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Podría decirse que el apellido Banegas es sinónimo de trabajo, tesón y voluntad de sacar una familia adelante. Domingo y Carmen ahora disfrutan de un merecido retiro y han quedado como un referente social, encarnación del esfuerzo y el trabajo. Son esos referentes sociales discretos que dejan huella y son dignos de elogiar y reconocer, y de los que empieza a estar tan falta la sociedad de nuestros días.

Furgón utilizado por la familia Banegas para recorrer las fiestas de lo pueblos y asistir a un sinfín de actividades y eventos.

Es habitual que las sociedades reconozcan a personajes notables por su aportación a la ciencia, a la técnica, a la sanidad, a la cultura, etc. Hombres y mujeres cuya dedicación profesional ha supuesto notables mejoras en las condiciones de vida de la humanidad. A ellos se les dedican grandes premios, homenajes y reconocimientos públicos dedicándoles calles y plazas con sus nombres y los políticos al uso se parten la cara por fotografiarse con ellos.

Pero en la evolución de las sociedades, junto a importantes piezas, existen “piezas sencillas”, discretas, las cuales no gozan de esos grandes reconocimientos a los que antes he hecho mención. Son gentes que desarrollan trabajos humildes, pero cuya labor nos hacen el día a día más agradable o fácil, por decirlo de algún modo. Gente que solo ha conocido el esfuerzo, el trabajo, la constancia, el tesón, valores que ahora están en desuso al amparo de eso que se llama “la sociedad del bienestar”.

Hace poco, y cuando con unos amigos hablábamos de la actual situación de la hostelería y de lo difícil que está siendo para muchos, nos vinieron a la cabeza algunas de esas familias para las cuales atender al público, ofrecer lo mejor de sí, a través de las comidas, de la bebida, había sido el eje de su vida. Y a partir de ese esfuerzo, sacar a unas familias, muchas veces numerosas. Gentes para las cuales no existían las vacaciones, ni los fines de semana ni ninguna de esas otras circunstancias de las que disfrutan el resto de los mortales. Su vida se basa en el trabajo, el trabajo y el trabajo. Me vienen a la memoria, la familia Franco, del Mesón de Castiello; la familia Varela, de casa Varela; la familia Prada, del antiguo bar Riglos y ahora El Wilson, o la familia Blasco, de la Campanilla, entre otros.

Y valga este preámbulo para hacer mención a una de esas familias que siempre me han llamado la atención como es la familia Banegas, encarnados en Domingo y Carmen. Familia humilde que desde temprana edad abandonaron su tierra natal, en Jaén y Salamanca, respectivamente, para echar raíces en el Pirineo aragonés; aquí se asentaron. Mis primeros recuerdos del matrimonio Banegas son de muy niño, cuando empujaban un carro freidora y los fines de semana se colocaban junto al quiosco del paseo y en aquellas esplendidas tardes de primavera verano y otoño nos brindaban sus patatas fritas y churros. Y mientras Carmen no paraba de darle a las frituras, Domingo departía charla con los clientes que por ahí se acercaban. Y es que ese departir con la gente también forma parte importante de estar detrás del mostrador.

Pero el paso del tiempo decidió que había que mejorar la oferta, y se hizo con aquel famoso camión SAVA del cual todos tenemos una imagen imborrable. Y la inversión, había que rentabilizarla. ¿Cómo? Pues recorriendo carreteras sin parar, estando omnipresentes en todas las fiestas de los pueblos y eventos. Y ahí estaban los dos, Carmen y Domingo. Y con el paso del tiempo se fueron incorporando los hijos, porque en esas familias todo el mundo empuja.

Los militares hicieron de Banegas un elemento imprescindible cuando había que ir al tiro a Batiellas y entre medio de los uniformados, los cetmes y los blancos, sobresalía el furgón de Banegas satisfaciendo la gana y la sed de la tropa, y de fondo “la musiquilla” de los tiros. Y si se iba de maniobras a San Gregorio, se avisaba a Banegas, para que no faltara, si no se suspendían las maniobras. Y de las maniobras militares al Primer Viernes de Mayo, y de ahí a la romería de la Virgen de la Cueva, y vuelta a empezar, porque para los Banegas no había descanso, todo era un ir y venir.

Y así, año tras año, incansablemente. Hubo un momento en el que Domingo decidió que había que hacerse sedentario y montaron el bar de la plaza Biscos. No rebuscaron nombres originales y recurrieron al más popular, a una seña de identidad propia: “Casa Banegas”. Y ahí estaba el matrimonio, una vez más, a lomo torcido y siempre con una sonrisa; nunca, absolutamente nunca los vi con una mala cara. Y reforzados por Txomin, Fernando y Carlos en “primera línea”, y cómo no Juanjo, en una tarea más discreta, pero no menos importante, como llevar la gestión de casa. Un ejemplo que se repite en la hostelería nacional dentro del ámbito familiar, todos empujando. Y me viene a la cabeza aquella frase que un día me dijo Esther Franco del Mesón de Castiello: “Mira, Quique, para que esto vaya adelante hay que criarse entre cajas de San Miguel”.

Pero, por si todo eso fuera poco y como aún le “quedaba tiempo”, allá, a mediados de los 90, tuvo un fugaz paso por la política local. Porque para Domingo y Carmen, los momentos de descanso eran pocos.

Podría decirse que el apellido Banegas es sinónimo de trabajo, tesón y voluntad de sacar una familia adelante. Domingo y Carmen ahora disfrutan de un merecido retiro y han quedado como un referente social, encarnación del esfuerzo y el trabajo. Son esos referentes sociales discretos que dejan huella y son dignos de elogiar y reconocer, y de los que empieza a estar tan falta la sociedad de nuestros días. Son esas piezas modestas, de las que a corto plazo se puede prescindir, pero cuando te das cuenta los echas de menos, tienes la sensación de que algo falta (me pasa lo mismo con Manolita) y que las cosas ya no son como antes, que han formado parte a lo largo del tiempo, de un paisaje urbano, ahora añorado. Y es que como un día me dijo mi padre, las gentes como Banegas, también hacen patria.

Y quiero, desde estas líneas, rendirles mi particular y sincero homenaje, y se lo quiero rendir en vida. Que sepan que hay gente que les admira y que respeta su trabajo intenso, modesto y sencillo. Y que ministros con conceptos imbéciles, como Alberto Garzón, que sostenía que la hostelería no aportaba nada al PIB español, ese burgués camuflado de “progre”, nunca les podrán hacer sombra a gente como la familia Banegas, porque ni conocen ni saben lo que es el trabajo, el esfuerzo y la constancia.

Sirva el presente escrito como mi particular homenaje para toda esa hostelería, en particular la local, que en el último año ha sido maltratada, vilipendiada y denostada por unas autoridades nacionales y autonómicas; que la han utilizado como cortina de humo para ocultar su incapacidad en la gestión de ese desastre llamado COVID-19.

Firmado: Enrique DE FUNES CASELLAS
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