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Tigre blanco (The White Tiger,2021)

Duración: 131 min. País: India. Dirección: Ramin Bahrani. Guion: Ramin Bahrani, (Libro: Aravind Adiga). Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans. Fotografía: Paolo Carnera. Reparto: Adarsh Gourav, Priyanka Chopra, Rajkummar Rao, Perrie Kapernaros, Abhishek Khandekar, Nalneesh Neel, Aaron Wan, Vedant Sinha, Solanki Diwakar, Ram Naresh Diwakar, Mahesh Pillai, Harshit Mahawar. Productora: Netflix, Lava Media y Noruz Films. Distribuidora: Netflix.

Cartel de la película.

Balram Halwai (Gourav) narra su ascenso épico y cargado de humor oscuro, desde aldeano pobre a empresario exitoso en la India moderna. Astuto y ambicioso, Balram se abre camino para convertirse en chófer de Ashok (Rao) y Pinky (Chopra Jonas), que acaban de regresar de Estados Unidos. La sociedad lo ha condicionado para ser un sirviente, por lo que se vuelve indispensable para sus ricos amos. Aunque una noche todo cambia.

El director Ramin Bahrani, estadounidense, pero de ascendencia iraní, lleva dos décadas haciendo cine, al estilo de Hollywood, pero con algunos toques de independiente o “indy”, tanto por las historias en las que basa sus films, como por ambientaciones poco convencionales. Suele trabajar adaptando novelas, como fue la serie de televisión Fahrenheit 451, (Ray Bradbury). En Tigre Blanco transporta al cine la novelahomónima de Aravind Adiga. Bahrani es profesor de cinematografía en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Columbia. Y este dato se percibe en que no pierde la frescura. Estar en contacto con la docencia de futuros directores, le actualiza en visión y en estética que luego se reflejará a través de sus obras. El título, en Europa, sería El cisne negro, que es el equivalente a Tigre Blanco. Un suceso que se caracteriza por su rareza, ya que está fuera de las expectativas normales, y así, produce un tremendo impacto. Debido a estas circunstancias, la naturaleza humana inventa explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que erróneamente se hace comprensible y predecible. La película nos acerca a una dura realidad: muchos habitantes de la India son esclavos legales en nuestra época. La única salida para las castas inferiores es conseguir un puesto de trabajo en la servidumbre de algún amo rico, que los tratará con insultos, desprecios y golpes. Bahrani nos lo muestra sin reparos durante más de dos horas, como ocurría en Slumdog Millionaire. Empatizamos inmediatamente con el protagonista, pues deseamos que algún día cambie su destino.

Destacaremos la banda sonora con temas famosos de la India, junto a dos composiciones originales de gran profundidad. Igual que la fotografía, por el uso de luminosidad y explosión de color para las zonas más pobres, y para la ciudad, la oscuridad de los sótanos y las barriadas inseguras.

Film sorprendente, plagado de humor negro y políticos corruptos, donde se perpetúa su sistema de clases, obsoleto e inhumano, y la inevitable, aunque necesaria crítica a occidente, que solo ha sabido exprimir a otras culturas. Además, por su magnífico ritmo, la narración se desliza ante nosotros rápida y fluida.

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