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Es hora de que el Pirineo se una de verdad y encuentre un modo de vida y unas fuentes de ingresos que no dependan exclusivamente del turismo y sus exigencias, ni de la masificación

Ocupación en Jaca durante la Semana Santa de 2017. EL PIRINEO ARAGONÉS

Comprendo que es difícil manejar una pandemia y que les han echado a las espaldas la responsabilidad de gestionar la salud de toda la comunidad autónoma, responsabilidad que por otra parte exigían cuando la tenía el poder central y decían que no se debía actuar con centralismos porque no en todos los lugares estaba la cosa igual. Y era verdad. Como ahora en Aragón.

Comprendo que el puente del Pilar pagamos las consecuencias de una relajación equivocada por parte de la población y autoridades, aunque se podía haber evitado controlando un poco más los lugares de altas incidencias y evitando desplazamientos desde ellas hacia puntos que estaban limpios y tranquilos, aunque sé que también habría habido críticas desde ahí por temas económicos.

Comprendo que debe primar la salud por encima de todo, y que Aragón es cierto que se ha adelantado en tomar medidas con la debida anticipación para evitar que la bola de nieve se haga muy grande y evitar colapsos hospitalarios antes de que se demasiado tarde.

Comprendo que en vísperas de arrancar la temporada de esquí y ante la falta de nieve, hubiera un margen de maniobra y de tiempo a la espera que la incidencia bajara y se justificara su apertura en navidades y no antes, lástima de las nevadas de primeros de diciembre, que pusieron las estaciones a punto para abrir y al gobierno de Aragón esa nieve les pilló con el paso cambiado (seguramente porque no nevó en Zaragoza)

Pero la comprensión se acaba, se quema, se agota, se fulmina.

La comprensión se acaba cuando llega el puente de diciembre y desde nuestros balcones con vistas a las montañas vemos todo vacío y pensamos que es por nuestro bien, para salvar nuestra salud (cosa que es cierta), pero por otro lado nos llegan imágenes de centros comerciales y calles de grandes ciudades a reventar, facturando lo que no está escrito y sin que se perciba que haya control ninguno que haga respetar las mismas normas que nos exigen en lugares con menos población.

La comprensión se quema cuando nos dicen una cosa y la contraria en un margen de pocos días, que si abrimos las provincias y las estaciones de esquí un día, y poco después, cuando el mundo que vive de la nieve se prepara para poder abrir aunque sea con el público aragonés solamente, de repente se cambia de idea y se dice que no, que las provincias siguen cerradas y que si alguno quiere abrir que lo haga pero que Aramón (empresa en la que finalmente mandan ellos) no abrirá porque no es rentable. Astún decide abrir y como “regalo” le envían a la Unidad del Cuerpo Nacional de Policía adscrita a la Comunidad Autónoma de Aragón a controlar que no entre gente que no puede. Ojo, que me parece perfecto, soy de los que dice que las normas están para cumplirse y que hay que hacerlas cumplir. Reconozco que soy de los que disfruta cuando un espabilado se salta una norma y lo pillan, bien merecidas esas multas a gente que se saltó el confinamiento para subir a esquiar. Pero es que no fue hasta mitades de enero cuando con las nuevas restricciones y ante el clamor popular a estos mismos los mandaron un par de días a los grandes centros comerciales de Zaragoza para “controlar los aforos”. Un “poquico” tarde ¿no? A lo mejor si lo hubieran hecho durante las semanas de antes de navidad y hasta reyes, los contagios de la capital habrían sido menos. Pero claro, había que hacer caja.

La comprensión se agota cuando nieva en Zaragoza (medio palmo eh, que no fue mucho más) y se suspenden las clases en todo Aragón durante dos días. Fue surrealista ver como chavales de Villanúa o de Biescas que para ir a la escuela tienen que cruzar la calle no pudieron asistir porque Filomena había sido muy mala y hacía mucho frío. Como si por aquí no pasara eso un invierno sí y otro también…

Y la compresión se fulmina cuando, después de pasar dos meses con unas restricciones voraces, y asumiendo que al menos han servido para que no haya casos por esta zona del Pirineo gracias a ellas, y asumiendo que el cierre perimetral todavía es necesario hasta que no se “limpie” el resto de Aragón y abrir no suponga un peligro se pide que, al menos, se flexibilicen un poco los horarios en lugares con baja incidencia para poder retro alimentar la economía lo que se pueda a base de consumo local, y se recibe como respuesta del presidente del gobierno de Aragón una contestación en forma de burla, tachándonos de pueblerinos caprichosos y con la guinda de la risotada debajo de la mascarilla de la consejera de Economía y presidenta de Aramón. Y ya, para forro bota mandan el último fin de semana a la misma policía adscrita por las calles de Jaca a “controlar” que se cumplen las medidas en la ciudad de más de 10.000 habitantes con menos incidencia de todo Aragón. Y no creo que fuera para aprender de cómo se hacen bien las cosas y tomar nota de ello.

Pedimos comprensión, ayudas, sensatez, respuestas acordes a las situaciones concretas, pero, como mínimo, pedimos que no se nos rían. No somos aragoneses de segunda, no somos una postal, no somos lacayos al servicio de la capital. Con todo esto van a conseguir que se abra más la brecha que están cavando con el “café para todos”.  Porque la pandemia pasará tarde o temprano y el turismo volverá al Pirineo, no solo el de Zaragoza porque ¿sabéis que no dependemos única y exclusivamente de vosotros? Luego si decimos que estamos cansados de sentirnos obligados a poner una alfombra roja a los caprichos del turismo nos dicen que somos unos rancios y unos recelosos, pero por algo será.

Es hora de que el Pirineo se una de verdad y encuentre un modo de vida y unas fuentes de ingresos que no dependan exclusivamente del turismo y sus exigencias, ni de la masificación que se venía produciendo últimamente que poco a poco nos estaba “matando de éxito” y ahora que nos falta vemos las consecuencias. Pero, sobre todo, tenemos que unirnos para tener más fuerza ante el centralismo y caciquismo que hemos venido sufriendo desde hace décadas de forma sistemática.

Para evitar que se nos sigan riendo.

Firmado: MIGUEL EGAÑA
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