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Ediciones Contrabando publica Cuaderno de campo, un libro aforístico que reúne algunas de las mejoras citas del escritor desde su vuelta a la Literatura

Ferrer Lerín en una de las imágenes que no se incluyeron en el libro. RUTH BARRACHINA

Las máximas aforísticas son una vía de entrada directa al universo literario y privado de un escritor. A través de estas citas en apariencia rotundas y de naturaleza breve, es posible trazar una huella coherente del pensamiento de un autor y comprender mejor su obra.

El aforismo, sea buscado o espontáneo, es un arte en sí mismo para el que no todos los escritores están capacitados. Baltasar Gracián, Oscar Wilde, Charles Baudelaire y Jorge Luis Borges, entre otros muchos, se prodigaron con acierto en este género que ya cultivaban los clásicos y que se mueve en la frontera de lo filosófico y lo poético.

Entre los autores contemporáneos que mejor encajan en este juego de los aforismos está, sin duda, el poeta y novelista Francisco Ferrer Lerín, cuyo último libro de reciente aparición, Cuaderno de campo, es un compendio de algunas de sus mejores citas y sentencias, publicadas en diversos medios desde hace dos décadas.

Como explican los coordinadores editoriales, Miguel Blasco, Wenceslao Ventura y José Luis Falcó, de Ediciones Contrabando, “este libro –bajo la apariencia de un cuaderno ornitológico en el que la rara avis a estudiar es, precisamente, Ferrer Lerín– surge de una exhaustiva selección de las mejores entrevistas publicadas en diversos medios desde su vuelta a la Literatura, allá por el año 2000, hasta la actualidad. Organizado en una serie de curiosos epígrafes que dividen su torrencial lucidez, esta suerte de Lerín contando por sí mismo desgrana y aporta su visión de los temas que le son propios: la muerte, el sexo, la infancia como paraíso perdido, los peligros del regionalismo, la Naturaleza, los misterios femeninos, los sueños, el azar, la literatura…”.

El mismo Ferrer Lerín, que se define como un escritor “polivalente o poliédrico”, se ha visto sorprendido por el resultado de un impecable trabajo que ha derivado hacia lo axiomático. “Muy cuidado libro, lo que no esperaba es que resultara aforístico, y no me importa, de hecho es un facilitador de citas, y teniendo en cuenta que siempre quise publicar un libro de citas ajenas, va más allá y riza el rizo, consigue alcanzar el grado de manual de avisos y sentencias”, asegura el autor.

El escritor fotografiado en la fachada de la casa consistorial de Jaca. RUTH BARRACHINA

Las citas se reúnen en torno a seis apartados temáticos: Incursión, crianza, apareamientos; Migraciones; Nihil prius fide; Vigilia; Teoría y práctica, y El mito de la aparición. Se completan con el epígrafe Milvus milvus et Gypaetus barbatus (milano real y quebrantahuesos) que reproduce el diálogo entre Ferrer Lerín y su amigo, el también escritor, Félix de Azúa, y que fue publicado en el número 825 de la revista Ínsula en septiembre de 2015; y un posfacio (Mi presencia asustaría a los pájaros) de Wenceslao Ventura, que evoca con entusiasmo la vuelta de Ferrer Lerín a la actividad literaria, el regreso a las regiones de lo sagrado, que es el punto de partida de este Cuaderno de campo.

El libro, impreso en los talleres Ulzama de Pamplona, es una pequeña obra de arte, concebida con gusto y delicadeza, donde lo estético está en perfecta consonancia y simbiosis con el contenido. Miguel Blasco, editor y artífice de la idea, ha rescatado para el diseño de la portada la etiqueta de un antiguo cuaderno de campo de Ferrer Lerín que aporta un carácter íntimo y personal a la publicación. Las fotografías en blanco y negro de Ruth Barrachina, que ilustran y contribuyen a crear esa atmósfera de pertenencia al ámbito de lo privado, nos remiten al contexto más enigmático y profundo del escritor.

A finales de los años 80 del pasado siglo, Antonio Fernández Ferrer elaboró un diccionario alfabético de temas borgianos como colofón y homenaje a la edición española de la Biblioteca de Babel. De la A a la Z, aparecían compiladas algunas de las citas y ocurrencias más célebres de Jorge Luis Borges, uno de los autores de cabecera de Ferrer Lerín. “Borges, ya que usted lo cita, para mí es mi padre, mi madre…”, afirma sin vacilación en una de las máximas recogidas en este bello Cuaderno de campo felizmente concebido por Ediciones Contrabando. Por ello, no resulta casual ni extraño que, al leer y releer sus páginas, surja de manera subliminal el recuerdo de aquel diccionario que recopila algunos de los mejores aforismos y formulaciones del pensamiento de Borges sobre la muerte, los sueños, el oficio de la escritura, la literatura, las mujeres, los padres… y tantas otras obsesiones y fascinaciones que confluyen en el imaginario creativo de ambos autores.

Mi madre muchas veces se cruzaba, o subía en el ascensor con unos agentes de la CIA que vivían en una oficina encima de nuestro piso de la avenida Diagonal. Me acuerdo que solía decir: “¡Qué educados son esos espías! ¡Qué gente tan estupenda!”. Así que yo, desde mi más tierna infancia, he convivido con todo eso. (Vicente Rubio Pueyo (2006). “Entrevista: Francisco Ferrer Lerín”. Eclipse 6, 87-99)

… Borges, ya que usted lo cita, para mí es mi padre, mi madre… (Coral Pastor (2008). Blog: http://www.coralpastor.es)

Superar el miedo a la muerte, en personas sensatas, es imposible. El paso del ser al no ser, del estar al no estar, es un cambio excesivo, es el resorte que ha movido al hombre a echar mano de creencias disparatadas para no enfrentarse a lo evidente, que la cosa se acaba, que quedamos sumergidos en la nada, eso sí, con una gran ventaja, que no tendremos conciencia de estar instalado en este nuevo estado. Y yo, soy sensato. (José Ventura Chavarría Casado (2019). “Superar el mido a la muerte, en personas sensatas, es casi imposible”. El Pirineo Aragonés 6.974, 22 de noviembre)

En los sueños siempre convivo con otro tipo que también soy yo, y da igual que uno de los dos esté muerto. Quiero creer que se trata de un caso de doppelgänger y no de que alguien se cuela en esta fundamental parte de mi vida. (José María Codes (2014). “Soy un profesional del sueño”. Revista de Letras, 8 de septiembre)

La poesía es, para mí, una reescritura. Una reescritura de lo normal, de la normalidad, ese estado carente de imaginación, de creatividad. La poesía es una reescritura de la estética imperante. La poesía es una reescritura del orden. Quizá la poesía podría definirse como eso, como una alteración del orden, o quizá, mejor, como una exaltación del ritmo, del ritmo responsable del fogonazo poético, de la transformación del significado y del comportamiento de las palabras. (Antón Castro (2019). “Francisco Ferrer Lerín. En mis libros no hay nunca complacencia en el mal”. Heraldo de Aragón, 16 de septiembre)

Vuelvo a donde estaba, me fui díscolo, por los Cerros de Jaca. (Posfacio de Wenceslao Ventura)

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