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ÓPTICA VAL

“Es indispensable una formación continuada para los temas relacionados con la visión”

En 1894 abría sus puertas la relojería de Clemente Baras en la calle Echegaray. El negocio empezó a contar con una sección dedicada a la óptica. Al morir su fundador, en 1955, Gregorio Val, que ya trabajaba en la relojería, se hizo con la empresa. Entonces, pasó a denominarse Óptica Relojería G. Val hasta 1980, cuando al hacerse cargo su hijo, José Luis Val, prescinde de la relojería y se centra en el desarrollo profesional del sector óptico. En los años 90, se moderniza el establecimiento y se asocia a la cooperativa Federópticos. Así, en 1993, adquiere su nombre actual, Federópticos Val. Ya en 2004, Luis Val, hijo de José Luis, concluye sus estudios, dando inicio a la tercera generación en esta empresa familiar. A final de 2017, José Luis se jubila y Luis coge la dirección del negocio, que hace unos días abrió su renovado local de la calle Mayor.

José Luis Val recuerda que su padre, “cuando se constituyó el título de óptico, accedió a los cursos que se hicieron en Madrid para regularizar la óptica”, que en esa época“estaba relacionada con la relojería”. “A partir de entonces, ya era oficialmente óptica, aunque se siguió llamando Relojería Baras hasta el año 59 o 60, porque era una trayectoria de muchos años y la gente conocía el negocio”.

La decisión de Gregorio Val de hacerse con la empresa marcó el futuro de tres generaciones con una gran vocación por el sector visual. “Es algo que vives desde pequeño. Me acuerdo de estar en la relojería y son cosas que de una manera natural vas asimilando. Al plantearme el futuro, vi lo que hacía mi padre y creía que lo podía hacer igual o mejor, porque desde que él empezó hasta que lo trabajé yo y ahora Luis no tiene nada que ver”.

“A mí me pasó lo mismo. Desde bien pequeñito, me he visto en la óptica y muchos clientes me conocen”, continuó Luis. “Es algo que has visto toda la vida. Nunca me han obligado a estudiar esto, pero cuando decides qué hacer con tu futuro, analizas que tienes un negocio con un recorrido largo y ves que es interesante, que tienes mucho trato con la gente y puedes echarles un cable”.

Luis Val sigue “en constante formación” tras lograr la diplomatura de Óptica y Optometría, el posterior grado, el título del Centro Boston y el máster en Optometría Clínica. “Para evitar problemas de convalidaciones, tengo todo actualizado”, aseguró el jaqués, que se propone “estar a la última en conocimientos y realizar la profesión de la mejor manera posible”.

Los progresos médicos y tecnológicos obligan “a hacer cursos cada año para estar al día”. “Esto te da capacitación para realizar nuevas técnicas o nuevas adaptaciones de lentillas o interpretaciones de datos de aparatos, manejos… Es indispensable realizar formación continuada para ofrecer unos servicios profesionales muy completos y poder ayudar a la gente en todos los temas relacionados con la visión”.

El negocio es testigo de la evolución de las costumbres de compra. “Esto va en consonancia con el tipo de servicios que ofreces”, apuntó José Luis. “Antes, lo que hacía mi padre era montar las gafas conforme a la receta del oculista. Cuando yo empecé en la óptica, el afán de la profesión era realizar la graduación y para eso se nos preparó. En estos momentos, hay muchísimos campos, sobre todo en contactología personalizada para poder dar soluciones con lentes de contacto y cumplir las necesidades y expectativas de los pacientes; o terapia visual, que es un campo inmenso”.

Otro reto es “estar en el sistema público de salud y que se reconozca la labor del óptico-optometrista como profesional primario de la salud visual”. “En esto se trabaja desde el Colegio Nacional de Ópticos. Lleva su tiempo, pero va a ser el futuro”, continúa José Luis. “No somos unos ‘vende gafas’; detrás, hay una labor profesional, que a veces no se reconoce y nosotros modestamente tratamos de elevar el nivel de la empresa”.

La óptica actual abrió en 2000 y hace dos semanas estrenó su renovado local. “Hemos trasladado al piso superior el gabinete de optometría y contactología, la terapia visual, el despacho y el almacén. Abajo, quedan el taller y la zona de ventas, con lo que el local es más luminoso, amplio y cómodo con la finalidad de dar el mejor servicio”. Al piso superior se puede acceder mediante unas escaleras por el interior de la óptica, “no existiendo problemas de accesibilidad, ya que se dispone de un acceso con ascensor en el portal situado en Ramón y Cajal, 1”.

Entre los productos más solicitados, sobresalen las lentes progresivas, que “se necesitan para ver bien a todas las distancias”, “empezándose a utilizar a partir de los 40, aunque depende de cada persona y sus necesidades visuales”. “Ahora, con la mascarilla, la gafa se empaña y la gente está con muchas ganas de colocarse lentillas y nos demandan de todo tipo”, afirma.

Dentro de las novedades del sector, comienza a popularizarse la ortoqueratología. “Son lentes de contacto que te pones mientras duermes y al levantarte, te las quitas y ves bien, sin necesidad de corregir con gafas o lentillas. Es algo que para deportistas o jóvenes funciona muy bien, porque este tipo de lentilla frena la miopía un 45%-50%”, explicó Luis, agregando que este avance “es beneficioso para todos y supone un beneficio para el propio miope, ya que se reducen los riesgos de enfermedades asociadas como los desprendimientos de retina, la maculopatia miópica, estafilomas…

Otro de los ámbitos que potencia Federópticos Val es la telemedicina. “Cualquier problema en la retina o el nervio óptico es revisado y remitido a un centro de Barcelona, donde es analizado y nos lo devuelven con las indicaciones del retinólogo, remitiendo al profesional sanitario pertinente, como el oftalmólogo, el neurólogo o incluso, el endocrino, ya que muchas veces la diabetes se detecta por ciertas alteraciones que se producen en la retina”.

“La gente está contenta, ya que empleamos tiempo en explicarles los problemas o alteraciones que encontramos y que desconocen, reconociendo finalmente nuestro trabajo”, afirma Luis, cuyo afán es “seguir mejorando y trabajando”. En sus hijos, una niña de 9 años y un niño de 4, puede estar la cuarta generación. “Aún son pequeños. Que hagan lo que quieran y que sean felices”, concluyó.

Componentes del grupo de teatro
IVÁN SERAL
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