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El último poemario de Francisco Ferrer Lerín es una obra experimental y moderna que algunos autores la sitúan en el terreno de la “escritura fronteriza”

Grafo Pez
Propiedades generales: Es plano, ya que puede representarse sin que sus aristas se crucen. Es 1-conexo por vértices; tiene un vértice de corte y, por tanto, no es hamiltoniano. Es 2-conexo por aristas. Al tener un vértice de grado 4 y los demás vértices de grado 2, el grafo pez es euleriano.
Coloración: El número cromático del grafo pez es 3. Es decir, que es posible colorear los vértices con tres colores tal que dos vértices conectados por una arista tengan siempre colores diferentes. El índice cromático del grafo pez es 4. Esto es, existe una 4-coloración por aristas del grafo tal que dos aristas incidentes a un mismo vértice son siempre de colores diferentes.
Propiedades algebraicas: El grupo de automorfismo del grafo pez es un grupo abeliano de orden 4 isomorfo a Z/2ZxZ/2Z, el grupo de Klein.

En el campo matemático de la teoría de grafos, el grafo pez es una estructura con 6 vértices y 7 aristas, cuya representación se asemeja a un pez. Partiendo de esta premisa, el escritor Francisco Ferrer Lerín utiliza este elemento gráfico para dar una muestra de lo que quiere que sea su literatura, un escenario de comunicación claro y preciso, en el que no tienen cabida segundas interpretaciones ni juegos retóricos. Grafo Pez da título al último poemario del autor barcelonés tras completar la trilogía formada por Fámulo, Hiela sangre y Libro de la confusión. Es un libro, como el propio autor explica, que se mueve en “la indefinición de géneros”, una obra experimental y moderna que algunos autores la sitúan en el terreno de la “escritura fronteriza”.

Pregunta. Grafo Pez y Cuaderno de Campo se editaron prácticamente a la vez, pero son de naturaleza muy distinta. Cuaderno de Campo es un compendio de citas que nos acercan a su universo personal y literario, mientras que Grafo Pez es una obra experimental, en la que pone en cuestión el propio concepto de la poesía. ¿Hasta qué punto es necesario replantearse el concepto que tenemos de la poesía?

Respuesta. La simultaneidad en la publicación de Grafo Pez y Cuaderno de Campo es fruto de la anomalía en la que estamos sumidos; la pandemia trastoca fechas y, a menudo, las aniquila. Cuaderno de Campo es un libro de respuestas, respuestas a las preguntas a las que se me somete en las entrevistas de estos últimos veinte años, respuestas que se convierten a menudo, al carecer de contexto, en aforismos espontáneos, incluso en adagios (es una excepción el mano a mano que mantengo con Félix de Azúa, que se reproduce íntegro). Grafo Pez es un libro de poesía que se mueve en el territorio que me resulta más grato, el de la indefinición de géneros, lo que Rafael Argullol llamó, quizá de forma un tanto abusiva, en aquel recordado artículo de El País, escritura fronteriza. ¿Replantearse el concepto “Poesía”? Pues a lo mejor habría que decir que la poesía es un género muy amplio, un género en el que caben muchas maneras de entenderlo y que, forzando un poco las cosas, incluso se podría hablar de un género vivo, casi de un organismo vivo; quiero decir que a lo mejor no es necesario replantearse nada, que el género poético tiene su propia dinámica, y ella nos lleva.

P. ¿Hacia dónde debe enfocarse? En su caso, ¿qué itinerarios líricos le interesan actualmente?

R. “Enfocarse” parece solicitar un espacio hacia el que situar el foco. Diría que el foco del lector es móvil y lo puede (debe) situar donde le procure mayor dosis de interés, de placer. En mi caso, carezco de pautas, acudo, en el campo de la lírica, donde mis consejeros me recomiendan, aceptando que es tarea imposible estar al tanto de todo lo que se produce; es inmensa la cantidad de poetas que publican en España, producción convertida, por otra parte, en pasto exclusivo de otros poetas.

P. Grafo Pez, el texto que da título al libro, aparece incrustado entre poemas. Es un enunciado que habla del campo de la teoría de grafos con la precisión del lenguaje científico. No hay lugar para la interpretación ni para la retórica. ¿La estética literaria de Grafo Pez está en la forma, en lo que aparenta, más que en lo que significa?

R. En mi escritura no abundan las interpretaciones, son escasas las metáforas y abomino de los dobles sentidos. El enunciado sobre la teoría de grafos es ejemplo de lo que quiero que sea mi literatura, un escenario de informes, de redacción limpia de repeticiones y adjetivos hueros. Efectivamente, en el texto Grafo Pez, la estética está mucho más en el significante que en el significado, pero este siempre ha de circular por los caminos que me son propios, y la matemática es un camino que lo es, por ausencia, por ese vacío que ocupa en mi limitado ámbito cultural, en compañía, desde luego, del desconocimiento de algunas lenguas indispensables.

P. ¿Se podría hablar de anti poesía?

R. Yo no llegaría a tanto. Ni siquiera a catalogarla como poesía experimental. Simplemente hablaría de una fase final en la trayectoria del oficio de escritor, cuando se fuerzan los mecanismos para poder permanecer un poco más en ese privilegiado estado de poeta reconocido, mecanismos que trabajan, en primer lugar, para evitar convertirse en repetidor de un poema inicial, esa angustia que nos atenaza a todos los que lidiamos con este género y, en segundo lugar, para intentar utilizar con éxito nuevos materiales y nuevas arquitecturas.

P. La teoría de grafos se aplica, entre otros campos, en computación, las redes sociales y el almacenamiento de datos, ámbitos en los que usted viene interesándose desde hace ya un tiempo. Triángulo Gmail, texto que se recoge también en este libro, es un ejemplo de esa inquietud por el léxico científico. ¿Hay poesía en el lenguaje científico?

R. La poesía está siempre en la redacción, sea de una novela, de un relato, de un poema convencional, de una nota necrológica o de una crónica taurina. La ciencia, la explicación de la misma, dispone de unos códigos que pueden resultar atractivos, hasta el punto de poder usarse en bruto como poemas; basta buscarlos y, en algún caso, modificarlos levemente.

P. Como usuario habitual de los diccionarios como fuente creativa y autor de El Bestiario de Ferrer Lerín, ¿no estaría interesado en crear una obra similar de términos cibernéticos?

R. No. No estoy capacitado para emprender esa tarea.

P. Chats, blogs, wifi, log-in, log-out, password, spam, hackeo, malware, sexting, grooming… la lista es interminable. ¿Es necesario poner un poco de orden a esta especie de jungla de términos importados de otras lenguas, sobre todo del inglés?

R. Esta es una cuestión ardua. La Academia de la Lengua, de modo intermitente, procura poner algo de orden, pero sus esfuerzos resultan casi siempre vanos. Por un lado, la inmersión en la cultura anglosajona es imparable, en especial entre los adolescentes y, por otro lado, la eclosión de términos tecnológicos perecederos se produce a tal velocidad que no da tiempo a su conversión a formas equiparables españolas. Otra cosa son los términos que permanecen y que sí deberían gozar de una traducción; me refiero a que no tiene sentido usar, por ejemplo, “mail” en vez de “correo”, “tablet” en vez de “tableta”, “link” en vez de “enlace”, “container” en vez de “contenedor”, “basket” en vez de “baloncesto”.

P. Grafo Pez, un concepto matemático, da título a un libro cuyo primer poema está dedicado a la palabra. ¿Hay paralelismos entre el lenguaje de los números y el de las palabras?

R. Los números y las palabras son signos, y detrás de ellos se esconden los significados. Claro, los sintagmas, los fonemas, disponen de otros elementos a valorar cuando se cuenta con ellos para construir un verso o un párrafo, no siendo los menos notables la sonoridad, la extensión o la posible extrañeza. Los números, no su lenguaje, que se adentra en el coto cerrado de la aritmética, sirven para los poetas experimentales, para quienes descubren en la combinatoria y en el grafismo señales inequívocas, hallazgos propios del arte.

P. En el poema Glotón de mí recurre al Antiguo Testamento, al episodio de la construcción de la Torre de Babel, para evidenciar que las lenguas siguen utilizándose como elemento de confrontación en vez de entendimiento. ¿Seguimos siendo víctimas de la confusión?

R. La diversidad de lenguas, la no existencia de una sola, constituye un castigo; así puede interpretarse leyendo la Biblia. Y así es a menudo; la dificultad en la comunicación entre individuos motivada por la no comprensión de lo que habla el otro empobrece el desarrollo de los pueblos, crea conflictos. En nuestra historia española reciente los ejemplos, por lo obvio, no requieren comentario; queda claro que el argumento de que la variedad lingüística enriquece a una nación no pasa de ser una soflama, una entelequia solo aplicable a los reducidos espacios de investigación académica, a los laboratorios donde se estudian las lenguas como se pueden estudiar los fósiles o las polillas.

P. En Grafo Pez incluye textos nuevos con otros que ya han sido recogidos en libros anteriores. Lo curioso es que poemas que ya hemos leído antes, suenan o parecen distintos, como si no se hubieran escrito nunca y se hubieran concebido de forma específica para cada una de las obras en las que aparecen. ¿Concibe cada libro como una obra abierta donde las ‘piezas’ pueden intercambiarse y adoptar papeles distintos?

R. Muy interesante reflexión que quiero acompañar con un ejemplo. El editor malagueño Francisco Cumpián propuso publicar una antología de mis poemas utilizando procedimientos artesanos de tipografía y, para darle al contenido del libro un nivel apropiado, me pidió que buscara a un antólogo de mi confianza. Hablé con mi amigo, el profesor y teórico literario, el jaqués Juan Buil Oliván, y este preparó el volumen, titulado El primer búfalo, eligiendo los textos y redactando un prólogo. Pero ocurrió algo; Juan Buil almacenó en su ordenador los poemas que había elegido y cuando tuvo el prólogo terminado y los fue a volcar en la versión definitiva se encontró con que el ordenador los había ordenado alfabéticamente. Lo discutimos y, al final, decidimos mantener ese orden azaroso, lo que dio, innegablemente, un nuevo sentido a cada uno de los poemas; se leían de otra forma.

P. Se habla también de “vasos comunicantes”, de un cordón umbilical que marca su estilo literario…

R. Habría que delimitar cuál es el campo de actuación de esos “vasos comunicantes”, ¿se habla de comunicación entre mis libros y los de otros autores o se habla de comunicación entre mis libros exclusivamente, un intercambio interno que quizá conformaría la idea de un libro único? En el primero de los dos campos nos hallaríamos inmersos en el proceloso mar de las influencias (¿en mi caso reducidas en exclusiva a Saint-John Perse y Borges?) o, incluso, en el de la copia, que debería ser inversa, el famoso “plagio inverso”, que contempla un solo sentido en ese transporte, que llevaría a pensar que quienes copian son ellos, los que me antecedieron, dada mi repugnancia por las tácticas imitativas. Y en el segundo de los campos de actuación, que quiero pensar que es del que se habla, actuaríamos en un escenario de absoluta libertad, con gran movilidad de los elementos valiosos, o lo que es lo mismo con el deseo de rentabilizar determinados textos, mediante su publicación en varios de mis volúmenes.

P. Sus poemas no copian la realidad, la interpretan y la abstraen hasta la raíz, tanto en el fondo como en la forma, hasta que surge algo nuevo. Es como el Fénix, el ave sagrada, se alimenta a sí mismo y renace constantemente.

R. La manera de tratar la realidad define los estilos literarios, incluso los que se caracterizan por carecer de estilo aparente. En mi caso puedo llegar hasta el costumbrismo si creo que es buen método para obtener determinados resultados, encaminados, casi siempre, a generar asombro, en el lector y, en primer lugar, en mí mismo. Esta interpretación se produce mediante diversos procedimientos, los habituales echan mano de una sintaxis de corte judicial, policial, forense, para que la asepsia entorpezca, aunque pueda pensarse lo contrario, una reproducción fiel de la realidad, pero, en cambio, a la hora de recuperar los sueños, es la fotografía exacta de lo soñado, en especial su atmósfera, lo que se trata de plasmar. La abstracción, que usted cita, fue el rótulo que alguien aplicó a algunos de mis poemas de juventud recogidos en La hora oval; se oyó decir que tal texto era una abstracción del modernismo y que tal otro era una abstracción del thriller, o sea que pretendían captar el espíritu de esas disciplinas.

P. En Plastic World, apud sagrada Biblia pone de manifiesto la degradación de la naturaleza por la acción humana. ¿Hay margen para la esperanza o estamos ya condenados a vivir en un mundo plastificado?

R. Una esperanza a larguísimo plazo solo alcanzable en la siguiente etapa de la humanidad, la que logre reducir, no mediante el exterminio, pero sí mediante el control de los nacimientos, la población planetaria, y regule con efectividad la emisión de contaminantes. Ambas metas conseguidas gracias a acuerdos entre todas las administraciones mundiales y el desarrollo y aplicación de la tecnología y de la ciencia.

Fotografía de portada: ANA LÓPEZ ARTILLO

Ferrer Lerín, el legislador marginal o referente desterrado y casi secreto de la promoción novísima, e inevitablemente de otras posteriores también en Hispanoamérica en trance de hacerlo predecesor, ha superado a todos sus coetáneos en “libertad imaginativa y fervor iconoclasta”, incorporando elementos de cada etapa de su trayectoria de taumaturgo o de tahúr a la estructura de un texto original, y que ya en su primera juventud había “quemado su nombre”. Los colirios originales para Ferrer Lerín fueron Pound, el primer Eliot y Perse, como lo fueron para los americanos Carlos Martínez Rivas y Gerardo Deniz, con quienes además reivindica una manera permanente de entender y hacer poesía vesicante. Ya su reconfortado amigo Pere Gimferrer escribió en 1987 de los poemas del ornitólogo Ferrer Lerín que “todavía sabemos, podemos, queremos leer cosas escritas de este modo”, y en este siglo en el que se ha prodigado su filo, no podemos sino otra vez reconocer que necesitamos la revulsión de esas cosas, de esos modos.

AURELIO MAJOR
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