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“¿Estuviste en la manifestación?”. “Sí”, contesto a la pregunta de un amigo que me encuentro a primera hora de la mañana en la calle. “¿Y cuánta gente hubo?”. “Unas setecientas personas”, vuelvo a responder. Él se queda pensando y me dice: “Son muchos, el tema esta hirviendo, ¿no?”. “Eso parece –le comento. Los autónomos, trabajadores y empresarios que dependen de la nieve están al límite, desbordados, porque, a corto plazo, no ven salida a su situación y las ayudas, en el caso de recibirlas, no sirven para cubrir las necesidades diarias que tienen. En la concentración se lanzaron mensajes muy duros contra la clase política, pero discurrió sin incidentes. La gente no paró de golpear las sartenes y cacerolas, de lanzar gritos de indignación y malestar, pero nadie perdió el control y todo el mundo supo comportarse con dignidad y entereza”.

“Mejor así, pero no sé hasta cuándo podrán aguantar”, advierte mi amigo haciendo un gesto con las manos. “Nadie lo sabe”, respondo. “Sí, nadie lo sabe”, repite, y nos despedimos.

La cacerolada de este viernes ante el ayuntamiento de Jaca reunió a unas 700 personas, 650 según fuentes policiales. Los manifestantes se concentraron en el espacio comprendido entre las cuatro esquinas (calle Mayor, Obispo y Carmen) –donde la Policía Nacional estableció un cordón de seguridad con varios vehículos y agentes–, hasta más allá de la intersección de las calles Zocotín y Ramón y Cajal.

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