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Gambito de Dama (The Queen’s Gambit, 2020)

Duración: 60 min. cada capítulo, 7 capítulos. País: Estados Unidos. Dirección: Scott Frank y Allan Scott (Creadores). Guion: Scott Frank. Novela: Walter Tevis. Música: Carlos Rafael Rivera. Fotografía: Steven Meizler. Reparto: Anya Taylor-Joy, Isla Johnston, Annabeth Kelly, Bill Camp, ChristianeSeidel, Rebecca Root, Chloe Pirrie, Marielle Heller, Harry Melling, Patrick Kennedy, Jacob Fortune-Lloyd, Sergio Di Zio, Dolores Carbonari, EloiseWebb, Max Krause, RyanWichert, Jonjo O’Neill, Louis Serkis, Janina Elkin, John Schwab, Millie Brady, Bruce Pandolfini, Marcus Loges, Thomas Brodie-Sangster, Moses Ingram. Productora: Netflix.

El ajedrez siempre ha sido fuente de inspiración para el mundo del cine. Algunos films fueron el pretexto para contarnos algo más, y como metáfora de la vida: El séptimo sello. Incluso para resolver un asesinato en la adaptación al cine del libro de Pérez-Reverte, La Tabla de Flandes. O cómo el ajedrez es una excusa para tratar la guerra fría. El juego más frío (2019) desarrolla una partida, mientras, en 1962, la crisis de los misiles cubanos amenaza la paz mundial.

Muchas de ellas se basan en la vida de niños que comenzaron a ser grandes ajedrecistas. La indispensable En busca de Bobby Fischer (1993), alternando la vida del gran genio Fischer y la de un niño que ha comenzado en el mundo del ajedrez.  Conjuntamente con La jugada maestra, sobre Boris Spassky. También, La Defensa Luzhin(2000), con otro niño prodigio, y por supuesto el documental Magnus, acerca de la nueva figura internacional, el noruego Magnus Carlsen.

Kentucky, años 60. En plena Guerra Fría, la joven Beth Harmon (Anya Taylor-Joy) es una huérfana con una aptitud prodigiosa para el ajedrez, que lucha contra sus adicciones mientras trata de convertirse en la mejor jugadora del mundo, derrotando a los grandes maestros, en especial a los rusos.

A priori, podría parecer que los eruditos en esta disciplina podrían disfrutar más de esta serie, porque se zambulle en los torneos, en los preparativos y en lo obsesivo que puede llegar a ser competir en los niveles más elevados. Pero no es necesario tener conocimientos de ajedrez para poder emocionarse con esta brillante miniserie.

Una dirección muy elegante de Scott Frank, con movimientos de cámara que parecen el recorrido de los escaques de las piezas. Perspectivas visuales, junto a una perfecta recreación de la época, combinación de lujos y miserias. Y un buen tratamiento de las partidas de ajedrez, que podrían caer en el aburrimiento, o en la falta de acción. Pero resultan todo lo contrario: son absolutamente dinámicas, atendiendo a crear ritmo y espectacularidad. Y, sobre todo, la fotografía de Steven Meizler, casi de película de misterio, con claroscuros, contrastes brutales que intimidan, y sombras que acechan.

No solo es ajedrez. Es arte, el juego de los juegos, donde la inteligencia dota de ventaja al jugador, ya que los conocimientos y estrategias se pueden memorizar, aunque lo que no resulta fácil es innovar, crear algo diferente. Una gran interpretación de Anya Taylor-Joy, con cierto aire de “Amelie”, que atrapa al espectador, por sus múltiples matices. Cada uno cuenta con lo que tiene, y si desea cambiar, la evolución es imprescindible. Una metáfora total de la historia, confeccionada con el propio ajedrez.

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