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La cacerolada antes del comienzo de los incidentes, con el alcalde de Jaca, Juan Manuel Ramón, en segunda fila. EL PIRINEO ARAGONÉS

Unidad de acción

El 9 de enero de 1999 el Pirineo aragonés salió a la calle para oponerse al recrecimiento de Yesa. La convocatoria, que ha pasado a la historia como la Manifestación de los Paraguas –por la lluvia caída durante aquella tarde–, fue un éxito rotundo y así lo reconocieron todos los alcaldes de las comarcas de la Jacetania, el Alto Gállego y el Sobrarbe que participaron en la marcha desde la primera línea de acción, portando la pancarta que recogía el lema “Yesa recrecido, Pirineo hundido”, muy similar a las proclamas que pueden leerse estas semanas en las caceroladas y movilizaciones de SOS Pirineo-SOS Nieve. En aquel momento hubo un sentimiento de unión que dio fuerza y legitimidad al Pirineo para trasladar a las administraciones –el Gobierno de Aragón y el Estado– un mensaje claro: el rechazo al recrecimiento de Yesa.

La música que sonaba entonces es idéntica a la que podemos escuchar ahora: “Da la sensación de que no se hace caso alguno a los problemas del Pirineo y que se piensa en la montaña como si fuera un erial y una reserva de recursos. Vuelven con argumentos viejos a exigirnos solidaridad y nosotros no entendemos que la solidaridad siempre deban practicarla los mismos”, se dijo en aquella jornada durante la lectura del manifiesto.

La cacerolada de este viernes empezó bien. Sonó con fuerza y contó con la participación de empresarios, trabajadores y familias llegadas de tres de las comarcas pirenaicas: Jacetania, Alto Gállego y Sobrarbe. No estuvo la Ribagorza, pero no fue por falta de interés, sino por una cuestión de logística y de distancia, debido al adelanto del toque de queda. Empezó bien, pero terminó mal, rompiéndose la unidad y la cohesión que se buscaba por parte de los convocantes, las asociaciones empresariales y las instituciones locales. La falta de liderazgo en un movimiento aparentemente espontáneo, y el hecho de que las formaciones políticas y los representantes empresariales decidieran dar un paso atrás para no restar protagonismo a los empresarios y trabajadores del sector de la nieve –los grandes afectados de esta crisis–, propició que al final un grupo de manifestantes quebraran la unidad de acción con una actitud reprobable y que no puede tolerarse en ningún tipo de circunstancia.

Los grupos políticos del Ayuntamiento de Jaca aprobaron en el pleno de este miércoles una moción conjunta en defensa del sector empresarial y los trabajadores vinculados al turismo invernal. Al día siguiente, se dio el visto bueno a una ampliación de las ayudas directas para este sector que, a falta de conocer cómo se articulará el reparto, ascenderán a 400.000 euros. Hubo unanimidad y unidad en los despachos, y se contó con el beneplácito de colectivos como la Asociación de Empresarios de Comercio y Servicios de la Jacetania (ACOMSEJA); pero quizás faltó escenificar esa unidad en la calle, dando un paso al frente, tratando de acompañar en primera fila a los artífices y protagonistas de la convocatoria. Por el contrario, cada grupo político –los que estuvieron– optaron por dejar hacer sin mezclarse con los demás.

En la aludida Manifestación de los Paraguas, que reunió a más de 5.000 personas, a pesar de la variada composición política de los ayuntamientos y asociaciones, la unidad del Pirineo aragonés fue total, sin fisuras. Entonces gobernaba el PP en Aragón, con Santiago Lanzuela a la cabeza, y el alcalde de Jaca, Pascual Rabal, era de ese mismo partido. No hubo dudas de enfrentarse al establishment para defender una causa que estaba por encima de las ideas políticas. Algo parecido sucedió en época más reciente con las movilizaciones que convocó la Plataforma Pro Hospital de Jaca en 2016 y que aglutinaron también a numerosas personas de la Jacetania, el Alto Gállego y el Sobrarbe. En esa ocasión, como ahora, gobernaba en Aragón el PSOE, presidido por Javier Lambán y, en Jaca, el socialista Juan Manuel Ramón llevaba un año al frente de la alcaldía.

Las ayudas no llegan

El jueves tuvo lugar en Zaragoza un encuentro entre el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Aragón, Javier Lambán, para presentar el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía y orientar los criterios que guiarán la estrategia estatal una vez que se reciban los 140.000 millones de euros procedentes de la Unión Europea. Lambán señaló que la comunidad autónoma ya está preparada para aprovechar la “oportunidad” que ofrece este plan nacional, al contarse con un tejido empresarial “magnífico y envidiable” y disponer de un “gran pacto social y económico”, plasmado en una estrategia de recuperación pactada por partidos y agentes sociales. Independientemente del calado que tiene este plan para la modernización de los servicios públicos (sanidad, educación…) y tratar de encarar los desafíos futuros de la comunidad autónoma –entre ellos, una estrategia económica para el Pirineo que vaya mas allá del turismo–, se echa en falta estos días un mensaje claro y de compromiso real con las empresas y trabajadores del sector de la nieve. Se han articulado ayudas en lo social, con la creación de un plan de empleo, pero sigue sin haber un programa de rescate inmediato para el tejido empresarial: hostelería, hoteles y alojamientos, comercio, autónomos y profesionales que dependen directamente de la apertura y la actividad de las estaciones de esquí. Se piden ayudas directas y la reducción o aplazamiento de impuestos, pero no llegan.

Mientras, crece la desesperación y la frustración por parte de los afectados, porque observan cómo van pasando las semanas sin que se concrete una respuesta clara a sus demandas. Y ahí está uno de los grandes errores por parte de nuestros políticos en el ámbito autonómico y estatal, el no ser claros y decir sin tapujos que no hay dinero para sustentar el sector turístico con ayudas directas, porque España ni Aragón cuentan con las reservas económicas de países como Alemania, que sí han optado por este tipo de medidas. Para construir un clima de diálogo y entendimiento que sea fructífero es necesario conocer la disponibilidad económica que hay para hacer frente a las demandas del Pirineo. Y si no la hay, que se diga igualmente.

Nadie se merece un escrache

La movilización de este viernes en Jaca ha sido una oportunidad perdida para demostrar la unidad del Pirineo. El esfuerzo de cientos de personas por salir a la calle para manifestarse de manera respetuosa, pidiendo a los políticos e instituciones responsabilidad y compromiso, no mereció un final como el que tuvo. Así lo sintieron muchos de los empresarios y trabajadores presentes en la cacerolada, que no dudaron en retirarse cuando un grupo de manifestantes empezó a increpar al alcalde de Jaca pidiéndole la dimisión. Todo hubiera quedado en un lance desagradable de no ser por la persecución que a continuación se produjo por las calles de la ciudad durante más de veinte minutos. Se puede reivindicar, se puede protestar, se puede reprobar la actitud de los representantes institucionales o acusarles de falta de compromiso, pero nunca es justificable, por muy desesperada que sea la situación, cruzar las líneas rojas y entrar en el terreno de la intransigencia. Increpar y abuchear nunca es la solución, menos aún cuando se trata de una institución local, tan necesaria para tender puentes entre la ciudadanía y la Administración. Sería deseable que estos puentes, basados en el entendimiento y la colaboración, no se hayan roto con la actitud provocada por unos pocos. Nadie se merece un escrache, sea alcalde o concejal, empresario o trabajador, ese no es el camino y menos para la gente de la montaña, gente fuerte y de principios que sabe resistir y actuar con determinación ante cualquier embate de la vida, por duro e injusto que sea. Si el mensaje no se escucha, hay que gritar, pero con dignidad. El Pirineo no puede perder ese valor.

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