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Duración: 120 min. País: Hong Kong. Dirección: Wong Kar-Wai. Guion: Wong Kar-Wai. Música: Peer Raben, ShigeruUmebayashi. Fotografía: Christopher Doyle, LaiYiu-Fai, Kwan Pun-Leung. Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Zhang Ziyi, Faye Wong, Gong Li, Takuya Kimura, Chang Chen, Maggie Cheung, Siu Ping-Lam, Carina Lau, Angela Dong. Productora: Block 2 Pictures y Paradis Films.

Un novelista que creía escribir sobre el futuro, en realidad lo estaba haciendo sobre el pasado. En su obra, un misterioso tren parte de cuando en cuando con dirección al año 2046. Todos los que suben a él tienen el mismo propósito: recobrar los recuerdos perdidos. Se dice que en 2046 nada cambia. Nadie sabe a ciencia cierta si eso era verdad, porque ninguno de los viajeros regresó jamás. Con una excepción. Él estuvo allí. Se marchó voluntariamente.

Reestreno muy grato, que pertenece a la trilogía del director y guionista Wong Kar-Wai. 2046 puede entenderse como una continuación de su anterior film, la excepcional In themoodforlove, ya que ambas fueron rodadas en paralelo.

Hay recuerdos que constituyen un lastre, que no permiten avanzar. Tenemos ante nosotros el futuro, pero estamos obligados por el pasado a retroceder constantemente en el tiempo, volviendo a él a cada paso. Es un viaje que retorna a momentos de una vida, donde todo es perfecto, y los recuerdos permanecen intactos, sin que hayan sufrido variación alguna. Wong Kar-Wai, se desliga de los planteamientos tradicionales en tres actos, para dar constantes saltos en el tiempo. Pero estos recuerdos, serán muy dilatados o se tornarán fugaces. Aparecen desordenados, igual que lo hace nuestra mente, que evoca un momento, un simple instante pretérito, sin orden, carente incluso de sentido. Solo porque algo del presente ha invocado  ese recuerdo, de  manera espontánea y aleatoria, dependiendo de un estímulo. Kar-Wai utiliza títulos sobreimpresionados en la imagen, como un apoyo visual, quizá para darnos pautas del desorden que estamos presenciando. Sin embargo, ese caos se compensa en lirismo, en la capacidad del cine asiático de ser innovador, transgresor, pero sin perder su tono poético. Utiliza un recurso cinematográfico poco desarrollado, el fuera de campo, mostrando que el universo de los personajes es más amplio de lo que la cámara consigue encuadrar, por eso se enfocan objetos o zonas, que nos ocultan lo que sucede con los personajes.

El protagonista es un engreído, un seductor, casi un canalla egoísta, que trata como mercancía a las mujeres. Pero esto es consecuencia directa de su pasado, de la renuncia a su gran amor. Y por ello, ni se justifica ni se disculpa de ser como es. Este personaje es interpretado por Tony Leung, actor con sobrada elegancia, que sabe cambiar de registro, para no parecerse al que interpretó en la parte anterior de la trilogía. Una banda sonora sugerente, con temas reconocibles, y otros propios de Shigeru Umebayashi y Peer Raben, este último autor del memorable Sysyphus at Work.

El film nos conduce a una conclusión muy clara: Tanto los recuerdos de amores no correspondidos como las oportunidades perdidas, manifiestan una eterna frustración del deseo. La memoria los perfecciona, pero no es más que una construcción ilusoria, que impide avanzar. Un extraordinario experimento visual, del que nos sentiremos seducidos por su belleza, combinando color, blanco y negro, virados azules, o tintes rojos, sin buscarle demasiado sentido, solo disfrutar del espectáculo. Un laberinto que entronca con el cuento de Borges El jardín de senderos que se bifurcan. Dédalo infinito, que abarca de igual forma el pasado y el porvenir.

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