una vez aplicados los nuevos protocolos sanitarios, “se han controlado los contagios y no ha habido casos graves”, a excepción de alguna situación aislada.

La actual pandemia también ha generado ventajas entre los profesionales del campo, ya que “se ha acelerado la aplicación de las nuevas tecnologías al sector”, llegando a realizarse asambleas, reuniones y cursos de forma telemática. “Ha habido una importante labor de formar e informar”, según explica Antonio Aparicio, agradeciendo la buena acogida de los socios, ya que los eventos on line alcanzaron “una afluencia muy parecida” a aquellas actividades que se realizaban de forma presencial.

Por otro lado, Oviaragón demostró “la fuerza del grupo y la importancia de estar asociado” con el tema del esquileo, al dialogar con tres ministerios y hasta con la Casa Real, para conseguir fletar vuelos para traer esquiladores desde países como Uruguay o Polonia, sabiendo que “en España casi no hay, porque es un puesto duro y temporal, cuando es una labor que hay que hacer por bienestar animal”.

Ganaderos de la Cooperativa Oviaragón Grupo Pastores. SE

José María Navarro Mendiara, Franco y Navarro, S.A.

José María Navarro Mendiara es propietario de Franco y Navarro S.A., una empresa comercializadora de productos cárnicos. Su sede se encuentra en Zaragoza, si bien este empresario guarda lazos familiares con la Jacetania. “La tradición ganadera viene de mis abuelos, que ya trabajaban con las ovejas”, asegura el emprendedor, cuyo segundo apellido pone de relieve sus raíces ansotanas.

A causa de la pandemia, “en el último año se tomaron medidas que han generado un aumento de costes frente a algo desconocido” y al mismo tiempo “se reforzó el tema sanitario en salas, donde ya había una metodología de trabajo” que facilitó una rápida adaptación a los nuevos protocolos establecidos por el Ministerio de Sanidad.

Pese a todo, recuerda la primavera del año pasado por “el shock y el impacto económico”. Tras el primer estado de alarma, “se vendió bastante, pero luego la gente empezó a quedarse en casa y no iba a comprar”. “Hubo dos meses, abril y mayo de 2020, con precios baratos y en junio empezaron a remontar llegándose a pagar 4 o 5 euros más que en 2019”, señaló el empresario, agregando que “hubo que bajar los precios para vender fuera y acelerar el mercado”. En todo caso, “el problema no era el precio, sino el producto” y aquello “fue negativo para el que tenía mucha producción”.

Los costes de transporte “se encarecieron con los nuevos protocolos”, pero “no hubo problemas de distribución”. En este sentido, quiere “agradecer la labor de los carniceros” a la hora de “lograr un consumo mantenido del cordero”, que “consiguió salir adelante bajando los precios y por el hecho de ser un producto competitivo”.

Una de las curiosidades de la pandemia es que, “en 2020, España se abrió a otros mercados y las exportaciones supusieron un alivio”. Especialmente destacable es el caso de los países árabes, que “se han quedado como clientes, después de ver que el cordero español es bueno y que el ternasco es excepcional”. Actualmente, el sector “se mueve en niveles de precios muy buenos para los ganaderos y se espera que no decaigan mucho”.

De cara al futuro y “con una producción nacional mantenida”, se confía en la buena salud de las exportaciones, “para aumentar la rentabilidad de un producto que a veces tiene un precio alto, lo que afecta al consumidor”. No obstante, “el ovino es un sector muy costoso y sacrificado, en el que se trabaja 365 días al año”, como explica el empresario, añadiendo que unos buenos precios ayudan a “mantener a los ganaderos, recuperar su trabajo, cubrir costes de producción y dar beneficios, algo a lo que aspiran el resto de empresas”.

José María Navarro, propietario de la empresa Franco y Navarro, S.A. SE

Sergio Sarasa, agricultor de la Canal de Berdún

Sergio Sarasa es un joven agricultor de la Canal de Berdún que trabaja en Santa Engracia, Javierregay y Asso Veral, dentro de la provincia de Zaragoza. Cuenta con 1.000 ovejas y maneja la explotación con el respaldo de un pastor y dos trabajadores temporales para el campo, a los que hay que sumar la labor de sus familiares (su tío y su abuelo).

En contraste con el aumento del paro registrado por el comercio y la hostelería, “la pandemia no nos afecta y la gente pide trabajar en el campo, porque es un sector que funciona todos los días del año”, como explica el también jugador del Club Hielo Jaca, agregando que “el campo exige muchas horas y necesita gente cualificada a la hora de saber manejar la maquinaria”.

Tras el estallido del Covid-19 en España, en marzo de 2020, “los movimientos fueron más limitados y hubo que llevar los justificantes para moverse por la provincia de Huesca y Zaragoza”. Por lo demás, “se trabajó prácticamente como todos los años y prácticamente no hay variaciones”, según el joven, ya que “la pandemia no ha modificado los hábitos y se sigue la misma rutina”.

Enrique Martínez, ganadero de Javierregay

En la Canal de Berdún encontramos a Enrique Martínez, un ganadero de Javierregay con 1.000 ovejas de la raza Aragonesa, al que la pandemia tampoco consiguió trastocar sus hábitos laborales. “Cuando todo el mundo estaba en casa, no hubo más remedio que salir a dar de comer a los animales”, aseguró el jacetano, que cuenta con la ayuda de un pastor. “Los dos tenemos que ir con mascarilla en el vehículo. Es incómodo, pero es cuestión de adaptarse”, agregó, concluyendo que “hay el mismo trabajo y no han cambiado las rutinas”.

A nivel económico, “entre marzo y mayo del año 2020 se vivieron meses complicados, al depender mucho del sector Horeca (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías) y estar todo cerrado”. “Tras el verano, la economía empezó a remontar y hubo unos precios decentes”, según el ganadero, que explica que “si se vende por menos de 3 euros/kilo, se estaría por debajo de coste”.

Hoy en día y pese a que “el mercado nacional está estancado”, “los precios están bien y parece que van aguantando”, ya que “se exporta bastante” a otras naciones. En ese sentido, reconoce que “se depende mucho del mercado exterior y puede influir rápidamente”. Sin contratiempos, “el verano y el otoño pueden ser más o menos buenos”.

La pandemia invita a reflexionar sobre la inestabilidad de algunos sectores que sufrieron una fuerte caída desde el inicio de la crisis. En cambio, el agroganadero “es un sector que se mantiene bastante, ni sube mucho, ni baja mucho”, como explica el jacetano, reivindicando el sacrificio que exige la ganadería extensiva, a la que “hay que echar muchas horas, todos los días, no teniendo nada que ver con el ganado intensivo”.

Por ello, lamenta el impacto del oso, el lobo y sobre todo, el buitre, que “está todo el año” en la Canal, habiéndose registrado el último ataque a finales de mayo. El ganadero asegura que “ya no se asustan y se lanzan a por los corderos, teniendo que estar cambiando de campo a los animales y vigilándoles”, una problemática que cree necesario abordar, cuando ya se está nutriendo a los buitres con cadáveres procedentes de las explotaciones ganaderas.

David Brun, joven ganadero del valle de Echo, en su explotación. SE

David Brun, ganadero del valle de Echo

Otro de los referentes del sector primario de los Valles es David Brun, un ganadero que cuenta con unas 2.000 vacas y trabaja en el valle de Echo. A tenor de su experiencia, “el vacuno está yendo de mal en peor” como consecuencia de “un cóctel económicamente muy malo”, entre cuyos factores destaca “la bajada del consumo, un descenso brutal de los precios y el aumento del coste del pienso”, a lo que se suma un brote de lengua azul.

“Ha habido una bajada de precios muy importante que se mantiene a día de hoy. Los precios siguen bajando y están cayendo en picado. Económicamente, estamos muy mal”, apuntó el ganadero, lamentando la fuerte subida del pienso, que “se ha encarecido entre 10 y 15 céntimos por kilo”, lo que puede llegar a traducirse en “200 euros más de gasto por animal”.

Si bien es cierto que “las vacas pueden ingerir pastos en verano, en invierno comen en la cuadra”. Y la meteorología viene jugando en contra del sector vacuno, dado que “el invierno es largo y en los últimos años ya nieva en octubre”, de modo que “la situación en la Jacetania no es la misma que en la Hoya de Huesca, por ejemplo”. Además, Echo y Ansó se encuentran entre las zonas más afectadas por el oso.

Por otro lado, el sector vacuno se está viendo afectado directamente por los confinamientos y el retroceso de la hostelería. “Con los restaurantes cerrados, han bajado mucho el consumo y los precios. Es algo que no tiene solución y que depende del mercado. Si los restaurantes pueden abrir, estaremos mejor todos”, apuntó el ganadero, que se muestra pesimista y cree que el vacuno no acabará de recuperarse hasta el año 2022.

No hay comentarios todavía

Los comentarios están cerrados