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El inocente (2021)

Duración: 50 min. País: España. Dirección: Oriol Paulo. Guion: Jordi Vallejo, Oriol Paulo, Guillem Clua. Novela: Harlan Coben. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Bernat Bosch. Reparto: Mario Casas, Aura Garrido, Alexandra Jiménez, José Coronado, Juana Acosta, Miki Esparbé, Martina Gusman, Xavi Sáez, Ana Wagener, Susi Sánchez, Gonzalo de Castro, Anna Alarcón, Josean Bengoetxea. Productora: Sospecha Films y Netflix España.

Miniserie de ocho episodios. Cierta noche, hace nueve años, Mateo termina convirtiéndose en un homicida durante una pelea. Años después, su vida se ha reiniciado: con trabajo, mujer y una casa de ensueño; pero todo se complica al recibir una extraña llamada de teléfono que volverá a destrozarlo todo por segunda vez.

Este film es la adaptación de la novela homónima de Harlan Coben, autor estadounidense que reelabora acontecimientos no resueltos o mal interpretados en el pasado, aplicando siempre giros trepidantes, manteniendo en vilo a sus lectores. Oriol Paulo, coautor de la adaptación y director al mismo tiempo, conserva fielmente el espíritu del relato, evitando recursos manidos del género thriller, mediante una impecable factura, con apariencia de serie más cercana a Hollywood que al cine patrio. Aspectos técnicos sorprendentes, con espectaculares localizaciones y esmerada fotografía, poniendo gran cuidado en la iluminación. Un hábil montaje, donde al principio todo parece inconexo, al proporcionarnos distintas visiones desde cada personaje, refiriendo su historia. El reparto es excelente: existe calidad y profundas interpretaciones. José Coronado en estado de gracia, aparece algo contenido, incluso se podría decir que desaprovechado. Destacaremos a Aura Garrido y Alexandra Jiménez, quienes soportan un peso muy importante de la serie. Sin embargo, Mario Casas continúa con la tónica de registro pobre y dicción nula, no pudiendo entender cómo este actor sigue situado en primera línea.

Serie adictiva, que incita a pulsar el botón de capítulo siguiente, hasta terminarla, porque es imposible tener la previsión de lo que va a suceder. Cada 50 minutos aparecen nuevas bifurcaciones en la historia, sin poseer la capacidad de encajarlas, como si de un misterioso puzle se tratara. Si bien, llegando a los capítulos finales, el espectador curtido puede intuir el desenlace, y, aun así, puede ser que se equivoque, al hallar o tropezarse con lo inesperado.

En medio de películas casposas, grises y tristemente mediocres, aparece esta serie, dando crédito a nuestro cine, mostrando que aún se pueden realizar obras de alta e indiscutible calidad. Además, cuando es Netflix quien está a cargo de la producción, impone la existencia de un fenómeno atípico en nuestras series, consistente en la desnacionalización. Evitando así demasiados tópicos españoles, para que pueda funcionar durante su lanzamiento internacional en toda la plataforma, logrando tener éxito en otros países, y demostrando que tenemos directores sin ningún temor a realizar proyectos de éste y de mayores calibres.

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