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El Periódico más antiguo de Aragón

Fundado el 23 de abril de 1882, El Pirineo Aragonés es el periódico más antiguo de Aragón y se encuentra entre las cabeceras de mayor solera de España. Cuando nació, Jaca era una ciudad amurallada, de apenas 5.000 habitantes, mal comunicada (todavía no había llegado el ferrocarril) y carecía de servicios básicos como el alumbrado público y la red de agua potable.
El Pirineo Aragonés ha recogido, y sigue haciéndolo cada semana, los aconteceres de Jaca y las comarcas de la Jacetania y el Alto Gállego, sin perder tampoco la perspectiva provincial y regional, así como su condición de ciudad fronteriza con Francia.

Tener la posibilidad de conocer cómo era Jaca y su comarca hace más de 127 años, desde el punto de vista periodístico, es un lujo del que pocas ciudades pequeñas pueden jactarse. El Pirineo Aragonés es un símbolo de Jaca, una institución más, un periódico que nos supera a todos en edad y que sigue caminando con buena salud y dispuesto a ser un medio de difusión de los aconteceres que protagonizan las gentes a las que siempre ha servido. Esta es su historia.

El primer número (23 de abril de 1882)

Los jacetanos atentos a la prensa local tuvieron en sus manos el primer número de El Pirineo Aragonés hace ya ciento veintisiete años. Era un domingo de primavera, cercana la celebración de la fiesta del Primer Viernes de Mayo, y en la calle Clavería (hoy Bellido) Carlos Quintilla Bandrés ponía en circulación el primer número del que se habría de convertir con el tiempo en el periódico más antiguo de Aragón. El 23 de abril de 1882 seis páginas de un formato reducido para lo que se llevaba en la época saludaban a sus lectores y recogían noticias que hoy no pasarían de ser pura anécdota. Con el epígrafe de “periódico de intereses morales y materiales”, el nuevo semanario –de aparición dominical- tomaba el relevo al efímero Eco del Pirineo Central.

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Una vieja prensa de tornillo, construida en París por Girardot Fils y que según la leyenda local había sido utilizada por los carlistas para tirar los partes de guerra y las órdenes militares, se encargaría de imprimir semanalmente este nuevo periódico. La larga singladura de un periódico hoy más que centenario había comenzado.

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La primera etapa: Carlos Quintilla (1882-1922)

Los cuarenta años durante los cuales Carlos Quintilla lleva las riendas del periódico se caracterizan, informativamente hablando, por el seguimiento minucioso de una serie de temas que habrían de ser los que instalaran a Jaca en la modernidad. Utilizando la terminología de Juan Lacasa, que fue alcalde de Jaca y colaborador del periódico durante décadas, “Jaca se sentía progresista y se lanzaba a dos conquistas a cuyo logro dedicó este decenio: el Canal desde el Aragón en Castiello a la meseta y el tren que subiera desde Huesca para subir luego a Canfranc y después a Francia”. Esta primera década de vida de El Pirineo Aragonés verá cómo sus páginas jalean estas obras y aplaude la labor y trayectoria de los ingenieros que participan en ellas. Además del Canal y el inicio del trazado ferroviario a Canfranc, el periódico recogerá puntualmente las sucesivas mejoras que van experimentando las comunicaciones por carretera. Los tramos entre Broto y Puente Aurín, la conexión entre Echo y la carretera Jaca-Sangüesa, los lentos avances en las obras de Sigüés y Tiermas y cualquier punto que quede enlazado merced a una nueva carretera o camino serán dignos de mención en las páginas del periódico. No faltarán tampoco las reseñas de los viajes que los políticos de la comarca hacen a Madrid en demanda de nuevas mejoras ni pasarán tampoco desapercibidas las habilidades para las relaciones sociales de “aventajados jóvenes”, “simpáticas niñas”, y demás “encantos de nuestra sociedad y flores de las más preciadas de nuestra montaña”. La crónica prácticamente semanal de “lo que se cocía en el pueblo”, las inauguraciones, bailes, bodas y acontecimientos sociales más triviales son relatados por varios cronistas, casi siempre con seudónimo, y con el propósito de halagar tan en boga en la prensa de la época. El pequeño acontecer semanal se completará con la atención a los numerosos oficios religiosos y las actividades militares y eclesiásticas que se registren en la ciudad.

Durante la primera década de su andadura, cuando así lo imponga la magnitud de la noticia, el periódico se saldrá de sus temas habituales y atenderá otros hechos noticiosos menores como la primera exhibición del cinematógrafo a cargo del fotógrafo Félix Preciado en 1897, la muerte de personalidades destacadas, las epidemias de cólera que esporádicamente aún se declaren, la presencia de una espirituada llegada desde León en 1896 o la visita del ciclista de Madrid José Rivera, que pasaba hacia Panticosa y Francia “compitiendo en baratura y velocidad con la diligencia”.

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Si en sus primeros diez años de existencia el periódico se ocupó de los numerosos proyectos que bullían en las tierras jacetanas, con la llegada de los años noventa todas estas esperanzas se hicieron realidad. En 1891 llegaba el agua del Canal a Jaca, un años después se inauguraba el alumbrado eléctrico y se creaba la empresa Electra Jacetana, el 8 de febrero de 1893 llegaba una locomotora a Jaca y en junio del mismo año aparecía el primer tren de pasajeros. Esta etapa de avances en lo que a infraestructuras se refiere irá acompañada de un progresivo desmantelamiento de los signos del pasado. El Pirineo irá recogiendo las sucesivas demoliciones de los cada vez más obsoletos restos de la muralla e igual suerte correrán las puertas de la ciudad. En 1892, el periódico informaba de la desaparición del Portal de Baños. Años más tarde, el Plan Lamolla, que habría de ordenar el crecimiento de la ciudad, también tenía su sitio en El Pirineo y se iba dando cuenta de las inauguraciones del nuevo Asilo de Ancianos, del Seminario o del cuartel de la Victoria.

Las visitas de personalidades de todo tipo tampoco pasarán desapercibidas. El novelista Benito Pérez Galdós pasa por Jaca en julio de 1894 y visita además Echo y Ansó. De esta estancia sacará anotaciones para su obra “Los condenados” y su descripción del carácter montañés no dejará contento a nadie. Domingo Miral habría de responderle años más tarde al hilo de esta polémica. El rey Alfonso XIII acudirá en varias ocasiones al Alto Aragón. En 1903 recibirá en San Juan de la Peña el anillo de Pedro I, visitará las obras de construcción del túnel ferroviario de Canfranc en septiembre de 1912 y acudirá también a su inauguración en 1928. El entonces renombrado torero Belmonte vendrá de cacería en 1914, el líder catalán Francesc Cambó dormirá en el Hotel La Paz durante un viaje de recreo en 1917, el mismo año en el que el pintor Ignacio Zuloaga y el escritor Benjamín Jarnés también llegan a Jaca. En julio de 1921 será el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez el que se acerque hasta Jaca con el propósito de ver in situ la renombrada presencia de las espirituadas en la procesión de santa Orosia. El mismo interés traerá a la ciudad a la escritora y periodista Carmen de Burgos, alias “Colombine”, que será entrevistada por El Pirineo Aragonés en su número del 1 de julio de 1922 y que escribirá más tarde su novela “Los espirituados de Jaca”. Ramón y Cajal, que ya había pasado algún tiempo en su infancia en la ciudad, llegaría en 1927 con intención de veranear.

Las curiosidades también tendrán su eco en esta primera época del semanario. Las ha de todo tipo y darían lugar a más de un libro. Vale la pena recordar algunas de ellas: en primer lugar, la que hacía referencia en el número del 5 de agosto de 1911 a “un fugado del manicomio de Huesca que hacía rarezas en la Catedral”. Hay que hablar también del “importante terremoto” que se registró en la ciudad en julio de 1923 y que, según el semanario, hizo que a nivel popular saliera a relucir la leyenda que hablaba de un volcán en Collarada. Y otra noticia que hubo de ser comentada en aqueños años fue la muerte en 1913 de Fermín Arrudi, “el gigante de Sallent”. El periódico le siguió la pista por todo el mundo y recordó su presencia en ferias de Estados Unidos, Francia, Marruecos y muchos otros países. Habló de su boda con una francesa a la que conoció en la Exposición Universal de París, exaltó su fuerza cuando en una cacería mató a una osa y sus dos crías y, finalmente, en el número del 3 de mayo de 1913, se ocupó de la muerte por tuberculosis de un hombre que se hizo famoso en el mundo entero merced a sus 225 centímetros de altura. Por último, también tuvo que dar que hablar en 1910 el cultivo de una planta de insecticida en Larbesa, impulsado por un industrial marsellés llamado Antonio Caubet y que llegó a dar empelo a casi un centenar de mujeres jacetanas.

Carlos Quintilla vio en 1921 cómo el periódico por él fundado alcanzaba el 30 de agosto de 1921 el número 2.000. Con tal motivo, sus páginas acogieron textos de sus colaboradores habituales y allí aparecieron las firmas de personaje de la vida local como Tomás Ara, Mariano Pérez Samitier, Mariano Sánchez Gastón, Juan Lacasa o Dámaso Sangorrín. Luis Sanz, que ya llevaba unos años colaborando, ofrecía también ocho coplas resaltando la efemérides.

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Segunda etapa: Francisco Quintilla (1922-1962)

La muerte el 16 de diciembre de Carlos Quintilla hizo que asumiera la dirección del periódico su hijo Francisco Quintilla Aramendía. Durante los siguientes cuarenta años –los mismos que permaneció el padre en la dirección- se mantuvo en este cargo, que compatibilizó con el de corresponsal de un buen número de diarios oscenses y zaragozanos. Además, dio rienda suelta a su afición literaria y escribió un ramillete de obras teatrales que llegaron a estrenarse en Madrid, Barcelona, Zaragoza y San Sebastián: “La cabrilla loca”, “El abuelito”, “El gurrión de canalera” y “La guitarra de Aragón” (también conocida como “El querer de una baturra”), fueron sus obras más famosas, “la mayoría de ellas con un marcado sabor regional y patriótico”, en palabras de Mª Luisa Bailo (Prensa Aragonesa, nº 1 dedicado a El Pirineo Aragonés. Ed. Asociación de la Prensa Aragonesa, Zaragoza, 1989). Durante la guerra civil, Quintilla estrenó en Zaragoza la obra “Soldado que va a la guerra”, que habría de representarse en otras ciudades y que, como recogía El Pirineo Aragonés, le habría de procurar la felicitación del propio Franco.

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La labor periodística de Francisco Quintilla no le resultó extraña cuando asumió la dirección del semanario jaqués. Su pluma, escondida bajo seudónimos como Fq., Q. o Franquin estaba presente en el periódico desde varios años antes de tomar las riendas del mismo y sus versos ya le eran familiares al lector desde tiempo atrás. Las aficiones literarias también fueron una de las señas de identidad de los años de dirección de Francisco Quintilla. Las reseñas que aludían a actos de este tipo menudearon en estos años y esto explicará “la frecuente colaboración de muchos lectores con iguales inclinaciones por lo literario” (Mª Luisa Bailo).

El Pirineo Aragonés, bajo la dirección de Francisco Quintilla, conoció regímenes políticos muy variados y a todos ellos sobrevivió. En diciembre de 1922, cuando se produjo el relevo en la dirección, el país vivía bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera. La prensa no era ajena a la represión y veía la luz cada día constreñida por un buen número de leyes y disposiciones gubernamentales que a veces llegaban a resultar grotescas y disparatadas. La denominada “Ley de Jurisdicciones” de 1906 –que remitía a la jurisdicción militar los supuestos delitos relativos a la unidad de la patria y contra las fuerzas armadas- se añadía a las regulaciones ya existentes de las libertades de expresión e información. Además, desde que Alfonso XIII había dado por bueno el golpe militar de Primo de Rivera, el dictador había añadido más cortapisas a la prensa. La censura previa y, sobre todo, las ‘notas oficiosas’ caracterizaron a esta época. Estas ‘notas’ permitían al dictador dar su opinión sobre cualquier tema, desmentir una información adversa y, por supuesto, eran de inserción obligatoria.

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Los periódicos locales, como el que nos ocupa, no se vieron afectados en demasía por este tipo de reglamentaciones. Ya conocían el terreno que pisaban y pocas veces se salían de la pauta marcada. El Pirineo, durante los primeros años de la dirección de Francisco Quintilla, mantendrá su tónica habitual. Los ‘temas estrella’ (el Canfranc o San Juan de la Peña) se empezarán a ver acompañados por la fundación en el verano de 1927 de los Cursos de Verano de la Universidad de Zaragoza a cargo de Domingo Miral. La presencia de Primo de Rivera en la ciudad en varias ocasiones sería jaleada desde el periódico y la temática informativa de estos años se vio enriquecida con noticias provinciales y regionales.
En los inicios de la década de los 30, en el momento de producirse la sublevación de Jaca, El Pirineo Aragonés mantenía su condición de semanario dominical. Por lo tanto, el primer número que salió a la calle tras la sublevación republicana de Fermín Galán apareció tan sólo dos días después de lo ocurrido. Esta circunstancia y la censura que inmediatamente cayó sobre todos los periódicos quizá pueda explicar en parte la pobreza informativa de los textos del semanario. El lápiz rojo de la censura es hoy visible en uno de los ejemplares del archivo particular del periódico y la información, trufada de opinión, bebe básicamente de los rumores de la calle.

Este texto, titulado “Día trágico en Jaca. Una pasajera revolución” (El Pirineo Aragonés, 14 de diciembre 1930, página 4), emite una enérgica condena de lo ocurrido. El escrito, sin firma, califica la jornada de “viernes trágico y doloroso” y narra los acontecimientos señalando que, “de madrugada, fuerzas armadas ocuparon militarmente las calles de la población y a ellas se unieron, con fusiles y pistola en mano elementos afines a los partidos republicano y socialista, entre ellos algunos de ideales muy avanzados”. La noticia termina destacando cómo Jaca “recobró la tranquilidad al día siguiente con la lectura de un patriótico bando del general Urruela y la liberación de los jefes militares que habían sido hechos prisioneros por los revolucionarios”.

Una semana después, el 21 de diciembre, el periódico jacetano vuelve a hacerse eco de lo sucedido y, en un texto titulado “Jaca en tristeza. La pasada revolución” (El Pirineo Aragonés, 21 de diciembre 1930, página 3), Francisco Quintilla destaca “la tranquilidad material que aparece de nuevo en las calles gracias a la serena y noble intervención de las fuerzas armadas”. El director del semanario pide “un eterno perdón y recuerdo de piedad para los pobres muertos en cumplimiento con su deber” y maldice “la hora en que cuatro desgraciados han sabido crear el abatimiento y la desolación de un pueblo noble y sentimental”.
Mientras dure la censura, que se prolongará hasta los primeros días del mes de febrero de 1931, el periódico sólo se referirá a la sublevación para lamentar el traslado de los militares del regimentó Galicia 19, implicado en los sucesos de diciembre, y cuya marcha “quebranta los intereses morales y materiales de nuestra ciudad” (El Pirineo Aragonés, 31 de enero 1931, página 2). Igualmente, la páginas de El Pirineo Aragonés servirán también para reseñar “el solemne y muy concurrido homenaje” que se brindó en Ayerbe a las telefonistas de esta localidad que mantuvieron informado al Gobierno de lo que allí ocurría (El Pirineo Aragonés, 7 de febrero 1931, página 5).

Una vez levantada la censura, Francisco Quintilla vuelve a escribir sobre lo ocurrido en un artículo titulado “Lo pasado y lo por venir” (El Pirineo Aragonés, 14 de febrero 1931, página 4). Vuelve a hacer una minuciosa y cronológica narración de los hechos y se subraya que “no hubo dentro de la ciudad grandes violencias ni nada que pueda caer bajo el dictado de comunismo”.

A partir de esta fecha, la campaña electoral y la actualidad de los Consejos de Guerra que enjuician a los civiles y militares sublevados tomarán protagonismo. Dos meses después de lo ocurrido hay un detalle curioso: no se ha realizado ni una sola mención a los fusilamientos de los capitanes Galán y García Hernández.

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A partir de la segunda semana de marzo el cuartel de la Victoria fue escenario del primer consejo de guerra, el que juzgaba a los militares involucrados en el levantamiento. Una vez más, Jaca volvía a ser el centro de la noticia. El Pirineo Aragonés señalaría que “estos Consejos reaniman la expectación por ser algo inusitado en la ciudad y producen en nosotros una penosa impaciencia y una triste curiosidad” (El Pirineo Aragonés, 14 de marzo 1931, páginas 2 y 3). En este mismo número se manifiesta el deseo de los jacetanos de que “las sanciones que hubieran de imponerse aparezcan de las formas más leves posibles”. Aparecen también los nombres de los militares que componen el Consejo y entre ellos está, en calidad de vocal, el futuro dictador Francisco Franco. Del desarrollo de este primer Consejo de Guerra dará cumplida información el semanario en la semana siguiente (El Pirineo Aragonés, 21 de marzo 1931, página 2). Toda una página recogerá las incidencias del mismo y en ella se describe “el silencio doloroso y la profunda sensación de amargura que vibraba en las almas del público” cuando el fiscal pidió la pena de muerte para cinco de los militares encartados. Tras conocerse las intenciones del fiscal, el artículo no escatima elogios para “las acertadas defensas que hizo el vehemente y bien preparado capitán Domingo”. Finalmente, la condena del capitán Sediles vuelve a crispar los ánimos de los asistentes y el semanario destaca cómo “todos los sentimientos de humanidad y clemencia se desbordaron en súplicas y multitud de telegramas de todas las entidades locales y autoridades fueron dirigidos al Gobierno solicitando el indulto”. El artículo se cierra recogiendo el perdón otorgado por Alfonso XIII y “la alegría callejera de Jaca”.

La proclamación de la II República tras las elecciones municipales del 12 de abril van a evidenciar la capacidad camaleónica de El Pirineo Aragonés para adaptarse a todo tipo de regímenes políticos. Las condenas y maldiciones a los sublevados se tornarán ahora en vivas a la República. La portada del número del 18 de abril puede servir para cerciorarse del indiscutible viraje en el rumbo del periódico.

En el editorial de este número (18 abril 1931, página 2), el periódico manifiesta su deseo de que “estas risueñas esperanzas de hoy se conviertan prontamente en una realidad esplendorosa para todos los españoles”, al mismo tiempo que solicita “un respeto para la amargura de un Rey que, vencido por la voluntad de su propio pueblo, pasa al destierro descorazonado”. El editorial incluye también una información que pocos podían esperar de este semanario a la vista de la hemeroteca: “saludamos al nuevo régimen con todas las albricias y esperanzas de corazón”. El giro copernicano experimentado por el periódico se hace más radical a medida que pasan las semanas.

Con el nuevo régimen definitivamente instalado habrá llegado el momento de hacer gala de adhesiones republicanas. Los artículos de fondo ensalzando “lo porvenir” serán ahora habituales y aparecerá hasta una curiosa “estadística de reyes destronados” (25 abril 1931, página 3), en la que se dará cuenta de que “en la actualidad sólo quedan en el mundo diez reyes y una reina”. El Pirineo Aragonés pasará a informar abundantemente de las gestiones realizadas en Madrid por el nuevo gobierno municipal y hablará de la expedición que, presidida por el nuevo alcalde Julio Turrau, visitó a personalidades republicanas como Azaña, Sánchez Guerra o Marcelino Domingo. De la visita decía el periódico que se hacía “para gestionar la solución de muy importantes asuntos locales” (30 de mayo 1931, página 4) y se recogían también “las atenciones y simpatías que se le han prodigado por el actual Gobierno y que se traducirán en concesiones sumamente prácticas para nuestra ciudad”. Tras esta visita, Jaca recibirá el título de “ciudad ejemplar” y, en el mes de octubre, el semanario informará de la concesión del instituto de segunda enseñanza.

La actividad local, los vaivenes políticos del quinquenio republicano y los cursos anuales de la Universidad de Verano serán en estos años temas preponderantes. Junto a ellos será también frecuente que el periódico se haga eco de la presencia de visitantes ilustres. En febrero de 1931 acudirá a Echo el tenor Miguel Fleta para rodar la película “Miguelón”, en septiembre de 1932 ofrecerá Unamuno una conferencia en los cursos de verano, como ya hubiera hecho dos años antes Ramiro de Maeztu. También en 1932, acudirá a Jaca el escultor Ramón Acín, con el fin de mostrar la maqueta del monumento que con una suscripción popular se pensaba erigir a Galán y García Hernández a la entrada del Paseo. Y en septiembre de 1934 será el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el que acuda a Jaca para visitar a su hijo, mientras hacía el servicio militar. Durante su estancia pernoctó en el hotel Mur y, “desde uno de sus balcones, dirigió un pequeño discurso a los vecinos”.
El periódico recogerá también la muerte en accidente de aviación de Alfonso Zabalza, uno de los pioneros del vuelo a motor en España. En una información a dos columnas narra lo ocurrido: “Lanzose al aire el aparato, en el que se había colocado el distinguido joven Alfonso Zabalza y, cuando hallábase a veinte metros de altura, cayó de lado rápidamente, destrozándose Zabalza la base del cráneo y muriendo pocas horas después a pesar de los rápidos auxilios de la ciencia y de la pronta solicitud de sus padres y hermanos” (28 de mayo 1932, página 2). Y en el capítulo de cronológicas será igualmente sentida la que se dedique en agosto de 1935 a la muerte de Dámaso Sangorrín, cronista de Jaca y colaborador esporádico del periódico.

El estallido de la guerra civil se hará pronto patente en el semanario jaqués. La ciudad cae desde el primer momento en manos fascistas y el periódico comienza a informar casi exclusivamente de la situación de los diferentes frentes, de las suscripciones que por una u otra causa se emprendían y sus páginas se pueblan de panegíricos y loas al bando nacional. En el número del 26 de diciembre de 1936 la cabecera de El Pirineo Aragonés ya sale acompañada del lema “Una patria, un estado, un caudillo”. Durante los años de la contienda, el periódico sufrirá carencias de papel y una sola hoja será muchas veces todo lo que el periódico saque a la calle. Convivirá en ese tiempo con el efímero “Jaca Española”, publicado durante un año entre los meses de julio de 1937 y 1938 y en el que fueron frecuentes las colaboraciones de los hermanos Gonzalo y Francisco Quintilla.

Una vez acabada la guerra, el periódico será fiel pregonero de la España franquista. La opinión única del pensamiento único tendrá eco en sus páginas y las informaciones girarán en torno a la actividad municipal, la actividad religiosa y a la actividad militar.

La reanudación de los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza en Jaca en 1941 propiciará un buen número de informaciones y también de artículos por parte de los profesores participantes. La muerte en 1942 de su mentor, Domingo Miral, será recogida ampliamente por el periódico en el que tantas veces había colaborado. En 1943, Juan Lacasa Lacasa –otra firma habitual del semanario- es nombrado alcalde, un año después un incendio arrasa el pueblo de Canfranc y en 1945 se subastan las obras del pantano de Yesa por 93 millones de pesetas y las de la Escuela Militar de Jaca por algo menos de tres millones. Un año después llega a la diócesis jacetana el obispo José María Bueno Monreal, que años más tarde alcanzaría el cardenalato y cuya trayectoria glosaría ampliamente el periódico. Le sustituiría Ángel Hidalgo cuatro años más tarde.

La llegada de la década de los cincuenta no variará demasiado la tónica informativa. Junto a las inevitables referencias a todo tipo de oficios religiosos y conmemoraciones militares, el periódico se ocupará ampliamente de la visita del dictador a San Juan de la Peña en junio de 1959, con motivo de los actos organizados en torno a la venida a tierras aragonesas del Santo Grial.

En estos años, El Pirineo Aragonés también se hará eco de las obras del cine Oroel, de la abundante actividad de la Radio en Jaca de los hermanos José María y Pascual Borau, de la frenética actividad urbanística e inmobiliaria y de la decidida vocación turística de la ciudad.
Se llega así al año 1960 y al número 4.000 del periódico. Se hace referencia a que Jaca tiene ya una población de hecho que supera los nueve mil habitantes. En julio de ese año la radio cambia de nombre, pasándose a denominar Radio Popular EOP 76 y en ella participaba activamente un locutor llamado Armando Abadía, futuro alcalde de Jaca. Un año después, la novedad por excelencia, la televisión, estaba a punto de llegar a la ciudad merced a la instalación de una antena en San Juan de la Peña. En el mes de noviembre de ese mismo año, en Sigüés, moría Antonio Tramullas Perales, uno de los precursores del cine en España. El 4 de diciembre de 1962, a los ochenta y cinco años, fallecía Francisco Quintilla y se cerraba la segunda gran época del semanario.

En lo que a su diseño se refiere, El Pirineo Aragonés también sufrirá cambios durante la dirección de Francisco Quintilla. En 1924, se ampliarán sus dimensiones y pasará de los 24 centímetros de base y los 32 de altura a unas medidas algo mayores: 25 cms por 36 cms. Así se mantendrá durante más de dos décadas, en las que presentará una pauta de tres columnas y una ausencia casi total de fotografías o dibujos. Sólo en ocasiones muy especiales y con motivo de números extraordinarios mostrarán las páginas del periódico algún ‘cliché’. Las medidas del periódico volverán a modificarse en junio de 1947, cuando aumenten sus dimensiones hasta los 30 centímetros de base y los 40 de altura. Las imágenes, ya sean fotografías o ilustraciones, seguirán siendo un recurso gráfico poco utilizado, debido en buena medida a los altos costes que suponía reproducir imágenes con los medios tipográficos con los que se realizaba el semanario.

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Tercera etapa: Manuel González Chicot (1962-2002)

El número del 13 de octubre de 1962 fue el primero en el que El Pirineo Aragonés llevó bajo su cabecera el nombre de Manuel González Chicot como director. Francisco Quintilla dejaba en manos de un colaborador de la casa el destino del periódico que había fundado su padre más de ochenta años atrás. El nuevo director y propietario ya llevaba una década firmando textos sobre temática muy variada y su vocación periodística se veía reflejada también en la corresponsalía que había ejercido desde Jaca para diferentes diarios aragoneses como La Nueva España de Huesca o los zaragozanos El Noticiero y Heraldo de Aragón. Al poco tiempo de hacerse cargo de la dirección, se produciría un nuevo traslado de la sede de la redacción e imprenta. Corría el mes de octubre de 1963 y El Pirineo Aragonés cambió los talleres de la calle Echegaray por los de la calle San Nicolás, donde permanecieron hasta el año 1999. En 1965, además, se compró la última máquina tipográfica con la que contó el semanario antes de adoptar el offset: una imprenta tipográfica plana “Libelle”.

El deseo de Manuel González Chicot de que El Pirineo Aragonés no desapareciera, hecho que motivó su adquisición y labor de dirección en 1962, es actualmente una realidad palmaria y el periódico sigue en esa línea desde que en 1991 incluyera la impresión en offset e informatizara todo el proceso de producción del mismo.

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Durante los primeros años de la tercera etapa en la vida de El Pirineo Aragonés la ciudad de Jaca y también su comarca van a ver refrendada su vocación turística. El periódico abrazará con fuera estas aspiraciones y aplaudirá cualquier iniciativa que se tome en este sentido. Las declaraciones del entonces ministro de Información y Turismo Manuel Fraga asegurando que el Pirineo era “la mejor reserva turística de Europa” tendrán espacio destacado en las páginas del número de 7 de noviembre de 1964. Un año antes ya se había celebrado en Jaca la primera edición del Festival Folclórico de los Pirineos y, desde entonces, cualquier aspecto relacionado tanto con la edición jaquesa como su homóloga de Olorón tendrá cumplida cobertura informativa. En el mismo año se había celebrado también el “Día de la Comarca” por primera vez y éste será otro de los puntos de atención preferidos del periódico en lo sucesivo. Su presencia itinerante por los pueblos de la zona, desde Ansó a Sabiñánigo y desde Canfranc hasta Agüero, no faltará a su cita veraniega con el periódico. En el apartado turístico, el periódico también recogerá el premio nacional que recibe el Centro de Iniciativa y Turismo de Jaca en marzo de 1966, galardón solamente otorgado anteriormente a las ciudades de Mallorca y San Sebastián, y se habla en febrero de 1969 del proyecto de construcción de un palacio de hielo con un coste de 16 millones de pesetas. La pista se inaugura tres años después con un partido de hockey entre equipos de Madrid y Valladolid y sería con el paso del tiempo el escenario de un variado número de competiciones deportivas de invierno ampliamente reseñadas en el semanario: competiciones internacionales de hockey, Juegos de Invierno del Pirineo, los mundiales de patinaje artístico profesional o las Universiadas de 1981 y 1995. Las grandes líneas de proyección turística de las que aún vive la ciudad comenzaron a gestarse entonces.

En lo que se refiere a información política, el semanario mantendrá su tono acomodaticio con el poder y, como señalaba Mª Luisa Bailo en 1989, “en sus páginas es difícil encontrar sombra de crítica a lo realizado por los diferentes ayuntamientos en los últimos cincuenta años”.
La información local, la que dota verdaderamente de sentido al semanario, será sin embargo abundante en aspectos no relacionados con el poder y es interesante recoger algunos apuntes que reflejan, en forma de miscelánea, lo que centró la atención informativa del periódico. En los inicios de los años sesenta ya llegaron a Jaca los triunfos del escultor Ángel Orensanz y así aparecía en el número del 10 de agosto de 1963. Posteriormente, en octubre de 1968, él mismo sería el encargado de sustituir en la memoria de los jaqueses la silueta del templete de Santa Orosia y erigiría en la plaza Biscós su monumento a la Jacetania (actualmente ubicado en el Paseo de la Cantera). El semanario también reservará un hueco a la presencia a finales de 1965 de la campanera de la catedral, Concha del Cacho, en el concurso de TVE “Reina por un día” y, de igual modo, estará siempre atento a la presencia de las cámaras televisivas en la zona, ya sea para cubrir los festivales folclóricos o para emitir las viejas películas en blanco y negro de la familia Tramullas. El 17 de marzo d 1970 dejará de funcionar el ferrocarril transpirenaico del Canfranc y El Pirineo Aragonés, ardiente defensor de la línea desde su gestación, publicará un buen número de textos en su defensa así como informará, ya en plena transición, de la asistencia de más de cinco mil personas a una manifestación en pro de la reapertura en octubre de 1978.

En el apartado de curiosidades se puede citar la noticia que en el número del 5 de noviembre de 1970 informaba del traslado de la ermita de Sarsa, en el que participarían alumnos de Escolapios. No es menos llamativo el “pequeño festival taurino” que tuvo lugar en los fosos de la ciudadela en diciembre de 1971 y que se realizó para celebrar la patrona de Infantería. Una boda ‘hippy’ en San Juan de la Peña en abril del año siguiente y las protestas de varios lectores por la inclusión de Ansó en el País Vasco en septiembre de 1979 también tuvieron su reflejo en el semanario. En el apartado relacionado con las esquelas, habría que destacar la aparición en el número de 24 de noviembre de 1973 de una esquela en memoria de Joaquín Maurín. Éste fue un destacado miembro del Partido Obrero de Unificación Marxista que sufrió cárcel en Jaca durante la guerra civil y murió en el exilio en Nueva York y al que unos amigos dedicaron un espacio en El Pirineo Aragonés.

La llegada de los años setenta supuso también el advenimiento de las libertades tras la muerte del dictador y el periódico fue testigo de ello. Dos titulares se hicieron eco simultáneamente de la nueva época que se aprestaba vivir el país: “Franco ha muerto” y “Juan Carlos I de España. Rey de la Esperanza” encabezan los textos destacados.
Durante estos años, hubo noticias que hablaban del desarrollo de la zona. La vocación de Jaca como “ciudad de congresos” se hizo realidad con la inauguración en junio de 1976 del Palacio de Congresos. El periódico informará puntualmente de los encuentros de todo tipo que se produzcan en este espacio, como lo hará también de las reuniones que se mantengan en la sede de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos, sita en la Torre del Reloj e inaugurada en 1987.

Las expectativas que a finales de los setenta creó la existencia de una bolsa de gas natural también hizo correr ríos de tinta en el periódico. En julio de 1977 se informará de que el sondeo petrolífero se había hecho a 5.500 metros, el más profundo de España y en enero de 1979 se creía posible extraer un millón de metros cúbicos de gas al día. Las expectativas no pasaron de eso y poco tiempo después las prospecciones fueron abandonadas.
Mientras tanto, la ofensiva olímpica de Jaca tomaba cuerpo definitivamente, y tras varios intentos, en febrero de 1990 se anunciaba la candidatura oficial de Jaca para organizar los Juegos Olímpicos de 1998. La elección en Birmimgham de la alternativa japonesa de Nagano también fue recogida después por el semanario, que ha apostado desde el primer momento por apoyar cualquier iniciativa que se tome en este sentido. Las aspiraciones jaquesas de organizar un gran evento deportivo se vieron parcialmente satisfechas con la puesta en marcha de las Universiadas de 1981 y 1995, el Festival Olímpico de la Juventud Europea (FOJE), ya en 2007 o las sucesivas candidaturas olímpicas de 2002, 2010 y 2014.
La actividad informativa del semanario continuó durante toda la década de los ochenta y los primeros años de los noventa centrada en el pequeño devenir cotidiano. Junto a empresas de más envergadura y referencias internacionales de la ciudad, El Pirineo Aragonés también reservó un hueco para las noticias con un componente más local. Ese fue el caso de los títulos obtenidos por el Club Hielo Jaca, las subidas y bajadas de categoría del Jacetano o la presentación de libros que iban descubriendo el pasado de la ciudad y sus dominios –ese sería el caso de “Jaca, dos mil años de historia” de Domingo Buesa Conde o de “El Viernes jubiloso” de Juan Lacasa, por poner sólo dos ejemplos”. Las sucesivas elecciones municipales, y con ellas las reelecciones hasta 1995 de Armando Abadía, alcalde durante 26 años, o los considerables aumentos del presupuesto municipal a medida que iban pasando los años han sido algunas de las noticias más destacadas en lo referido a la información municipal.

Por las páginas del semanario también han pasado otros aspectos con tintes menos oficialistas: la creación en 1985 de los doscientos cincuenta años de los Escolapios en Jaca, la recuperación en 1990 de la Banda de Música, la sucesiva aparición de las peñas Enta Debán, Charumba, Asociación Cultural Jacetana y Estrapalucio, la restauración de la iglesia parroquial de Abay a cargo de la Asociación “Sancho Ramírez” o las múltiples exposiciones de todo tipo que han acogido las diversas salas de la ciudad.

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Cuarta etapa: El gran cambio de 1991

El Pirineo Aragonés experimentó un gran salto cualitativo en octubre de 1991. Las necesidades que imponían los nuevos tiempos obligaron al viejo periódico a abandonar la casi artesanal impresión tipográfica y adoptar el offset. Paralelamente, se informatizó todo el proceso de realización del semanario y un nuevo equipo humano se hizo cargo de la empresa. José Manuel y Javier González Vidal, hijos del director, formaron una sociedad empresarial para asumir la propiedad del periódico (Ediciones y Publicaciones del Pirineo Aragonés, S.C.). A ella se sumó José Ventura Chavarría, que asumió la responsabilidad en la redacción, y posteriormente Francisco Armario, que se incorporó como socio a la imprenta y los talleres.
El renovado semanario que hizo su aparición el 27 de diciembre de 1991 partía con una importante batería de objetivos que cumplir: frenar la pérdida de suscriptores que estaba sufriendo desde hace unos años atrás, adatpar al contexto jacetano un nuevo estilo periodístico, llevar a cabo la transición que habían experiomentado los medios de comunicación españoles con la llegada de las libertades democráticas y, por último, crear un periódico plural y abierto, sacrificando el exceso de opinión de tiempos anteriores en aras de un tratamiento más informativo de los temas. En definitiva, se trataba de hacer un semanario intergenaracional, en el que todos se pudieran ver reflejados, y también se buscaba enterrar el estereotipo de “excesivamente oficialista” que se había ganado en los últiomos años de su larga singladura.

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Para hacer posible este viraje en la trayectoria de El Pirineo Aragonés, sus nuevos gestores comenzaron a cambiar su apariencia formal. Jesús Dumall Badía fue el encargado de diseñar una nueva cabecera (la sexta en su historia), en la que la palabra ‘Pirineo’ adquiría personalidad especial (no en vano, a nivel popular, todo el mundo habla a secas de “El Pirineo”). En este nuevo diseño aparecía, como ya hubiera ocurrido en épocas anteriores, el escudo de Jaca y se completaba con el lema “El periódico más antiguo de Aragón”.
Junto a esta nueva cabecera, el periódico adoptó una pauta de cinco columnas, otorgó una especial importancia al elemento fotográfico e hizo una ordenación clara de los contenidos por secciones. Cada semana, salvo en los números extraordinarios, el semanario presenta una estructura bien definida: la página tres se ocupa del tema que se considera más importante de la semana y le siguen las páginas dedicadas a las comarcas de Jacetania y Alto Gállego encuadradas en la sección “Pirineo Hoy”. Le siguen la potenciada sección de cultura, el espacio dedicado a los deportes y la menguada sección de sociedad. El periódico cuenta también con una página de noticias breves y a lo largo de estos casi veinte años ha ido incorporando diferentes secciones dedicadas a la opinión, el aragonés, la música y la cultura y entrevistas personales que han tenido o tienen diferente recorrido. A ello hay que añadir, la página de agenda, con la información del tiempo, el cine, el crucigrama y pasatiempo de Belmar, siempre presente desde 1991, al igual que los chistes de Kampo y el ajedrez de Alberto Betrán.

El esquema se completa con la presencia en la contraportada de un resumen de lo que publicó el semanario hace 125, 100, 75, 50 y 25 años, en primera instancia firmada por Conchita Vidal, esposa de Manuel González Chicot, y actualmente por su hija, Teresa González Vidal. Por último, la segunda página, en la que se inserta la tira de “Cipriano”, del dibujante Kampo, está dedicada a los artículos de opinión que envían semanalmente los lectores.
El equipo de redacción de El Pirineo Aragonés que hace posible cada semana la aparición de un nuevo número no se reduce únicamente a José Ventura Chavarría, director desde 2002, tras el fallecimiento de Manuel González Chicot. Como redactor figura Ricardo Grasa Alonso, que sustituyó a Soledad Campo tras más de una década ligada al periódico, y como colaboradores, con mayor o menor asiduidad, figuran Ricardo Mur (etnografía), José Luis Lardiés (fútbol), José Mª Campo, “Kampo”, (dibujante), Javier Belsué, “Belmar” (crucigrama y pasatiempos), Alberto Betrán (ajedrez), Ramón Campo (Falordietas) y Guillermo y Enrique Pérez (cine), que continúan la sección dedicada al Cine, inaugurada por Mateo Sancho Cardiel hace más de diez años. La periodista Coral Pastor es la responsable de la sección “Muy personal” y hasta mediados de este año David Vila Viñas se ocupaba del corte de opinión “Camisa de once varas”. La última incorporación es la de Israel David Martínez, que desde el verano firma “Desde mi palco”, sección miscelánea dedicada a la música y la cultura. En el apartado gráfico, participan Miguel Ángel Muñoz, Foto Barrio y Foto Peñarroya. De forma extraordinaria, el periódico fue contando con las colaboraciones periódicas de Juan Lacasa Lacasa y Tomás Buesa Oliver, hasta su fallecimiento, así como las de Domingo J. Buesa Conde y Enrique Vicién, autor de la mayor parte del texto que forma parte de esta historia sobre El Pirineo Aragonés.

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Durante estas dos décadas, por El Pirineo Aragonés han pasado también numerosos periodistas en prácticas que ahora desempeñan su labor en múltiples frentes informativos locales, regionales y nacionales. Son los casos de Enrique Vicién, Belén Campo, Belén Lucha, Ana Aínsa, Lourdes Sarsa, Ana Ipas, Ainhoa Camino, Liliana Puigdefábregas, Isabel Ara, Lucía Mesado, Ricardo Grasa, Laura Zamboraín o Marta Azanza.

Con la continuidad asegurada gracias al esfuerzo acometido en 1991 y con el cambio de sede de la calle San Nicolás a la calle Aragón, acaecido en 1999, el centenario periódico jaqués afronta el futuro con el deseo de no quedar marginado de las nuevas tecnologías. De momento, sigue contando con la materia prima, la labor periodística y la tradición editorial que han hecho posible este sueño semanal desde 1882.

(La mayor parte de este texto ha sido readaptado del que aparece en el libro “130 años de historia de la prensa en Jaca”, de Jesús Pedro Juanín, y que fue elaborado por el periodista Enrique Vicién. El resto es de la propia redacción del periódico).

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